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Sandra Meluk
Sandra Meluk.

Sandra Meluk, en la tras escena del Festival Internacional de Artes Vivas

Organizar un festival como el FIAV Bogotá 2026 no es tarea fácil. Son muchísimos los detalles que deben tenerse en cuenta y los frentes que deben atenderse al mismo tiempo. Sandra Meluk está al frente de esta tarea invisible para la gran mayoría del público.

Por: Eduardo Arias

Se habla mucho de los grupos que se presentan en el Festival Internacional de Artes Vivas de Bogotá. Sin embargo, lo que ocurre en los escenarios es el resultado de un arduo trabajo de un gran grupo de personas que dirige Sandra Meluk, la directora del festival. Ella es una gestora cultural y música colombiana, egresada de la Universidad de los Andes y realizó estudios de maestría en administración. En sus más de 20 años de experiencia en el sector cultural fue directora de programación del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, coordinadora musical de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, participó en la coordinación de las primeras ediciones del Cartagena Festival de Música y fue directora de la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Es la gerente fundadora de Meluk Kulturmanagement, una agencia dedicada a la consultoría y gestión de proyectos culturales. CAMBIO habló con ella acerca de su trabajo al frente del FIAV 2026.

CAMBIO: ¿Cómo llegó usted a la dirección de la FIAV?

Sandra Meluk: La historia es un poco divertida. Yo estoy viviendo la mitad del tiempo en este momento entre Berlín y Bogotá. Hago cosas allá y aquí también. Este año decidí pasar las vacaciones aquí y el 30 de diciembre me llamó Mayra Salamanca, la directora de Artes del Ministerio de las Culturas, diciéndome que si me interesaría estar al frente del FIAV. Yo sabía que la anterior directora y es un evento de país tan importante, cómo no iba a estar interesada. Nos reunimos y con el comité técnico se puso mi nombre frente a otros candidatos y aquí estoy. Estamos construyendo sobre una historia de un festival reconocido en un país de festivales y fiestas, con el interés que en esta segunda edición sea tan exitosa, sobre todo no solamente en la calidad de la programación en el aporte de nuestros organizadores, sino que el público siga queriendo el festival y que cada dos años el Festival Internacional de las Artes Vivas sea un eje fundamental de la programación cultural.

CAMBIO: ¿Cómo organizar un evento de esta naturaleza?

S.M.: Organizar un evento de esta naturaleza tiene muchas aristas. Está la voluntad de trabajar conjuntamente por un proyecto cultural. El Ministerio de las Culturas y la Secretaría de Cultura de Bogotá, un interés de país y de ciudad por crear un eje cultural, una propuesta artística que siga poniendo a Bogotá con y a Colombia como un epicentro de todas las manifestaciones culturales. Ciudad y país están trabajando juntos por un proyecto cultural, lo que es un ejemplo para otros proyectos culturales del país, al que se sumó luego la Cámara de Comercio y el aliado estratégico CoCcrea. Claro, esto tiene muchos frentes, la gente ni se imagina lo que vamos de un lado a otro porque está la organización financiera, la administración, los contratos… Estábamos en Ley de Garantías, entonces había que firmar todos los contratos en tiempo récord. Aunque ya estaba diseñada la programación por el comité curatorial, estábamos un poco colgados en contratos, entonces tocó correr en enero. Luego está la producción. Una vez que se escogen los grupos, se empiezan a revisar con cada una de las obras cuáles son sus requerimientos técnicos. Se empieza a negociar sobre las posibilidades que tienen los teatros y los grupos de acomodarse. Que las necesidades artísticas de la obra se sintonicen con nuestras realidades.

CAMBIO: Además de lo anterior, ¿qué más debe tenerse en cuenta?

S.M.: Hay que solicitar permisos para todos los eventos, poner las vallas, hablar con la Policía, con los bomberos, hay que sacar los permisos, está la logística de los acomodadores, anfitriones para que nuestros artistas nunca se muevan solos. Los casi 800 artistas están alojados en cinco hoteles distintos de la ciudad… y ni hablar de un área fundamental que son las comunicaciones. ¿Cómo contar que eso está pasando en Bogotá? ¿Cómo crear una imagen que identifique al festival? ¿Cómo llegarles a todos, al conocedor, que sabemos que quiere ir al teatro, y al público nuevo y fresco que ante la palabra festival también está más abierto a ver cosas nuevas? Así que cada día son un sinfín de actividades. Traemos 22 programadores internacionales, 10 nacionales y 10 distritales con los que nuestras compañías nacionales van a hacer citas para mostrar sus obras y esperamos que puedan circular. Con la Escuela del festival los artistas invitados van a realizar clases magistrales, talleres, encuentros. Así que son 200 frentes abiertos al mismo tiempo, todos igual de importantes. Todos requieren atención y con todos debemos tener el mayor cuidado para que todo el que asista al festival, ya sea a un evento gratuito, un evento con boletería, una clase. un taller o al mercado se sienta muy bien recibido y quiera regresar.

CAMBIO: ¿Qué ocurre en la trasescena del festival?

S.M.: La trasescena del festival es una gran movida. Tenemos 27 compañías internacionales de 17 países que hablan en distintos idiomas. Hay que conseguir anfitriones que hablen esos idiomas. Toca entonces sacar el concurso para ver quién va a proveer la técnica del festival, quién va a quedarse con la logística del festival. Además de tramitar permisos y negociar mucho las compañías, toca ponerse de acuerdo en qué escenarios van a estar, cómo es mejor, cuál fecha es mejor para ellos, en qué fecha es mejor para nosotros, la boletería cómo se vende, hablar con cada una de las 24 salas que reciben la programación del festival. Con un grupo dedicado y totalmente comprometido tratamos de estar en cada uno de los frentes del festival.

CAMBIO: ¿Cuántas personas trabajan en lo que no se ve en los escenarios?

S.M.: Es un número grande. Hay 32 anfitriones, 37 técnicos, 24 coordinadores de sala, logística… yo creo que alrededor de unas 250 personas, 300. Yo creo que todavía ni nos conocemos todos porque trabajamos en áreas separadas.

CAMBIO: ¿Cómo es su trabajo como directora con los curadores?

S.M.: En esta edición además de los curadores de Octavio Arbeláez y Fabio Rubiano, que estuvieron al frente del primer festival en toda la curaduría, se creó un comité curatorial del que hacemos parte también Maritza Suescun, directora del Centro Nacional de las Artes, María Claudia Parías, directora de Idartes y yo como directora general. Octavio Arbeláez hizo la relación con las compañías internacionales, miró las obras. Él es un gran conocedor del escenario mundial y lo presenta al comité curatorial donde se evalúan cada una de las obras por el perfil, por el interés que tenemos en la programación cada año, cuál es la línea que queremos dar y también vemos las cifras: los honorarios, los requerimientos técnicos y se va cerrando la programación internacional. Este año, se hizo una convocatoria distrital liderada por la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte para las compañías distritales y otra nacional por parte del Ministerio de la Cultura. Todos se sintieron bien evaluados, se sintieron cuidados en el proceso. Primero unos jurados externos vieron las obras, hicieron una preselección y luego todo pasó al comité curatorial donde juiciosamente vimos los videos, revisamos las obras y tomamos las decisiones finales.

CAMBIO: ¿Cuáles son los principales retos que deben afrontarse para organizar un festival de esta naturaleza?

S.M.: Uno de los retos más importantes es que los organizadores estén contentos y nosotros, como festival, estemos apoyando los objetivos nacionales y distritales, el desarrollo de las artes vivas para ayudarles a cumplir sus objetivos y el festival sea parte de eso. Eso tiene sus más y sus menos, pero al final lo más importante es que todos estamos trabajando comprometidos con el festival. La organización y la logística son muy importantes. Hay que tener mucho cuidado con la llegada de los artistas, la recibida en el aeropuerto, que los transportes lleguen a tiempo a los ensayos, a las clases, a las conferencias. El reto para comunicaciones es contar que tenemos 200 funciones en sala y 42 funciones en calle y todas son importantes, todos queremos que llegue público.
No es tan fácil de contar, pero hemos encontrado que la gente nos reconoce, los aliados mediáticos nos ayudan muchísimo a acabar de posicionar el festival para que el país esté enterado de lo que está sucediendo. Parte del reto de la organización es que el Ministerio de las Culturas está llevando algunas de las compañías internacionales, nacionales y distritales a girar por el país. Así que en el mismo momento en que estamos aquí en Bogotá con 250 funciones, también estamos en funciones en San Andrés, Santa Marta, Fusagasugá, Cajicá, Villavicencio…

CAMBIO: ¿Cómo se financia el festival?

S.M.: Este festival se financia con el apoyo del Ministerio de Cultura y Secretaría de Cultura de Bogotá y de la Cámara de Comercio. En esta parte final hemos encontrado muchos aliados grandes, medianos y chiquitos que nos han ayudado a cubrir otras necesidades, a fortalecer muchas de las áreas del festival. Para todos es una tranquilidad que los dineros se administran a través de CooCrea. Uno de los más mayores retos a futuro es que la empresa privada se vincule más al festival de manera conjunta para darle una larga vida a un proyecto de esta naturaleza.

CAMBIO: ¿Qué tiene de bueno y de malo dirigir un evento de esta naturaleza?

S.M.: Cada vez desarrolla uno más paciencia, más control para no perder la cabeza con las miles de situaciones que se presentan cada día, que son normales de un festival donde toca organizar y planear todo al detalle. Si uno no tiene el control se puede salir de curso fácilmente, así que cada uno de los miembros del equipo está cuidando y controlando al máximo todo lo que realiza. Sobre todo, en esta recta final es una dedicación 24/7. Todos en el equipo estamos muy motivados para hacerlo, pero hay días que uno dice: “Uf, eh, hoy no más, hoy no quiero más. Hoy me salieron 20 cosas nuevas que no había mirado o me saltaron cosas que creía que tenía coordinadas”. Es el precio de estar al frente de un evento tan grande y coordinar a toda la gente, mantenerla motivada. Pero no solo a nosotros, el equipo del festival. A cada una de las salas, a la Secretaría de Gobierno que nos da los permisos, a las alcaldías locales donde sucederán todos los eventos que vamos a tener en calle. Son muchos frentes y yo creo que eso es uno de los retos más grandes.

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