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Pelea entre barras de Santa Fe y América de Cali
Pelea entre barras de Santa Fe y América de Cali: COLPRENSA
Deportes

¿La vida por los trapos? Por qué las banderas son fundamentales para las hinchadas del fútbol

Tras los violentos altercados en El Campín, desatados por el intento de robo de una bandera, la propuesta del presidente de Dimayor de vetar los popularmente llamados trapos reabre el debate sobre la seguridad en los estadios. Más allá del conflicto, estas piezas, sin las que no es posible pensar a las hinchadas populares, son expresiones de identidad, arte y canales de diálogo entre las barras y las autoridades.

Por: David Alejandro Roncancio Soche

El pasado sábado 22 de agosto, el Estadio Nemesio Camacho El Campín fue escenario de una noche en la que la pelota estuvo lejos de ser la protagonista. Mientras en la cancha Santa Fe y América intentaban quedarse con los tres puntos de uno de los clásicos del fútbol colombiano, en las tribunas se libró otra batalla más que engrosa el triste historial de violencia entre barras en el país. 

Todo por un trapo

El disparador del enfrentamiento vino desde un grupo de hinchas de Santa Fe, ubicado en la tribuna Oriental Norte, que provocó a la hinchada visitante con burlas relacionadas con los cinco años que el América estuvo en la segunda división. A pesar de que esta burla es moneda corriente en el contexto futbolístico, los aficionados americanos rebasaron el cordón de seguridad del personal de logística. En medio del tumulto, jalaron una bandera del grupo Comunidad Santafereña, lo que provocó que la barra popular del equipo local, situada al otro extremo, en la tribuna Sur, invadiera la cancha con el balón todavía en juego. 

La escena dio la vuelta al mundo: cientos de hinchas santafereños atravesando el césped de sur a norte para pelear por el trapo que intentaba ser robado. El caos derivó en una batalla campal en la que, incluso, se ve a un aficionado golpear con un balonazo al arquero del América, Jean Fernandes.  

Tarde, la Policía intervino con bombas de estruendo y logró controlar los desórdenes. Al final, como ocurre cada vez que los hinchas violentos se toman los estadios, el cero a cero del partido fue lo de menos. En tiempo real se hicieron virales las imágenes de hinchas enfrentados empuñando cuchillos. La locura. 

Las reacciones posteriores, como es lo normal, condenaron enérgicamente los actos de violencia. El club América de Cali emitió un comunicado expresando: “La institución rechaza estos actos que nada tienen que ver con los valores de pasión, respeto y representación de nuestra hinchada”. Por su parte, el secretario de Gobierno de Bogotá afirmó que la violencia no será tolerada en los estadios e informó que el saldo final fue de 17 personas lesionadas.

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Batalla campal en el partido Santa Fe contra América en El Campín. Créditos: Colprensa

El avispero terminó de alborotarse cuando el presidente de la Dimayor, Carlos Mario Zuluaga, dijo ante los micrófonos que “hay que atacar las causas de fondo: no queremos más trapos en los estadios, pues además de afear el espectáculo, son el vehículo para ingresar elementos prohibidos”.

¿Qué son los trapos y por qué importan en la cultura futbolera?

En la final del Mundial de Catar 2022, mientras Lionel Messi levantaba la Copa del Mundo en el Estadio Lusail, retumbó La cumbia de los trapos, del grupo argentino Yerba Brava. Al unísono, miles de aficionados cantaron: “Saltando, cantando, prendidos a los trapos, dejamos el alma en el tablón”. Y es que, precisamente, los trapos o banderas tienen un significado que trasciende la tela.

“Haga de cuenta que un trapo es como nuestro apellido”, le explicó a CAMBIO Luis Eduardo Martínez, integrante del colectivo de barras de la tribuna Occidental. El significado detrás de una bandera funciona como símbolo de identidad de una comunidad unida por el fútbol. Tras cada trapo está la historia de un grupo, de un barrio o el homenaje a algún integrante fallecido. Con el tiempo, este objeto adquiere un valor representativo para toda la comunidad que acude al estadio.

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Bandera en homenaje a una madre: Cortesia

“El trapo es la forma de representar no solo los colores, sino también nuestra identidad, nuestro colectivo y nuestra dignidad”, afirma Alejandra Rubio, barrista e integrante de una hinchada local. La bandera rinde homenaje al tejido social construido alrededor del fútbol y es la manera en que el grupo marca presencia en el espacio que habita y al que le entrega mucho de su tiempo.

Este simbolismo responde a una necesidad inherente al ser humano. Para Diana Martínez, antropóloga social, gestora cultural y magíster en Estudios Culturales Latinoamericanos, las banderas en los estadios satisfacen un deseo humano: “La necesidad de reconocimiento es humana y viene desde las pinturas rupestres. La bandera es una forma de decir 'yo estuve aquí' mediante un código visual”.

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Bandera de  la barra popular de Santa Fe. Tomado de: @@lgars_Oficial

El arte y la elaboración detrás de la tela

Álex Orjuela, conocido en la tribuna como Manchazul, es un artista bogotano reconocido por su trabajo en aerografía. Él ha confeccionado gran parte de las banderas de la hinchada de Millonarios y su labor ha sido respaldada por el Distrito: fue el primer artista autorizado para intervenir las instalaciones del Estadio El Campín al pintar los rostros de los jugadores de la Selección Colombia en el túnel de acceso para el Mundial de 2014.

“Me formé como artista al mismo tiempo que me formé como barrista”: Álex Orjuela.

Orjuela, cuyo lema es Pintando por la vida, inició su labor hacia el año 2000 con pinceles y herramientas básicas, hasta dominar el aerógrafo. Gracias al oficio aprendido en la tribuna, hoy vive del arte. “Quiero que mi hijo pinte una bandera y no caiga en las calles; que sea un futbolero de verdad”, declaró a Cambio.

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"Manchazul" pintando una bandera en homenaje a John Mario Ramírez. Foto: cortesia

La logística detrás de una bandera supera por mucho la compra del textil. Según Orjuela, lo primero que hacen los colectivos es definir el tamaño y el concepto gráfico, tareas que en ocasiones deben ejecutarse en tiempo récord para conmemorar una coyuntura específica.

Posteriormente, se concreta el diseño. La tipografía, las frases y la paleta de colores cargan un profundo valor simbólico: el color identifica al equipo, la gráfica honra a sus ídolos o barrios, y la pancarta principal —conocida en el argot barrista como el “frente”— representa a la agrupación o combo.

Aunque los artistas suelen ajustar sus honorarios por el arraigo hacia la barra, una bandera de 20 por 30 metros puede costar cerca de 20 millones de pesos colombianos. De igual forma, un “telón” diseñado para cubrir una tribuna popular completa puede alcanzar los 80 millones de pesos y requerir entre dos semanas y dos meses de trabajo continuo.

¿Por qué robar un trapo?

Para la antropóloga Diana Martínez, el hurto de trapos en el ámbito futbolístico bogotano ha sido poco frecuente en los últimos años. Sin embargo, señala que el valor simbólico de estas piezas genera una enorme fascinación y que la amplificación en redes sociales ha incrementado el afán de exhibirlas como trofeos de guerra.

La práctica de arrebatar la bandera del rival como trofeo precede al surgimiento del barrismo en Colombia. Un ejemplo internacional se vio el 2 de agosto de 2026, cuando fanáticos del club argentino Chacarita Juniors exhibieron banderas británicas arrebatadas a los hooligans durante el Mundial de 1986. De forma similar, grupos ultras en Europa suelen publicar fotografías exhibiendo los trapos arrebatados a sus contendientes.

Sin embargo, estos despojos desencadenan espirales de violencia. Martínez explica que los espectáculos futbolísticos requieren un equilibrio armonioso entre sus actores: autoridades, clubes y barras. Si alguno de estos engranajes entra en descalce, el ecosistema se desestabiliza y sobrevienen los choques violentos.

Tanto las rencillas internas como los intentos de despojo de lienzos son situaciones prevenibles si se comprende el contexto de vulnerabilidad que atraviesan muchos jóvenes de las barras populares. “El hincha es el eslabón más débil de la cadena, pero, paradójicamente, resulta ser el más estigmatizado”, enfatiza Martínez.

Respecto a la propuesta de la Dimayor de vetar las banderas en las canchas, la antropóloga concluye: “Estamos castigando el síntoma —lo violento que se vio en el estadio—, pero no la causa de la enfermedad, que es una falla de articulación entre los actores del espectáculo. Ante esa falla, la solución pretendida es la amputación”.

Sin embargo, más allá del profundo valor simbólico e institucional de las banderas, episodios como el enfrentamiento entre Santa Fe y América de Cali demuestran que estos elementos aún son instrumentalizados para desatar la violencia. Aunque se trata de hechos excepcionales —de los 215 partidos disputados el año pasado, ninguno registró incidentes de este tipo—, las fuentes consultadas por CAMBIO coinciden en un rechazo tajante a estos desórdenes.

Si bien instan a las instituciones a reconocer y respetar el significado cultural del trapo, también hacen un llamado contundente a las barras organizadas: asumir que ningún símbolo justifica la agresión y que la violencia alrededor del fútbol debe ser condenada sin matices.

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