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Deportes

Jhon Jader Durán, ¿un rebelde sin causa?

Nuestro periodista Juan Francisco García reflexiona sobre el temperamento de John Jader Durán, un 'crack' que, aunque no deja de anotar goles, ya hizo su primera pataleta en Champions League.

Por: Juan Francisco García

Es un axioma futbolístico que los delanteros de área, si quieren hacerse un nombre, han de ser rebeldes. Los ejemplos abundan. El primero en venirse a la cabeza es Faustino Asprilla, ese pirómano del último cuarto que le dio (le da) de comer, por muchos años, a los tabloides amarillistas que viven de los titulares. Si seguimos en el ámbito local, el segundo rebelde que se viene a la mente no puede ser sino Dayro Moreno, el goleador insomne, el gran patriarca de Manizales y de Chicoral. ¿Seguimos? Teófilo Gutiérrez, ese que incumplió un contrato con un club europeo y escapó sin decirle a nadie para regresar a Barranquilla a comer las empanadas de su abuela. Leider Preciado, goleador y bailador voraz. Y ahí están, en el salón de la fama, el Palomo Usuriaga, Freddy Rincón, el Pitufo De Ávila. La lista de rebeldes es de todos los colores. Tan larga como ecléctica.

Narrativamente, su fenómeno es apasionante: jugadores que derrochan talento a los que se les perdona lo díscolo y lo irreverentes, las malas compañías y los escándalos por el simple hecho de que hacen goles. Más goles, muchos más goles, que todos los demás. Goles que son dinero, campeonatos, boletas vendidas, patrocinios, seguidores, euforia. Sociológicamente, su figura es también muy rica: matones sin pistola; hombres heridos, maltratados, que se vengan de lo duro de la vida en el área y en las discotecas; analfabetas que ponen a sus pies estadios, mujeres y clubes. Dioses con pies de barro y brazaletes de oro.

Este año, emergió con mucha pólvora y con mucho ruido Jhon Jader Durán, rebelde pura cepa, goleador por instinto, talento desbordado encerrado en un cuerpo con biotipo inmejorable, de esos que hoy se pagan con millones de millones: potencia y gambeta, olfato, pegada, velocidad, juego aéreo, estamina. En él se funden el Tino con Freddy Rincón, Juan Pablo Ángel y el Tren Valencia, sumados al oportunismo de Falcao. A estas alturas, ya no hay duda: es el gran diamante joven del fútbol colombiano.

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