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Gianni Infantino, el presidente que más ha enriquecido a la FIFA en su historia, y que hoy está en jaque. Créditos: Reuters
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Lo que el dinero no pudo comprar: Infantino en jaque a pesar de retirar su propuesta de privatizar la FIFA

Gianni Infantino, el presidente que más ha enriquecido a la FIFA en su historia, y que hoy está en jaque. Créditos: Reuters

El 1 de agosto, Gianni Infantino retiró la propuesta de privatizar la FIFA y sus competencias más importantes. A pesar de prometer ingresos de hasta 10 mil millones de dólares, que se repartirían entre las federaciones adscritas a la FIFA, la indignación de la UEFA y de los países asiáticos lo llevó a echar para atrás su propuesta bautizada como FIFA Forward Enterprise (FFE). Pero el daño ya está hecho y este autogol de Infantino podría traducirse en su debacle.

Por: Juan Francisco García

Para los adeptos de los números y las cifras con ceros incontables, los diez años que lleva Gianni Infantino al mando de la FIFA deben ser juzgados como una orgía de resultados financieros, crecimiento comercial y globalización del fútbol hasta niveles siderales. En la lista de hitos de su gestión se destacan cambiar el número de selecciones mundialistas de 32 a 48 (medida que también entrará en vigencia para el fútbol femenino desde el 2031); la creación del nuevo Mundial de Clubes con 32 equipos; el incremento inédito de los ingresos de la FIFA, que de recaudar 7,500 millones de dólares en el ciclo mundialista de Catar 2022 pasó a recaudar cerca de 15 mil millones de dólares en los últimos cuatro años, y el incremento de las reservas de la organización, que bajo su gestión crecieron de mil a cuatro mil millones de dólares.

Su innegable capacidad para empañetar el negocio del fútbol en oro se ha traducido en enriquecer a las 211 federaciones asociadas a la FIFA. Mientras que, con Joseph Blatter, su antecesor en la presidencia, las federaciones recibían dos millones de dólares cada cuatro años en razón del desarrollo del fútbol en cada país, con Infantino la cifra se ha multiplicado por 10: entre el 2027 y el 2030, la FIFA aprobó un presupuesto de 20 millones de dólares para cada una.

Como en el negocio del fútbol el fin justifica los medios, Infantino ha sido reelegido como el papa del fútbol en dos ocasiones a pesar de haber sido investigado por una reunión no declarada con el exfiscal general suizo, Michael Lauber, cuando este investigaba a la FIFA; de aparecer en los Panama Papers junto a empresarios investigados e implicados por corrupción; de su probado vínculo con los hermanos argentinos Hugo y Mariano Jinkis, investigados por sobornos para adquirir los derechos de televisión de la Champions League y la Europa League para Ecuador, y de su papel como presidente durante la realización de los Mundiales de Rusia, bajo el dictatorial mando de Vladimir Putin, y de Catar, marcado por serios escándalos por la violación de los Derechos Humanos en la construcción de los estadios e infraestructura mundialista —ambas sedes elegidas en 2010, bajo la presidencia de Joseph Blatter, pero defendidas por Infantino una vez en el cargo— y, por último, del Mundial de México, Canadá y Estados Unidos, con Donald Trump como aliado preferencial a pesar de la inhumana persecución de su administración contra los millones de inmigrantes que viven y sostienen su país.

Así las cosas, a pesar del rechazo visceral que la figura de Infantino suscita en gran parte de la opinión pública, protagonistas del fútbol y espectadores, su disfraz de rey Midas parecía encaminarlo, de nuevo, a otra reelección segura como mandamás de la FIFA. Pero su gusto desaforado por el dinero, ese que lo llevó a declarar en una ocasión que los dos millones de dólares que ganaba como presidente de la FIFA (ahora son cerca de 4,8) son una vergüenza, así como su inclinación (y sumisión) hacia los más ricos y poderosos, como lo describió su antiguo jefe en la UEFA, Michael Platini, lo llevaron a cometer el peor autogol de su carrera.

Su propuesta de privatizar un porcentaje de la FIFA y sus principales competencias, con el cuñado de una de las hijas de Donald Trump como uno de los inversionistas clave del negocio, terminó de desnudar su talante de mercader insaciable y vulgar. Esta vez, ni los 10.000 millones de dólares que le puso sobre la mesa a las federaciones, de aceptar estas el involucramiento del capital privado en el deporte "que une al mundo" antes del 19 de septiembre, le valió para ponerlas de su lado.

Infantino y Trump, un binomio inseparable. Créditos: Reuters

Y en cambio desató la mayor oleada de indignación administrativa desde que asumió la presidencia. Carlos Cordeiro, uno de los principales asesores de Infantino, dimitió tras declarar que la organización logró ingresos de hasta 15 mil millones de dólares en los últimos cuatro años sin entregar el control del Mundial a manos privadas. Kevin Lamour, director de operaciones y uno de los altos directivos de Infantino, señaló a su jefe de engaño, falta de transparencia, respeto y buen gobierno en aras del fondo y la forma de su indecente propuesta. En un comunicado, la Concacaf dejó en claro que la FIFA no es una empresa privada.

Todo esto sumado al incisivo boicot de la UEFA, en representación de sus 55 federaciones, que amenazó con no participar en ninguna competencia de la FIFA si la propuesta privatizadora seguía en marcha y, además, pidió la dimisión de Infantino. El rechazo fue adherido por los países asiáticos, mientras que, en la Conmebol, como suele pasar, no hubo ninguna reacción centralizada.

A estas alturas, las cuentas de Infantino, que según The Times soñaba con un incremento en su salario de 4,8 millones de dólares actuales a 64 si la privatización se consumaba, pasaron a sumar y restar las federaciones que le dieron la espalda y que, bajo los estatutos de la FIFA, podrían citar un consejo extraordinario para exigir su renuncia. Las normas internas de la organización exigen que al menos 43 federaciones se pongan de acuerdo para citar el consejo; y luego exigen que una mayoría simple (de 111 federaciones) vote a favor de la destitución del presidente para que esta se concrete. 

Y sí: a menos de un mes de terminado el que para muchos fue el Mundial más exitoso de la historia, el presidente que más ha enriquecido a la FIFA podría salir de forma apresurada y por la puerta de atrás. Un auténtico autogol signado por la codicia y un ansia de poder sin parangones. El tan famoso sin el pan y sin el queso. Ojalá: por el fútbol. 

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