
La guerra que nadie pidió
El ataque contra Irán, que según una encuesta de Ipsos/Reuters apenas aprueba al 27 por ciento de la población, puso en evidencia que la opinión pública estadounidense ya ni responde al reflejo automático de unidad que siempre ha estado presente en sus conflictos.
Por: Redacción Cambio
WASHINGTON, 5 de marzo. En la política estadounidense suele ocurrir algo predecible cuando el país entra en una confrontación internacional y es que el establecimiento y el ciudadano de a pie cierran filas alrededor de su presidente, incluso cuando no comparten sus decisiones. Ese reflejo, que en ciencia política se conoce como rally around the flag, ha acompañado casi siempre, y de manera automática, las acciones militares de la Casa Blanca, pero lo llamativo es que ahora, con la guerra en Irán, esa reacción no se ha producido.
Lo que sí ha provocado este conflicto, en cambio, es un debate de alta tensión dentro del propio sistema político estadounidense, en el que se mezclan cálculo electoral, estrategia militar, historia y hasta un cansancio social.
El ataque ordenado por el presidente Trump contra objetivos iraníes fue presentado por la Casa Blanca como una “decisión necesaria” para impedir que Teherán avance en su programa nuclear y para restablecer la disuasión en Medio Oriente. Desde la mirada de este gobierno, permitir que Irán ampliara su margen estratégico sin una respuesta contundente de Estados Unidos debilitaría su credibilidad frente a sus adversarios globales y por eso había que enviar un mensaje inequívoco y contundente. Y es el de que Washington sigue dispuesto a usar la fuerza para defender las líneas rojas que considere esenciales para su seguridad y la de sus aliados.
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