
Petro vs. Noboa y guerra comercial: así se gestó la crisis diplomática, política y económica entre Ecuador y Colombia
Los problemas de seguridad en la frontera y el choque entre los presidentes han llevado a las relaciones binacionales a su peor momento desde hace casi 20 años. ¿Cómo llegamos hasta aquí?
Por: Paula Bravo Medina
Una bomba de 225 kilos y unos dos metros de largo cayó entre cultivos de plátano y coca en una zona rural en el departamento del Putumayo, Colombia, cerca del río que marca la frontera entre territorio colombiano y ecuatoriano.
El explosivo en forma de cilindro, cubierto de óxido, quedó al centro de un cráter de tierra: una cicatriz en medio de la espesa vegetación. Le faltaban varios pedazos. Los campesinos que lo encontraron le dieron aviso a un equipo del diario The New York Times que estaba en la zona y ellos, a su vez, informaron del hecho a las autoridades colombianas.
La bomba no estalló ese día. Pero poco después la noticia causaría una explosión diplomática entre Ecuador y Colombia y un enfrentamiento entre los presidentes Gustavo Petro y Daniel Noboa, quienes tienen una relación tensa marcada por sus diferencias ideológicas.

Entre disparos en redes sociales y la detonación de aranceles sin precedentes, la crisis diplomática entre los dos gobiernos comenzó por problemas de seguridad y señalamientos de falta de cooperación en la lucha contra los grupos ilegales que plagan la frontera y llegó al comercio.
Así se desencadenó la guerra comercial entre Ecuador y Colombia, la peor crisis binacional desde 2008, cuando un bombardeo terminó con la vida de alias Raúl Reyes, miembro del secretariado de las Farc, en un campamento en territorio ecuatoriano.
“Están bombardeándonos desde Ecuador”
Hacia las 7 de la noche del 16 de marzo el presidente Petro tomó asiento en la mesa de 20 metros del Salón del Consejo de Ministros en la Casa de Nariño. Los miembros de su gabinete se ubicaron a su alrededor. En el consejo, transmitido en vivo, y como bien saben los colombianos, cualquier cosa puede pasar. Este no fue la excepción.
Tras una hora de debate sobre la reforma agraria y la crisis de la salud, Petro hizo una pausa larga y miró al ministro de Defensa, Pedro Sánchez: “Una bomba, tirada desde avión, se va a investigar bien los modos, muy en la frontera con Ecuador, ratificando un poco mi sospecha (...) Están bombardeándonos desde Ecuador y no son los grupos armados”. Sánchez le devolvió la mirada y apenas asintió.
Al día siguiente, el presidente Noboa le respondió a Petro en su cuenta de X: “Estamos bombardeando los lugares que servían de escondite para estos grupos, en gran parte colombianos que su mismo gobierno permitió infiltrarse en nuestro país […] Presidente Petro, sus declaraciones son falsas; estamos actuando en nuestro territorio, no en el suyo”.
Petro redobló: “Hay 27 cuerpos calcinados y la explicación no es creíble”, dijo en X.
Los bombardeos en la frontera de Colombia y Ecuador no parecen ser ni de los grupos armados, no tiene aviones, ni del la fuerza pública de Colombia. Yo no he dado esa orden.
— Gustavo Petro (@petrogustavo) March 17, 2026
Hay 27 cuerpos calcinados y la explicación no es creíble. Las bombas están en el piso cerca a familias,… pic.twitter.com/XStGFXhI2t
La frontera de Colombia y Ecuador se extiende por unos 586 kilómetros. Es el lugar donde chocan los Andes y la Amazonía, una zona de densa selva tropical, ampliamente biodiversa y fértil para los cultivos. Fértil también para el crimen: narcotráfico, minería ilegal y contrabando. En la región de la frontera, según Insight Crime, hace presencia una red transnacional que incluye a los Comandos de Frontera y el Frente Carolina Ramírez, de las disidencias de las Farc, pero también a bandas narcoterroristas como Los Lobos, Los Choneros, entre otros.
Meses antes del episodio del explosivo, el 21 de enero de este año, Ecuador había anunciado aranceles del 30 por ciento a productos colombianos. Lo llamó una “tasa de seguridad” por los problemas en la frontera. Colombia respondió suspendiendo la venta de energía a Ecuador, que llegaba a cubrir hasta el 10 por ciento de la demanda de electricidad ecuatoriana.
A inicios de febrero, las cancilleres Rosa Villavicencio (Colombia) y Gabriela Sommerfeld (Ecuador) se reunieron en Quito y acordaron tener conversaciones sobre los puntos álgidos. No obstante, el 24 de febrero, Colombia contraatacó con aranceles del 30 por ciento y demandó a Ecuador ante la Comunidad Andina (CAN) por violar normas comerciales. Dos días después, el gobierno de Noboa incrementó los impuestos a productos colombianos al 50 por ciento.
Entonces cayó la bomba.
El efecto rebote
El 3 de marzo de 2026, a baja altura y velocidad, un avión del Ejército Nacional de Ecuador lanzó dos bombas que cayeron sobre un deposito de armas en territorio ecuatoriano. Como el ángulo de caída era reducido, una de ellas rebotó, sin explotar, y continuó su trayectoria entre los cultivos hacia el lado colombiano. Fue accidental que llegara a Colombia.
Esa fue la conclusión que presentó el 23 de marzo de la Fuerza Aeroespacial Colombiana sobre el incidente en Putumayo. El ministro Sánchez agregó una explicación escueta sobre los supuestos cadáveres calcinados que había mencionado el presidente colombiano, diciendo que se refería a otra acción militar.
Muchos respiraron aliviados, pero aunque esto puso fin a un episodio difícil -aún quedaban por resolver los asuntos de seguridad y aranceles- el presidente Petro oprimiría el botón rojo desde su plataforma favorita.
Glas: “Preso político”
Daniel Noboa llegó a la presidencia tras unas elecciones extraordinarias en 2023, después de que el gobierno de Guillermo Lasso decretara la “muerte cruzada”. En 2025, Noboa fue reelecto en segunda vuelta con el 55 por ciento de los votos luego de una campaña polémica.
En mayo de 2025 tomó posesión para su segundo mandato y entre los asistentes estuvo Petro. Mientras estaba sentado junto a otros mandatarios, desde su cuenta de X -en un mensaje extenso, aparentemente previamente redactado- Petro dijo que había denuncias de fraudes electorales en Ecuador y que asistía a la posesión de su homólogo para pedir la liberación de los presos políticos. Al salir de la investidura fue más directo: “Creo que Glas es un preso político”, dijo a la prensa.
Jorge Glas, vicepresidente en los gobiernos de Rafael Correa y Lenín Moreno, cumple varias condenas por corrupción, entre ellas por el caso Odebrecht. En 2023, tras más de cuatro años en la cárcel, obtuvo la libertad provisional y buscó refugio en la embajada de México en Quito pidiendo asilo político.
De ahí lo sacó el Gobierno Noboa en 2024 en una operación digna del cine: tanques, hombres armados trepando la valla y sometiendo al personal diplomático. Glas quedó tras las rejas de nuevo.
En abril de 2026, mientras todavía estaban en pie las conversaciones entre Ecuador y Colombia para zanjar el tema de los aranceles y la seguridad, a Glas le negaron un habeas corpus por supuesta vulneración de derechos en la cárcel.
Petro empuñó de nuevo la espada en X y el 7 de abril dijo: “Jorge Glas es un preso político… dejar morir a una persona de hambre, estando bajo el cuidado de un gobierno es un delito de lesa humanidad”.
Noboa le respondió: “Ahora que intentan reinventar al “preso político”, quiero ser enfático: esto constituye un atentado contra nuestra soberanía y una violación al principio de no intervención”.
Quiebre total y “suicidio”
En los cuatro días posteriores a ese intercambio, todo se desmoronó. Ecuador llamó a consultas a su embajador en Colombia, se suspendieron las mesas de diálogo y elevó al 100 por ciento los aranceles.
“Esto es simplemente una monstruosidad pero significa el fin del Pacto Andino (sic) para Colombia”, dijo Petro en X cuestionando los aranceles y la permanencia de Colombia en la Comunidad Andina (CAN). Entonces Colombia igualó los aranceles a Ecuador y llamó a casa a su embajadora en Quito.
Así, el comercio entre Colombia y Ecuador, estimado en unos 250 millones de dólares mensuales, ha quedado paralizado. Miles de empresas, empleos y consumidores están en riesgo. “La economía va a pagar las consecuencias de las peleas políticas. Es un suicidio”, le dijo a El País Bruce Mac Master, presidente de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia.
Mientras tanto, los grupos criminales podrían beneficiarse de la ruptura y se vería un aumento del contrabando y los problemas de seguridad por el control de las rutas del narcotráfico y la minería ilegal, señala Insight Crime.
Tras la explosión, ahora queda recoger los pedazos, pues, hasta el momento, no hay voluntad de diálogo y ahora la crisis se traslada a la CAN. ¿Cumplirá Petro la amenaza de retirar a Colombia de la comunidad?
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