Enrique Santos Calderón
12 Febrero 2023 03:02 am

Enrique Santos Calderón

A MEDIRSE EN EL ASFALTO

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Pasado mañana tendrá lugar la movilización de respaldo a sus reformas que ha convocado el presidente Petro. Está en su derecho, aunque tengo mis dudas sobre la oportunidad o necesidad de esta clase de convocatorias cuando apenas lleva seis meses, mantiene mayorías parlamentarias, el contenido de las reformas aún no ha sido debidamente divulgado y no hay en el horizonte amenazas serias a su gobernabilidad.

Hay que entenderla entonces como una medida preventiva que tenga un efecto de demostración en vísperas del trámite de su paquete de reformas en el Congreso. Una forma de presión popular para empujar su aprobación e indicarle al país que la gente lo apoya.

Apuesta riesgosa si la convocatoria no tiene el eco masivo que él espera. O si la marcha que ha convocado la oposición para el otro día –15 de febrero— resulta igual o mayor a la que promueve el Gobierno. Pienso que ninguna de las dos será multitudinaria porque la gente no parece estar en ese ánimo, pero lo único seguro es que se dará una significativa medición de fuerzas, lo cual forma parte del juego democrático. Y que resulta saludable en la medida en que no degenere en violencia ni agudice la lucha de clases.

Llamar a la gente a la calle desde la jefatura del Estado no es muy usual y puede convertirse en arma de doble filo, o tener efectos contraproducentes para el Gobierno. Sobre todo en un país donde por todo lado pululan marchas, paros, tomas y bloqueos. En cualquier lugar y por los más diversos motivos la gente sale hoy a las calles y, cada vez más, a las carreteras, para reclamar un derecho o sentar una protesta. En enero hubo más de ochenta bloqueos de vías importantes con consecuencias aún no bien tabuladas sobre la economía y el costo de la vida. Sin hablar de los exasperantes perjuicios para las personas que se transportan por carretera.

Estas protestas expresan un malestar social que siempre ha alimentado a la izquierda pero que, cuando esta llega al poder, se le pueden convertir en un dilema. Más aun cuando sus causas pueden ser contradictorias o incluso antagónicas. En la Ruta del Sol hubo en la misma semana marchas contra la contaminación y bloqueos, en el Cesar, para exigir la reapertura de minas de carbón. En el Urabá chocoano, madres y niños desfilaron en Capurganá para exigir dotación del colegio y envío de maestros mientras en el barrio Marsella de Bogotá los vecinos protestaron y chocaron con la policía por la construcción de un colegio público en un predio que consideran un bien comunal. “Es la democracia, maestro”, dirían algunos.

Para Petro el manejo de este creciente fenómeno social será una prueba de su capacidad política y de su personalidad como líder nacional que logra consensos. Ante la agudización de conflictos algunos analistas han expresado estos días inquietudes sobre la conducta presidencial. Para el exministro Carlos Caballero está mostrando “una preocupante inclinación autoritaria”, que él ubica en la decisión de asumir las funciones de la CREG y en su intervención para modificar el proyecto del metro de Bogotá. Por su parte, el exministro Gabriel Silva sostuvo que “ha ido erosionando el sistema legal” a punta de decretos y decisiones unilaterales.

Me identifico más con lo que dijo en TheEconomist el politólogo y también exministro Fernando Cepeda en el sentido de que estamos ante “un gobierno confundido pero no amenazante”. La revista inglesa trae en su última edición un largo artículo sobre el presidente colombiano, titulado “El revolucionario vs. el pragmático”, que se pregunta cuál faceta de su personalidad prevalecerá durante el mandato.  La revolucionaria debe estar latente,  pero del lado pragmático se destacan sus relaciones cordiales con Uribe y Santos, la designación de un vocero de los ganaderos en la negociación con el Eln, su propensión al diálogo y respeto por las instituciones, así como un gabinete que es una “mezcla incierta de activistas y figuras de centro”.

El semanario inglés alude a elementos de narcisismo, dogmatismo y terquedad en el talante de un presidente al que califica de “mercurial” (o sea, volátil, impredecible, propenso a cambios abruptos de ánimo). Tiene sin duda un estilo de gobierno diferente —más disruptivo— del que están acostumbrados los colombianos, lo que puede explicar el nerviosismo que en muchos produce. De su terquedad ha dado elocuentes muestras con la oposición a la primera línea del metro de Bogotá que ya está financiada, en construcción y ejecutada en un 18 %.

Su llamado a la movilización este martes para generar un clima favorable a sus reformas recuerda al  presidente Álvaro Uribe cuando decía que el Estado de opinión era una fase superior del Estado de derecho. Tesis peligrosa y fuente de los peores populismos. El columnista Jorge Iván Cuervo dice que la coincidencia es llamativa y se pregunta si de esto conversarían Petro y Uribe en su última reunión.

No lo sabremos, pero más allá de conjeturas y especulaciones lo real e inmediato será lo que diga la calle en los próximos días. Allí al menos se podrá medir cuántos ciudadanos se sienten aludidos por estas convocatorias y de qué lado marcharán. Amanecerá y veremos, como dicen por ahí.
 

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