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María Jimena Duzán
Puntos de vista

Abelardo de la Espriella, el candidato que ofrece odio

Si llega al poder, Abelardo de la Espriella les ha prometido a sus electores que va a instaurar la Patria Milagro, una quimera que ha fabricado a partir de las emociones con el fin de rescatar a Colombia de “sus horas más oscuras”. Él, que se sabe vender, la presenta como su receta infalible para salvar a la democracia y a la Constitución de las garras de la izquierda corrupta y delincuente, pero en realidad lo que busca es refundar la patria por “la razón o por la fuerza”. 

Basta leer su programa y revisar sus entrevistas para llegar a la conclusión de que la Patria Milagro que promete De la Espriella no está sustentada en el respeto a la Constitución ni las leyes como cree su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, sino en el odio.

Su odio visceral por la izquierda es la base de los pilares de la Patria Milagro. Si gana Abelardo de la Espriella, ningún colombiano que haya trabajado con Gustavo Petro podrá entrar a ese Olimpo porque solo serán recibidos los puros de alma, los que practican la extrema (in)coherencia, los creyentes y los padres de familia ejemplares como él, que si representan a la familia tradicional.

A los de izquierda les tocará el inframundo porque serán repudiados y castigados, así militen en un partido político legalmente constituido que es, además, el que más escaños tiene en el Congreso. En esta nueva patria, serán tratados no como oponentes sino como delincuentes. Y los periodistas que se atrevan a cuestionar al régimen o a desafiarlo, correrán la misma suerte. No me cabe la menor duda de que si gana las elecciones, De la Espriella va a hacer todo lo posible para que Petro sea pedido en extradición por el gobierno Trump. Si eso sucede, no sólo firmará gustoso la orden —ya lo dijo— sino que él mismo lo va a llevar a Miami. Con Abelardo de la Espriella se empezaría a utilizar la extradición ya no para enviar a los malandros y mafiosos que él conoce, sino para extraditar a expresidentes y a políticos de oposición por delitos cometidos en Colombia, una corrida de cerca que nos convertiría en una especie de estado asociado de los Estados Unidos. Lo cual me lleva a otra de las peculiaridades que tendría esta Patria Milagro: si nos atenemos a lo dicho por el candidato, su sede no quedaría en Colombia, sino en Miami. De la Espriella —que está estrenando nacionalidad gringa— ha dicho que antes que colombiano es un republicano —pero no de Montesquieu, ni de Rousseau, ni tampoco de los de Carlos E. Restrepo—, sino del Partido Republicano estadounidense, cuyo jefe es Donald Trump.  

En esa Miracle Homeland también se reescribirá la historia y se considerará el delito de la compra de votos como un delito de la izquierda. Se inventará la mentira de que ninguno de los políticos que votaron por él compraron un solo voto, porque todo fue un movimiento popular y espontáneo impulsado por los “nunca”. Esos “nunca” que poseen yates, aviones privados y relojes de cientos de dólares, que viven de manera ostentosa y serán los VIP de la Patria Milagro. Los otros favorecidos con este nuevo relato serán los clanes que respaldan a De la Espriella en la penumbra y que son los más corruptos, como los Char. Uno de sus integrantes, Arturo Char está acusado de compra de votos y su hermano Álex Char fue denunciado ante la Fiscalía por pedir coimas a contratistas. ¿Será que ellos también van a estar en la lista de corruptos que Abelardo de la Espriella les envió a sus amigos en Washington?

Si la Patria Milagro de De la Espriella se impone, el golpe que recibiría la Constitución del 91 sería peor que el que habría sufrido si el gobierno de Petro hubiera seguido con la idea de dejar una asamblea constituyente a su medida. Y la razón es simple: en este nuevo Disney que promete la ultraderecha lo que se busca no es solo un cambio de gobierno sino refundar la patria, como lo afirma en su programa de gobierno. De la Espriella pretende imponer un “nuevo orden” y su objetivo primordial es el de asentar un proyecto hegemónico para impedir que la izquierda vuelva al poder.  Eso quiere decir que si ganan, van a hacer de todo para quedarse más de cuatro años en el poder, como lo hizo Uribe, que fue el último presidente que quiso refundar la patria. Sin embargo no les va a quedar fácil. Hoy cerca del 30 por ciento de colombianos se definen como de izquierda y en la primera vuelta cerca de 10 millones de personas votaron por Iván Cepeda, una cifra que superó a la obtenida por Petro hace cuatro años en primera vuelta. Declarar enemigos a tanta gente sería una estupidez, pero al parecer en la Patria Milagro de De la Espriella la razón hace rato fue desplazada por el odio.  

Que sepan los que hoy defienden con tanto ahínco la Constitución del 91, como el profesor Gaona. En la Patria Milagro, esta carta resultará un estorbo: los derechos de las minorías terminarán cercenados porque se priorizará a la familia tradicional, las políticas con enfoque de género que forman parte del del Plan de Desarrollo, terminarán siendo borradas como hizo Donald Trump en los Estados Unidos. Eso significaría que todas las conquistas obtenidas por las minorías en estos 30 años de la Constitución, desde el aborto hasta la adopción de las parejas gays, pasando por la dosis mínima, serán vistas como una amenaza a la Patria Milagro. Ese mundo feliz que nos promete incluye perlas como estas: propone el porte legal de armas, crear una especie de cooperativa de seguridad para los reservistas, acabar con la JEP, reducir el Estado en un 40 por ciento, sacar a Colombia de la ONU —algo que no ha hecho ni Trump en los Estados Unidos— y salirse de la OEA y del sistema interamericano de derechos humanos, igualándose a dictadores como Daniel Ortega y Nicolás Maduro.

En 1984, la novela de George Orwell que nos advierte sobre los peligros del autoritarismo, el Estado lo dirige el Gran Hermano, una figura omnipresente que quiere imponer un nuevo orden en el que se controla la verdad, se reescribe la historia y se utiliza el poder para restringir las libertades. El régimen obliga a sus ciudadanos a cumplir un ritual diario de adoctrinamiento que se conoce como “Los dos minutos de odio”. Durante ese tiempo los ciudadanos deben lanzar toda suerte de insultos e improperios a los enemigos cuyas imágenes aparecen proyectadas en unas pantallas gigantes. De esa manera se asegura que sus huestes mantengan su odio vivo e intacto.

En la Patria Milagro, no habrá solo dos minutos de odio sino que se volverá normal en los medios, en las calles, en los podios, mostrar el odio visceral a todo lo que huela a izquierda y por esa vía a todo el que piense distinto. De esa manera  mantendrá viva la llama de la indignación y de la furia para que pueda cumplir con su promesa de destripar a todos los que sean distintos por “la razón o por la fuerza”.

Destripar a una persona significa matarla, porque al sacarle las entrañas, muere. Y destriparla por su ideología, porque piensa diferente, como promete De la Espriella, es propio de déspotas y de tiranos y se aleja de los llamados a la reconciliación y al diálogo entre diferentes de que habla el papa Leon XIII. No obstante, en la Patria milagro la moral y la ética serán elásticas. De un lado estará Abelardo destripando a los que piensen distinto, incumpliendo el quinto mandamiento de la ley de Dios —el de “no matarás”— y, del otro, se verá a José Manuel Restrepo, su vicepresidente, cumpliendo su sueño de consagrar el país al sagrado corazón y haciendo trizas esa parte de la Constitución en la que se dice que somos un Estado laico. No habrá pierde. 

La gran pregunta es si esa declaración de guerra, que se daría en un gobierno de Abelardo de la Espriella, la puede resistir la democracia colombiana que viene madurando desde que se acabó la lucha armada, una verdad que la Patria Milagro tampoco acepta, porque no le conviene. La extrema derecha necesita volver a hablar de guerrillas y de combinación de formas de lucha para montar su ritual de los dos minutos de odio. Yo espero que la democracia resista y que el sistema de pesos y contrapesos reaccione como lo hizo con Petro. Sin embargo, cada día que pasa soy menos optimista. ¿Qué pasará en el país si Abelardo de la Espriella llega a la Presidencia, logra doblegar a la oposición por la fuerza y elige a un fiscal de bolsillo y a un procurador a su medida? ¿Se escucharán las mismas voces que hoy se rasgan las vestiduras y que acusan a Petro de atentar contra el orden constitucional?... No lo creo.  

Aunque en un aparte de su programa se dice que se respetará a la prensa, la realidad es que De la Espriella ha sido, desde hace tiempo, uno de los abogados que más ha acosado judicialmente a los medios y a los periodistas. Si gana, eso no va a cambiar.  

Con una oposición criminalizada, con una prensa independiente asediada y con el sistema de pesos y contrapesos a su favor, porque la verdad es que la institucionalidad es más funcional a gobiernos de derecha que a los de izquierda, Abelardo de la Espriella sería imparable y tendría todo el poder para imponer su proyecto hegemónico y refundar la patria por “la razón o por la fuerza”.

Nunca pensé que llegaría el día en que íbamos a añorar al expresidente Álvaro Uribe. Frente a Abelardo de la Espriella el temible expresidente Uribe parece un acorralado político de centro. Así de peligroso es este abogado de narcos que puede llegar a la presidencia.  

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