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Luis Alberto Arango
Puntos de vista

El siguiente mes

La emergencia pasará de los titulares, pero no de la vida de las víctimas. El verdadero reto será mantener la solidaridad cuando llegue el siguiente mes.

Por: Luis Alberto Arango

Estoy sobrecogido, como toda Colombia, por la tragedia que está viviendo el país. Cada nueva imagen, cada historia de una familia, cada balance de víctimas hace más difícil dimensionar lo ocurrido. Todavía no alcanzamos a comprender la magnitud de lo que pasó.

Esta semana, un amigo estuvo llevando ayuda humanitaria a Pereira y después viajó al Chocó. Me dijo que lo que encontró sobre el terreno era todavía más grave de lo que alcanzamos a percibir a través de las noticias. Pero hubo algo más que me dijo que se me quedó dando vueltas: hay que saber administrar la ayuda.

En las primeras semanas de una tragedia todos queremos ayudar. Aparecen las donaciones, las campañas, los voluntarios, las empresas, las organizaciones sociales. Los colombianos hemos demostrado muchas veces una extraordinaria capacidad de solidaridad cuando alguien nos necesita.

El problema es que viene el siguiente mes. Y luego el siguiente y el siguiente.

Para entonces, las noticias probablemente serán otras. Las cámaras se habrán ido de muchos de los lugares afectados y nosotros habremos regresado a nuestras preocupaciones cotidianas. Pero miles de familias seguirán necesitando ayuda.

“Es entender que enfrentar esta tragedia será una carrera de fondo y no de velocidad”.

Por eso también tenemos que aprender a administrar nuestra solidaridad. No se trata de guardar hoy lo que alguien necesita urgentemente. En una emergencia hay necesidades que no pueden esperar. Es entender que enfrentar esta tragedia será una carrera de fondo y no de velocidad.

Primero está la emergencia: rescatar, alimentar, atender heridos, encontrar alojamiento y restablecer los servicios básicos.

Simultáneamente comenzará una reconstrucción material gigantesca. Habrá que levantar viviendas, colegios, hospitales, carreteras y negocios. Esa tarea tomará años.

Pero existe otra reconstrucción de la que quizá estamos hablando menos: la emocional.

No puedo imaginar el dolor de quien perdió a un hijo, a sus padres, a un hermano o a un amigo. Tampoco el miedo de un niño que vio caer su casa, de quien pasó horas atrapado bajo los escombros o de una familia que hoy no sabe dónde va a vivir. Y hay también millones de colombianos que, aun estando lejos de las zonas más afectadas, han sentido estos días angustia, ansiedad, tristeza o miedo.

Por eso quisiera compartir un pequeño recurso que puede ser útil. El doctor Santiago Rojas, reconocido médico, ha venido publicando en su cuenta de Instagram, @santiagorojasp, una serie de recomendaciones sencillas para ayudarnos a manejar la angustia, la ansiedad y el impacto emocional que puede producir una tragedia como esta.

Es su granito de arena en medio de estos días tan difíciles. A quienes sientan que pueden necesitarlo, les sugiero revisar ese contenido. Naturalmente, cuando la angustia, la ansiedad o la depresión lo requieran, es importante buscar también ayuda profesional.

“Pero existe otra reconstrucción de la que quizá estamos hablando menos: la emocional”.

Después vendrá otra reconstrucción de la que tendremos que hablar: la económica. Las regiones afectadas necesitarán recuperar empresas, empleos, inversión y actividad productiva. Colombia ya tiene experiencias que vale la pena estudiar. Después del terremoto del Eje Cafetero de 1999, por ejemplo, no solamente se creó el FOREC para la reconstrucción; posteriormente, la Ley Quimbaya estableció incentivos tributarios para estimular la actividad empresarial en las zonas afectadas.

Reconstruir Colombia después de este terremoto no será solamente volver a poner ladrillos donde hoy hay ruinas. Será también acompañar a miles de personas a reconstruir sus vidas. La atención psicológica deberá ser parte fundamental de la respuesta y tendrá que permanecer cuando desaparezcan las cámaras. El duelo, el miedo y el trauma no obedecen al calendario de las noticias.

Mi familia tiene sus raíces en Manizales. Tal vez por eso algunas de las imágenes de estos días me han dolido de una manera especialmente profunda. Pero esta tragedia desborda cualquier vínculo regional. Hoy mi corazón está con Manizales, Pereira, Cali, el Chocó, Buenaventura y con cada municipio y cada familia que está sufriendo.

Tenemos que ayudar ahora. Muchísimo.

Pero quisiera que, dentro de dos meses, dentro de tres, dentro de seis, recordáramos lo que estamos sintiendo esta semana. Porque esta tragedia no terminará cuando deje de ocupar los titulares. Y la tarea que tenemos por delante tomará años.

“El problema es que viene el siguiente mes. Y luego el siguiente y el siguiente”.

Ojalá las empresas que hoy están donando sigan presentes. Que las organizaciones mantengan sus programas de apoyo a las víctimas. Que el Estado no pierda el sentido de urgencia. Y que quienes podemos contribuir entendamos que nuestra ayuda también será necesaria cuando la atención del país esté puesta en otra parte.

Porque llegará el siguiente mes. Y después, otro.

Y Colombia tendrá que demostrar que su solidaridad es más duradera que sus noticias.
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Si usted quiere compartirme ideas, sugerencias o comentarios acerca de esta columna o de otro tema, por favor escríbame, me interesa conocerlas. Mi e-mail es: columnaluisarango@gmail.com

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