OCAMPO EN EL SIQUIATRA
23 Octubre 2022

Daniel Samper Ospina

OCAMPO EN EL SIQUIATRA

Vemos que el ministro José Antonio Ocampo ingresa al consultorio del doctor Larrota, su sicoanalista; vemos que lo saluda con amabilidad de hombre de Estado y que se sienta en el sofá de tela escocesa reservado a los pacientes. Son las 5: 46 pm. La  melancólica luz de la tarde bogotana todavía chorrea por la ventana. El doctor Larrota enciende los bombillos. 

—Te veo más flaco, José Antonio —rompe el hielo para iniciar la terapia de hoy. 

—Es la inflación —responde el ministro, todavía cargado de retórica laboral. 

—Me refiero a que has perdido peso —aclara Larrota. 

—He perdido peso si uno lo compara frente al dólar —responde el ministro a la defensiva, para tranquilizar al analista—; pero si uno lo mira en contexto, es perfectamente normal lo que está sucediendo… 

—Hablo de tu peso… 

—Con mi peso, correcto, sí: es perfectamente normal. Y la invitación a todos es que hagan lo mismo… 

—¿A bajar de peso?  

—A apretarse el cinturón, lo cual es muy común a esta altura del año… 

El silencio aletea en el aire tan pronto como deja de hablar. Vemos entonces que Larrota insiste:  

—Noto además que tienes más ojeras que el director de la DIAN… 

—Puede haber algo de ojeriza en lo que dicen algunos colegas, pero seguramente en dos o tres días se disiparán esas sombras; no tenga la menor duda al respecto, doctor, no hay nada que temer…

El ministro deja de hablar y en el salón solo suena el tic tac del reloj. El doctor Larrota lo mira fijamente. 

—José Antonio, ¡mírame! —le dice de frente—: ¡mírame! ¡Acá no eres el ministro Ocampo! ¡Este es un lugar seguro! ¡Dime cuál es tu enemigo interno! ¡Dime cómo te sientes! ¡Dime al menos si debo comprar dólares! 

El ministro Ocampo suelta entonces un pujo gutural, profundo, liberador y llora. El doctor Larrota le pasa una caja de kleenex y lo guía al diván. El ministro se acuesta y se zafa los zapatos (y se suena). 
 
—Ahora sí: cálmate y cuéntame —lo anima Larrota.

—¿Cómo me voy a calmar si la ansiedad me carcome, doctor? —se suelta el ministro—. No duermo nada y, cuando duermo, sueño que Irene Vélez organiza ruedas de prensa…

—¿Te tomaste lo que te receté?

—Pues le pedí las pepas a la ministra Corcho, pero me dijo que se las pidiera a mi EPS si era tan macho… 

—Pídelas entonces al médico de palacio —propone el doctor.

—No lo han nombrado. Y yo no puedo más con la presión —confiesa el ministro.

—¿La presión al alza, quieres decir? ¿Compro dólares? —indaga de nuevo Larrota.

—La presión del puesto, doctor —aclara el ministro.

—¿Hiciste el ejercicio de escribir lo que te duele, como te pedí, por crudo que sea? 

—No me hable de crudo porque ya no sé si quieren parar las explotaciones de crudo… Y mientras tanto, todo sube…

—Todo sube pero baja los pies del diván, por favor, que el mueble es nuevo —pide Larrota.

—La libra está por las nubes —continúa el ministro, sin escucharlo.

—¿Esterlina? ¿Compro libras esterlinas? —indaga ansioso el analista.

—La libra de arroz, la libra de frijol, de lentejas: ¿y qué quiere que haga yo?

—Pues arroz con lentejas, si es eso lo que compraste: lo que hayas hecho de mercado… —colabora Larreta.

—Y el mercado, precisamente, no se calma; y cuando logro calmarlo una viceministra recién aparecida me contradice.

Vemos entonces que el  ministro Ocampo se reacomoda en posición fetal:

—Quiero a mamá —susurra—. ¡Quiero un abrazo de mamá, que me vuelva a decir que soy su sol! —sube el tono de la voz.

—¿Compro soles? —pregunta Larrota.

—Con cada discurso del presidente se me alborotan las úlceras tanto como se alborota la bolsa… Hoy el dólar amaneció casi a cinco mil mientras yo corría para convencer a unos inversionistas gringos de que no se lleven la plata al Ecuador...

—¿Cuál es la moneda de Ecuador?

—Al mediodía se desplomó la acción de Ecopetrol y con ella mi optimismo... 

—Recuerda que en esos momentos de ansiedad debes hacer los ejercicios de respiración… Y de golpe compartir sensaciones con otros colegas —lo aconseja Larrota.

—Pero ¿con cuáles, doctor, si en el gabinete solo tengo enemigas?

—Busca fuera del gabinete, entonces… El director de la Aerocivil, por ejemplo…

—No lo ha nombrado —informa el ministro.

—El de RCTV, entonces…

—No lo ha nombrado… —contesta de nuevo.

—Al menos el superintendente de Comercio...

—No lo ha nombrado. 

—Pero ¿cómo no los va a haber nombrado? Si ya casi cumple tres meses en el poder… —se afana el doctor Larrota.

—Lo que sí hizo esta semana fue pedir a los gringos que nos quitaran la visa…
 
—Bueno, esa es una excelente solicitud… 
 
—Y, para convencerlos, al día siguiente los acusó de arrasar con las economías de todos los países. Y así es él: a veces llega dos horas tarde a las citas o agarra ese teléfono y comienza a poner trinos que da miedo —continúa dando quejas el ministro. 
 
—¿Trinos? 

—Les responde a periodistas, a tuiteros, a bots: a lo que sea… 

—¡Ay no! —se queja Larrota. 
 
—O se pierde y no dan razón de él… 

—¿Se pierde?

—O pone citas y no va.
 
Vemos que hay un breve silencio y que los dos hombres se miran fijamente.

—¿Y ahora qué vamos a hacer? Quiero comprar dólares… —reacciona Larrota, y vemos que se pone de pie, y que camina en círculos alrededor del tapete del consultorio. 

—Cálmese, doctor Larrota —le pide el ministro. 

—¡Cómo me voy a calmar! —confiesa con angustia—. ¡La ansiedad me carcome!

El ministro Ocampo se pone de pie y cede el diván a su siquiatra. 

—Hágase acá, respire y no se afane: es perfectamente normal que el dólar tenga esa corrección en esta coyuntura internacional – lo calma ahora Ocampo.

—¡Pero el dólar sube, ministro! —dice Larrota.

—El dólar sube pero usted baje los pies, que el mueble es nuevo —le advierte el ministro—. Y todo es perfectamente normal, y vamos a pagar la deuda.  Ahora cuénteme lo que siente. Estamos en un lugar seguro.

Ocampo toma la libreta y se acomoda en la silla del médico, condenado de nuevo a ser el adulto de la situación. Por la ventana vemos que el cielo amenaza lluvia. Y que la tarde ha caído del todo en Bogotá. 


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