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Velia Vidal
Puntos de vista

La vice afro

Los boletines de la Registraduría iban avanzando y se configuraba un panorama que pocos esperaban, muy pronto empezaron a aparecer tuits sobre la inminencia de tener en Colombia, por primera vez en la historia, una vicepresidente afro. En los días siguientes se ha agitado la discusión sobre el tema con diversos artículos sobre sus perfiles y trayectorias, muchas publicaciones en redes que cuestionan la negritud de las candidatas, su autorreconocimiento, las diferencias estéticas entre ambas, los actos racistas ejercidos sobre una u otra, su relación con las comunidades y lo que significan sus ideas para el pueblo afrocolombiano. Una discusión compleja por donde se le mire, que sería imposible de abordar con justicia en una columna. Así que en esta ocasión me sumaré al tema refiriéndome solamente al autorreconocimiento como proceso indispensable para una representación efectiva de las comunidades afro.

El hecho político relevante sobre los candidatos afro a la vicepresidencia se dio desde el momento en que cinco de los precandidatos presidenciales eligieron sus fórmulas, tema sobre el que escribí un artículo para la revista Cambio. Independientemente de las posibilidades reales de elección, ya se daba un salto histórico en Colombia. Ahora, que la llegada de una vicepresidente afro sea o no relevante para nuestras comunidades, sí está directamente relacionado con que esta mujer se reconozca como afro, puesto que nadie puede representar aquello con lo que no se siente identificado.

El autorreconocimiento es un proceso individual en el que una persona afro identifica y acepta que tiene una raíz compartida con los demás descendientes de los africanos esclavizados, aprende a reconocer lo que esto representa para las generaciones actuales y comprende el impacto del racismo en la forma como nos autopercibimos, en nuestra autoestima, en la forma como nos relacionamos con el mundo y en las condiciones sociales y económicas de nuestros pueblos. Con frecuencia este proceso desemboca en una necesidad por conocer más la historia de nuestros ancestros, en un interés por sanar nuestra autoestima, en alejarnos de la valoración estética impuesta por nuestros opresores y en una postura antirracista permanente, desde los distintos campos de nuestra vida. Lo que no indica que haya una única forma de ser afro o de reconocerse como tal. No es posible hacer una valoración externa del nivel de negritud de otro por cómo lleva su cabello, los diseños y telas de sus prendas de vestir, sus posturas ideológicas o por el tono de su piel.

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