24 Marzo 2022

Vicepresidente afro, la fuerza popular de "los nadie"

Es un hecho histórico que haya cinco candidatos afro a la vicepresidencia, con la opción real de que alguno de ellos llegue a ser elegido y ejerza el cargo.

Crédito: Nelson Cárdenas

Ante el profundo desconocimiento de la realidad del pueblo afro en Colombia, demostrado por todos los ahora candidatos presidenciales, se esperaría que tener una fórmula afro les permitiera acercarse a la realidad de nuestra población, pero esto no está garantizado.

Por: Velia Vidal

Con la confirmación de Francia Márquez como fórmula vicepresidencial de Gustavo Petro se concreta un hecho sin precedentes en las elecciones presidenciales en Colombia, no solo por la participación de cinco candidatos afro a vicepresidente, sino porque existe una opción real de que alguno de ellos llegue efectivamente a ser elegido y ejercer el cargo. La lectura de esta situación debería hacerse al menos en tres direcciones: las razones que llevaron a su selección, lo que suman a sus campañas y lo que esto representa para el pueblo afrocolombiano.

"Lo que podrían estar buscando los aspirantes a presidente es un símbolo que represente la ruptura de las élites, a pesar de que ellos mismos sean la encarnación de esas élites, lo que esperan se traduzca en votantes de cualquier origen étnico-racial".

Los cinco aspirantes tienen una formación académica que supera el grado universitario y amplia trayectoria laboral o de liderazgo en campos específicos, evidenciando lo que una buena parte del país intenta desconocer, y es que dentro de la comunidad afro hay líderes suficientemente formados y con capacidades para llegar a altos cargos. Marelen Castillo Torres, fórmula de Rodolfo Hernández, cuenta con una amplia experiencia en el sector educativo; la tumaqueña Sandra de las Lajas, fórmula de John Milton Rodríguez, ha sido servidora pública en administraciones municipales, departamentales y el Ministerio de Ciencia. Ceferino Mosquera Murillo es la fórmula de Luis Pérez, ha ejercido como docente, concejal de Buenaventura y líder de procesos comunales en el Valle del Cauca.

Por su parte, Francia Márquez Mina, fórmula de Gustavo Petro, es reconocida como líder social, específicamente en temas ambientales y de defensa del territorio. Finalmente, Luis Gilberto Murillo, fórmula de Sergio Fajardo, quien ha sido elegido en dos ocasiones como gobernador del Chocó, ostentó el cargo de ministro de Medio Ambiente en el gobierno de Juan Manuel Santos y se distingue por su formación académica de alto nivel.

"Lo que se vendrá también en la arena política es la exposición inocente e intencionada de todas las formas de racismo, en contraposición a una hipercorrección política y miedo a equivocarse que llevará a muchos a cohibirse de los cuestionamientos que harían a cualquier político que no fuera afro".

Es destacable la diversidad de corrientes políticas de los cinco candidatos, lo que demuestra que no se puede asociar lo afro a una única ideología y que cualquiera que esta sea, no les quita su condición de afro. Pero la gran pregunta sobre la elección de estos candidatos no se centra en sus méritos y ni siquiera en sus ideologías, sino en las verdaderas motivaciones de las campañas para que terminara dándose este panorama aparentemente tan incluyente y sin sesgos raciales en un país que, entre otras cosas, negó durante más de un siglo y luego blanqueó a Juan José Nieto, su único presidente negro.

Hay dos factores determinantes e inseparables entre sí, desde mi punto de vista, para que se diera esta situación: el estallido social que vive el país desde 2019 y los más de 780.000 votos de Márquez Mina en la consulta del Pacto Histórico. Está demostrado que hay una fuerza popular de “los nadie” de todos los rincones del país, deseosa de un cambio en el Gobierno nacional. Y en ese sentido entra a operar algo similar a lo ocurrido con Barack Obama, según las explicaciones de Ali Rattansi en Racismos, una breve introducción (Alianza Editorial, 2020). Incluso los blanco-mestizos pobres son capaces de sentirse identificados con un líder afro, por compartir las circunstancias de pobreza y dificultad y, en este caso, las motivaciones asociadas al estallido social. Así las cosas, más allá de los votos afro o el reconocimiento de la población negra y sus liderazgos, lo que podrían estar buscando los aspirantes a presidente es un símbolo que represente la ruptura de las élites, a pesar de que ellos mismos sean la encarnación de esas élites, lo que esperan se traduzca en votantes de cualquier origen étnico-racial.

Lo que se vendrá también en la arena política es la exposición inocente e intencionada de todas las formas de racismo, en contraposición a una hipercorrección política y miedo a equivocarse que llevará a muchos a cohibirse de los cuestionamientos que harían a cualquier político que no fuera afro. Visto desde cualquier ángulo esto es una ganancia en un país racista como el nuestro, porque de todos modos pone sobre la mesa un tema necesario y dará la oportunidad de que muchos se cuestionen.

En cualquier caso, los candidatos son políticos, y deben ser cuestionados como todos los demás. Sin que dichos cuestionamientos pasen por la melanina y sin reducirlo o reducirse -porque también ellos mismos lo hacen- a los muchos estereotipos que han sido asociados a nosotros.

Ante el profundo desconocimiento de la realidad del pueblo afro en Colombia, demostrado por todos los ahora candidatos presidenciales, se esperaría que tener una fórmula afro les permitiera acercarse a la realidad de nuestra población; pero esto no está garantizado, en la medida que ya hemos visto desfilar por la política colombiana muchos de los que denominamos “cocos”, esto es, negro por fuera pero blancos por dentro. Es decir, negacionistas del racismo, de los efectos de la esclavización y la necesidad de las acciones afirmativas. Además, desconocedores de los procesos políticos y sociales del pueblo afrocolombiano. 

Está demostrado que hay una fuerza popular de “los nadie” de todos los rincones del país, deseosa de un cambio en el Gobierno nacional. Incluso los blanco-mestizos pobres son capaces de sentirse identificados con un líder afro, por compartir las circunstancias de pobreza y dificultad y, en este caso, las motivaciones asociadas al estallido social.

Es indiscutible que en cualquier caso estamos hablando de un hecho histórico en materia de representación de los afrocolombianos, y en particular de las mujeres negras; lo que también se traduce en inspiración para muchos. Pero al mismo tiempo no hay garantía de que los temas de interés o las agendas de las comunidades afro y de sus territorios pasen a estar en el centro durante las campañas o en un gobierno con vicepresidente afro. Al igual que en el caso de Obama y volviendo a la referencia de Rattansi, hay una altísima probabilidad de que estos candidatos opten por la cautela, por obviar o eludir la cuestión del racismo y las acciones afirmativas, tratando de no asustar a los votantes blanco-mestizos, y entonces se inclinen por proponer políticas universalistas basándose en la idea de que “la marea alta levanta todos los barcos”, es decir, si se aumentan los ingresos y las condiciones generales de todos los que están en condiciones de pobreza, los negros también se beneficiarán.

Así como celebré la llegada de los Obama al poder porque reconozco de dónde venimos y lo que esto representa, me alegro de la presencia afro en esta campaña presidencial, pero elijo la cautela o quizá la desconfianza, porque sé que nos falta mucho camino por andar y que de eso tan bueno no dan tanto.