
El futuro sin norte del sur de Bolívar
Ante el abandono estatal y la implementación a medias del programa de sustitución de cultivos, los campesinos del Sur de Bolívar viven de la coca porque no tienen otra opción. Presionados por los paramilitares, también tiene que vérselas con algunos miembros de la Policía Antinarcóticos que los extorsionan a cambio de no erradicar. En medio del fuego cruzado, los campesinos le piden al Gobierno una solución urgente.
Por: Isabel Caballero
El Magdalena Medio es una porción de Colombia en la que confluyen cuatro departamentos cuyas fronteras se derriten en una amalgama confusa de río y ciénaga. De ella hace parte el Sur de Bolívar, una tierra fantasma que, aunque depende administrativamente de Cartagena, la sede de la Gobernación, está prácticamente desconectada de la urbe, a más de diez horas en carro por carreteras que se van borrando hasta convertirse en trochas que parecen llegar a la nada.
En resumen, el sur de Bolívar es una tierra olvidada en la que municipios como Simití, Cantagallo, San Pablo y Santa Rosa conviven con la única realidad que les es posible: la de sobrevivir del cultivo de la hoja de coca, un producto que se disputan por igual los paramilitares de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, para procesarla; y la Fuerza Pública, para erradicarla. En medio del fuego cruzado, los campesinos del Sur de Bolívar viven hostigados por la delincuencia organizada, que ejerce el control territorial sobre la zona, y por la propia Policía, que los extorsiona a cambio de no erradicar. La tercera alternativa ha sido el programa de sustitución de cultivos ¬–desarrollado como parte de los Acuerdos de Paz–, que apenas de ha cumplido a medias en algunas zonas y en otras es inexistente.
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