
El muchacho al que no pudieron rematar
Iván Andrés Orrego está repitiendo sexto de bachillerato, el mismo grado que realizaba en abril de 2021 cuando terminó baleado. Hace poco cumplió 18 años.
Iván Andrés Orrego, un joven que, siendo menor de edad, sobrevivió a un ataque del Ejército que dejó sin vida a uno de sus amigos mientras transitaban en una motocicleta por una carretera del Guaviare, le contó a Cambio cómo los militares le pegaron tres tiros más cuando ya estaba herido y cómo su amigo y él fueron luego presentados como guerrilleros de Gentil Duarte.
Por: Edinson Bolaños
Yo salí de la casa a las cuatro y media de la tarde de un día domingo, en compañía de un amigo de nombre Fernando. Íbamos en la moto mía, que es una XTZ, por la carretera que va para Miraflores. Llegamos a un sitio donde había rastrojo a un lado de la vía y potrero, al otro; íbamos recochando con mi amigo cuando escuchamos un grito: ¡hey! Yo seguí en la moto y luego sentí dos tiros en el pecho que me tumbaron. Nos disparaban desde el rastrojo, de donde salieron unos soldados a la carretera. Nos trataban mal, o me trataron, porque a mi amigo lo mataron de una vez: cuando caímos, él ya estaba muerto.
Uno de los soldados me decía que no me moviera. ¡Pero cómo no me iba a mover con ese dolor tan hijueputa! Encima, me trataban con palabras muy groseras y me gritaban que yo era guerrillero. Yo le suplicaba que no me matara, pero un soldado me pegó otros tres tiros a un metro de distancia: que porque no hacía caso, que porque me arrastraba por el suelo. Tenía mucha sangre alrededor, pero yo sentía que podía vivir. El soldado que me disparó, con la cara tapada con un pasamontañas, se me acercó y me puso la boquilla del arma en la cabeza. En ese momento, otro soldado le gritó que no me disparara, que me iban a revisar los signos vitales.
Luego, llegó un soldado, supuestamente para prestarme auxilio; pero no me lo prestó, me dijo que me muriera. Después llegó otro, uno flaco, y ese sí me prestó auxilio: me tapó todos los huecos con un esparadrapo, para que no me saliera más sangre, y me puso suero. Ahí duramos como media hora. Un helicóptero bajó a tomarme videos; después, aterrizó el otro Arpía, al que me subieron en una camilla.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios













