
Cifras de la coca en Colombia enfrentan a Petro con la ONU: ¿quién miente?
Cultivos de coca en Colombia.
Mientras el Gobierno habla de 262.000 hectáreas, fuentes de inteligencia y expertos calculan hasta 300.000. Entre presiones políticas, datos ocultos y metodologías en disputa, el país sigue sin saber el tamaño real del problema. Lo cierto es que nunca había habido tanta coca en el país. CAMBIO revela qué hay detrás del pulso por las mediciones que definen la política antidrogas nacional.
Por: Armando Neira
La noticia es negativa por donde se la mire: los cultivos de coca crecen sin parar en Colombia. Según confirmó el presidente Gustavo Petro, el país pasó de tener 253.000 hectáreas de hoja de coca a 262.000 en el lapso de un año, lo que representa un incremento del 3,56 por ciento.
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A pesar de los esfuerzos y del sacrificio de muchos colombianos, la hoja —que, procesada, se convierte en cocaína, combustible de la violencia en el país— está presente en más hectáreas del territorio nacional.
¿Cómo recibirán, por ejemplo, esta información las familias de los 13 policías que murieron en Amalfi, Antioquia, en agosto, cuando disidentes de las Farc derribaron un helicóptero que se dirigía a erradicar unas plantaciones?
Además del drama humano por el esfuerzo perdido, el dato revelado muestra una confrontación abierta entre el presidente Petro y el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci), una oficina de las Naciones Unidas encargada de divulgar las mediciones de las hectáreas sembradas y de proyectar el potencial de producción de cocaína que de ellas se extrae.
CAMBIO confirmó con varias fuentes que el informe, que debía publicarse hace un tiempo, fue frenado de un día para otro. Esta decisión se tomó cuando en el ambiente gravitaba el eco de las quejas del presidente, quien considera que existen errores metodológicos en su elaboración.

De acuerdo con la lectura del mandatario, el informe de la ONU —financiado históricamente por el Ministerio de Justicia— debe tener en cuenta 80.000 hectáreas de coca que, según él, están abandonadas, y otras 22.000 hectáreas que estarían en proceso de transición hacia cultivos lícitos. Si estas cifras fueran correctas, la extensión real de cultivos de hoja de coca en Colombia sería de cerca de 160.000 hectáreas. Una cifra positiva para su gobierno y que contrasta enormemente con las 300.000 que proyectan otras fuentes.
Ha trascendido, además, que la incomodidad del jefe de Estado llegó a tal punto que se la manifestó al secretario general de la ONU, António Guterres, con la petición de que se revisara el estudio bajo una nueva metodología.
Cómo se mide la coca
CAMBIO consultó con expertos del Ministerio de Defensa, quienes tienen el desafío de enfrentar este flagelo en el terreno, así como con académicos que han dedicado varios años a analizar el impacto de los cultivos de coca en el país.

Existe consenso en poner en duda la cifra de 262.000 hectáreas suministrada por el presidente. Según información obtenida por agencias de inteligencia y especialistas en el tema, el área cultivada con coca en Colombia estaría más cerca de las 300.000 hectáreas.
Las discrepancias se atribuyen principalmente a los métodos utilizados para la medición y el procesamiento de imágenes satelitales. Hay discusión de por qué también en el pasado reciente hubo distintas cifras. La explicación en sencilla. La metodología actual empleada por el Simci, operado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), fue implementada hace aproximadamente dos décadas.
En sus inicios, las cifras del Simci se contrastaban con las entregadas por la Oficina de la Casa Blanca de la Política Nacional para el Control de Drogas (en inglés, W_hite House Office of National Drug Control Policy,_ ONDCP), a través de su oficina de monitoreo de narcóticos, lo que permitía contar con un marco de comparación más preciso.
Mientras Naciones Unidas utiliza imágenes de los satélites Landsat, Sentinel y Spot —que pueden verse afectadas por la nubosidad y otras limitaciones técnicas—, Estados Unidos empleaba el satélite Ikonos, que ofrece mayor resolución y flexibilidad de observación.
Esa diferencia tecnológica explicaba por qué, en muchos casos, las cifras estadounidenses eran superiores a las de la ONU.
En medio del pulso actual, se señala, además, que la ONU no ha compartido los archivos de verificación satelital (archivos de georreferenciación o shapefiles) con entidades nacionales, como sí lo hacía antes. Esto ha generado sospechas sobre la transparencia de los datos y la posibilidad de que las cifras oficiales hayan sido maquilladas para minimizar el aumento real de los cultivos.
Las razones del presidente Petro
Los expertos consideran que el presidente Petro tiene razón en la necesidad de mejorar la metodología vigente, porque el potencial de producción no refleja completamente la realidad: es solo una estimación.
Sin embargo, al dejar todo consignado en un mensaje publicado en su cuenta de X (antes Twitter), el presidente dejó a las agencias encargadas sin herramientas más rigurosas para abordar el problema de manera técnica.
De acuerdo con las fuentes consultadas, los datos oficiales sobre los cultivos de coca en Colombia no reflejan la magnitud real del fenómeno. El subregistro, la falta de transparencia en la entrega de información satelital y la posible manipulación metodológica ponen en duda la credibilidad de los informes internacionales y del propio Gobierno.

El país, por tanto, carece hoy de una medición confiable del fenómeno, lo que dificulta la formulación de políticas efectivas para su control.
El presidente Petro había expresado su inconformidad con la metodología vigente al considerar que no representa con precisión lo que ocurre en el terreno. Sin embargo, es importante recordar que dicha metodología ha sido avalada por el Gobierno colombiano durante los últimos veinte años.
Por eso, si se consideraba necesario cambiarla, debió hacerse antes de la publicación del informe anterior. Como no se hizo, lo lógico sería que ahora se estuviera trabajando en una nueva metodología, algo que aún no está ocurriendo.
¿Por qué no se publica el informe oficial?
Según diversas fuentes, el informe de este año del Simci ya estaría elaborado, pero se mantiene archivado para evitar una confrontación directa con el primer mandatario.
Algunas versiones indican que la modificación de la metodología de medición y la presentación de un informe que muestra solo un 3 por ciento de aumento habrían sido decisiones directas de la Casa de Nariño, que habría condicionado el financiamiento del proyecto de Naciones Unidas a la adopción de estos ajustes.
“Se ha escuchado que dicho informe fue retenido y modificado tras presiones del Gobierno colombiano, que financia buena parte de las operaciones del Simci”, insiste una fuente.
Esto habría generado tensiones internas y la salida de varios funcionarios del Ministerio de Justicia y de la Dirección de Política de Drogas, quienes advirtieron sobre el aumento real de las plantaciones.
El jefe de Estado tiene varias molestias. Una es que considera que esas mediciones influyeron en la decisión de Estados Unidos de descertificar al país; otra, que coinciden con las afirmaciones de la congresista republicana cercana al expresidente Donald Trump, María Elvira Salazar, quien aseguró que en Colombia los cultivos de coca aumentaron un 300 por ciento durante su gobierno.

La representante por Florida y presidenta del Subcomité del Hemisferio Occidental en la Cámara de Representantes, dijo: “Colombia fue una vez una democracia próspera y un aliado confiable de Estados Unidos. Con Petro, los cultivos de coca crecieron un 300 por ciento; él defiende a los carteles, ataca a Estados Unidos y falta al respeto al liderazgo de nuestra nación”.
El presidente respondió: “Esto es una mentira inmensa. En solo un año los cultivos de hoja de coca crecieron 111 por ciento en 2013, durante el gobierno Santos, y 42 por ciento en 2021, bajo el gobierno de Duque. En dos años de mi gobierno solo crecieron 12 por ciento, contando 2023 y 2024. ¿Dónde habrá estudiado matemáticas la senadora norteamericana María Elvira Salazar?”
Petro ‘chivea’ a la ONU
En este contexto, el presidente Petro publicó el dato de las 262.000 hectáreas. Es la primera vez que un mandatario colombiano ‘chivea’ un informe de Naciones Unidas, lo que sorprende, pues dicha organización, en teoría, no actúa con intereses políticos ni manipula cifras. “Se trata simplemente de un debate metodológico que puede discutirse y mejorarse, pero no de una irregularidad”, dicen los expertos.
El presidente parece sentir que esa metodología afectó la certificación de su gobierno. “La descertificación no se debió únicamente a esas cifras, sino también a otros indicadores, a la relación con el Gobierno del presidente Trump y al trato que el mandatario da a varios personajes vinculados con el narcotráfico, a quienes, posiblemente de buena fe, defiende en el marco de su política de paz total”, afirman fuentes que conocen cómo se maneja la toma de decisiones en Washington.
Los expertos creen que el presidente sí conoce el informe, lo presenta y, al mismo tiempo, rechaza los resultados que no le favorecen. “Debería, en cambio, expresar públicamente que no comparte la metodología y proponer una nueva, pero no simplemente bloquear la publicación del informe”, dice una fuente que sigue de cerca estos estudios.
Además, resulta contradictorio que haya destacado como positivo el dato de un aumento del 3 por ciento, cuando, aunque menor que en años anteriores, sigue siendo un crecimiento preocupante. Su argumento parece ser que, durante su gobierno, el incremento fue menor, y lo presenta como un logro, cuando en realidad continúa siendo un problema grave.
¿Quién abandona un cultivo?
Fuentes de inteligencia afirman también que resulta difícil creer que existan cultivos abandonados, pues los narcotraficantes suelen pagar por adelantado a los campesinos, y estos, por lo general, no los abandonan.
La categoría de “abandonos” solo sirve para mostrar comparativamente zonas donde antes había cultivos y ahora no, pero no altera la sumatoria total. Esta es una de las explicaciones ofrecidas por el Gobierno para justificar la reducción aparente de las áreas de coca: la existencia de “cultivos abandonados”. Sin embargo, expertos con experiencia de campo sostienen que este concepto no tiene fundamento técnico ni práctico para hablar de 80.000 hectáreas que los narcotraficantes dejaron sin cultivar así porque sí.
Un cultivo solo puede considerarse verdaderamente abandonado cuando el uso del suelo cambia por completo, no hay rastros de coca y el área ha sido revegetalizada.
En conclusión, la realidad es que el país enfrenta una situación crítica con los cultivos de coca, independientemente de si el aumento fue del 3 o del 10 por ciento. El problema sigue siendo una tragedia nacional.

Los cultivos de coca disminuyeron notablemente alrededor de 2010, cuando las operaciones de erradicación manual y aspersión aérea fueron más intensas, alcanzando niveles cercanos a las 48.000 hectáreas. Sin embargo, desde la suspensión de la aspersión en 2015 —a raíz de decisiones judiciales—, los cultivos comenzaron a aumentar de nuevo.
Más allá de la discusión, lo cierto es que Colombia continúa siendo el principal productor mundial de hoja de coca y cocaína, con impactos significativos en la deforestación, la contaminación ambiental y el fortalecimiento de economías criminales en zonas rurales.
Cada hectárea sembrada con coca implica, en promedio, la deforestación de tres hectáreas adicionales. Además, el uso de insumos químicos para el procesamiento del alcaloide agrava la crisis ambiental.
Desde 1999, año en que comenzaron las mediciones oficiales, la superficie cultivada con coca en Colombia ha mostrado una tendencia fluctuante, estrechamente relacionada con las políticas antidrogas de cada gobierno.
De Pastrana a Petro
Durante la administración Pastrana se registró una disminución significativa, pasando de más de 160.000 hectáreas a poco más de 100.000, en el marco del Plan Colombia. En los dos periodos de Uribe, las cifras fueron a la baja, gracias a la intensificación de la erradicación forzada y la fumigación aérea.
A partir de 2014, durante el segundo mandato de Santos, se observó un repunte sostenido, asociado al cambio de estrategia hacia la sustitución voluntaria de cultivos y al proceso de paz con las Farc. En los años siguientes, bajo el gobierno Duque, el área sembrada se mantuvo alta, superando las 150.000 hectáreas, a pesar de los esfuerzos de interdicción.
Finalmente, con la llegada de Petro (2022), la tendencia al alza se ha mantenido, alcanzando en 2024 la cifra más alta registrada desde que existen mediciones oficiales: 262.000 hectáreas.

En otra página de esta historia está el fracaso de la política de erradicación forzada, que en lo corrido del año apenas alcanza 5.687 hectáreas, según cifras de la Policía, y se encuentra prácticamente paralizada desde la descertificación de Estados Unidos a mediados de septiembre.
Pese a ello, el presidente Petro sostiene que su estrategia antidrogas ha sido exitosa, argumentando que las incautaciones de cocaína han aumentado. No obstante, las cifras de producción muestran una tendencia opuesta: en 2021, Colombia produjo 1.400 toneladas del alcaloide. En 2022, la cifra se elevó a 1.738 toneladas. En 2023, la producción alcanzó 2.664 toneladas, la más alta registrada en la historia.
Ahora, sin informe —y sin certeza sobre cuándo se publicará—, y con el único dato suministrado por el presidente en su cuenta de X, el país queda con la duda de cómo está realmente el fenómeno del narcotráfico. Al margen de las acciones de cada mandatario, se trata de un negocio que, al menos por las hectáreas sembradas, en Colombia sigue en expansión.
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