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Ilustración para Perdida en el fuego de David Marín García

Perdida en el fuego: la obsesiva investigación de un civil que convierte al edificio del Palacio de Justicia en un testigo incómodo e insobornable

Ilustración del plano del palacio original y el palacio ardiendo en llamas. Créditos: Tatiana Tocora/Yamith Mariño.

De David Marín García se podría decir que es el civil que más y mejor conoce las entrañas calcinadas del Palacio de Justicia. Su investigación sitúa los hechos relatados en el expediente original en una maqueta tridimensional creada con los planos originales del edificio. CAMBIO conversó con él sobre su obsesión y método para registrar las 28 horas de toma y retoma del palacio que le permitieron recrear cómo, según sus hallazgos, el Ejército llevó a cabo una operación de “aniquilamiento” que nun

Por: Juan Francisco García

La matriz en Excel que da cuenta de lo que pasó en cada uno de los rincones, despachos, escaleras, baños, restaurante, sótano, azotea, cuartos de servicio, corredores, entradas y salidas del Palacio de Justicia durante las 28 horas que duró su toma y retoma entre el 6 y 7 de noviembre de 1985, pesa 140 GB y para consultarla requiere un computador de alta potencia.  

Para construirla, durante cuatro años y con jornadas de trabajo de 14 horas diarias, David Marín García leyó, ordenó, clasificó y consignó en una exhaustiva e inédita línea del tiempo el expediente original de la masacre –con los testimonios de las 1.200 personas que relataron los hechos a jueces de instrucción durante la primera semana y hasta pasados unos meses de la sanguina–. 

Además, su modelo incluyó los casetes con cinco horas de grabación de la comunicación radial de las Fuerzas Militares durante la orgía de sangre que llevaron a cabo para “defender la democracia”, entrevistas directas con los sobrevivientes y con dos miembros de la guerrilla del M-19 que tuvo como misión la toma del palacio.  

No satisfecho con su labor, Marín García se consiguió los planos originales del Palacio de Justicia y contrató a una firma de arquitectos para crear una maqueta digital tridimensional única en su tipo que le permitiera cerrar el círculo de su investigación: sumarle a la cronología de los hechos el correlato espacial del edificio en el que murieron masacradas más de 100 personas.

Por su cuenta, acudió a médicos, forenses y excombatientes de fuerzas regulares e irregulares para agotar las posibilidades de defensa y ataque, trazar las líneas de tiro y los desplazamientos, desmentir “leyendas” que han sido tomadas como ciertas durante décadas y recrear, con un alto grado de precisión, cómo, según sus hallazgos, el Ejército de Colombia habría ‘consumado la orden’ de asesinar al suplicante, inerme y herido presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía.  

Perdida en el fuego, el libro que ya está en las librerías del país bajo el sello de Planeta, es el registro por escrito de la obsesión y los hallazgos de un ciudadano de a pie que, indignado por las sombras de las convenientes narrativas que han imperado en torno a uno de los hitos más dolorosos, vergonzantes y sanguinarios de nuestra historia, hizo del esclarecimiento de la verdad su pulsión de vida. Hasta convertirse, con altísima probabilidad, en el civil que más conoce las entrañas podridas y calcinadas del edificio que aún arde en nuestra memoria colectiva. 

David Marín García
David Marín García, autor de Perdida en el fuego y seguramente el civil que más sabe sobre lo que se perdió en el fuego en el Palacio de Justicia. Créditos: David Marín García.

CAMBIO: Años de investigación, cientos de horas de lectura y clasificación del expediente, riesgos personales, millones invertidos, ¿por qué se obstinó en llevar hasta sus límites la investigación de Perdida en el fuego?

David Marín García: Yo quiero creer que al menos la mitad de los colombianos, de toparse de frente con el expediente original del Palacio de Justicia, se hubieran leído sus 40.000 folios. A todos nos han vendido el cuentazo de que lo que pasó allá adentro es imposible de esclarecer, y ese ha sido el abono para sembrar un montón de mentiras que nadie ha controvertido con método y seriedad. Le diría que el gran sustento de mi investigación es la curiosidad, que es algo que espero nos siga acompañando como humanidad por el tiempo que nos queda.

Y claro: en mi caso hubo circunstancias especiales para poder dedicarme, por cuatro años en jornadas de 14 horas diarias, a leer el expediente y alimentar la matriz. Alguien a quien le tocara trabajar de nueve a cinco, este trabajo le hubiera tardado quizá 15 años.

CAMBIO: ¿Qué tan compleja es la herramienta que usted construyó?

D.M.G.: La herramienta, que en pocas palabras es un documento de Excel en el que están ordenados los hechos, hora por hora, en cada rincón del palacio desde que empezó la toma hasta que concluyó 28 horas después, pesa 140 GB… ¡Lo reto a encontrar otro Excel que pese lo mismo!

Ilustración del Palacio de Justicia (1)
Ilustración del Palacio de Justicia visto desde la carrera 8 y la Plaza de Bolívar. Créditos: Tatiana Tocora.

Pero más allá del peso y las múltiples variables que contempla, es una herramienta precisa y simple que permite simular la vivencia de las personas implicadas, como me pasó hace ocho días cuando al terminar una entrevista el periodista me preguntó por el destino de su tía, sobreviviente del palacio. Al meter su nombre en la matriz, pude decirle con precisión para qué magistrado trabajaba, en qué oficina estaba durante la toma y hasta el contenido de la declaración en la que ella confirmó como guerrillera a Irma Franco. El periodista, por supuesto, no tenía ni idea del caso. 

CAMBIO: ¿Cuáles son los grandes hallazgos de su libro?

D.M.G.: La gran revelación es una y es que a Alfonso Reyes Echandía lo asesinó el Ejército. Y no como consecuencia de fuego cruzado ni como resultado de un disparo mal dirigido o un subproducto de nada: Al señor le disparan sabiendo que es él, en lo que jurídicamente se llamaría una conducta dolosa. Este es el hallazgo más grande de las 28 horas porque permite hacer toda clase de elucubraciones. ¿A quién le convenía que la historia del palacio no fuera la historia del Ejército sino la del presidente de uno de los tres poderes del Estado dolosa y deliberadamente asesinado por una operación “de rescate” en la que primero lo bombardearon, después intentaron ametrallarlo con infantería hasta que, finalmente, cuando los guerrilleros que lo retuvieron se entregaron diciendo que Echandía estaba herido y debía ser atendido, deciden dispararle a pocos metros y dejar que su cuerpo se consuma por un incendio que acaban de generar?

Esto da paso a muchas teorías en las que yo no me meto porque quiero llegar a viejito…

CAMBIO: Me obliga a preguntarle, ya no por el cómo y el qué del asesinato de Reyes Echandía, que usted recrea con precisión inédita en su libro, sino por el porqué. ¿Por qué los altos mandos dan la orden de asesinar a la cabeza del poder judicial colombiano?

D.M.G.: Acá quiero ser muy claro en que esta respuesta se la doy como una opinión mía que no compromete el rigor de mi investigación, aunque su sustento puede encontrarse en el último capítulo del libro –que tenía como remitente a Rafael Samudio Molina, que murió antes de que Planeta publicara _Perdida en el fuego_–.

Meses antes de la histórica sentencia contra las juntas en Argentina en diciembre de 1985, en Colombia el Consejo de Estado emitió un fallo sin precedentes en contra del expresidente Julio César Turbay, el general Luis Carlos Camacho Leyva, el general Miguel Vega Uribe y otros por la tortura de Olga López Jaramillo. Aunque el fallo es por un único caso, en la redacción de la sentencia el Consejo de Estado deja claro que la práctica de tortura por la que se les condena es sistemática. 

Ilustración del Placio (2)
Ilustración del Palacio de Justicia exterior e interior basada en los planos originales. Créditos: Tatiana Tocora.

Como el Estado colombiano nunca se sublevó contra los intereses de Estados Unidos, acá no hubo necesidad de implantar dictaduras como sí pasó en Chile y en Argentina; pero sí que había unas Fuerzas Militares que le obedecían a ciegas a los gringos en su cruzada anticomunista en América Latina. Y entonces los jueces, con el fallo que acabo de mencionar, le ponen un límite a la forma de proceder de las Fuerzas Militares y por eso yo incluyo en el libro el apartado que dice: 

Las instituciones democráticas tienen el derecho y el deber de defenderse y el ejercicio de tal potestad es perfectamente legítimo, pero lo que resulta inadmisible, contrario a derecho, es que, para mantener la democracia y el Estado de derecho, el Ejecutivo utilice métodos irracionales, inhumanos, sancionados por la ley, rechazados por la justicia y proscritos mundialmente por todas las convenciones de derechos humanos (…) 

Lo que sostengo no es, de ninguna manera porque no tengo cómo probarlo, que Samudio y Vega aprovecharon la retoma del palacio para dar la orden de asesinar a los magistrados, sino que no podemos obviar que su aniquilamiento se dio justo después de que estos les hubieran puesto un tatequieto a las fuerzas del Estado y le hubieran dejado claro que no podían abusar de su poder, desaparecer y torturar personas, y mucho menos alegar que lo hacían para defender la democracia… 

Los desaparecidos no desaparecidos sino asesinados

CAMBIO: ¿El uso de su herramienta desvirtúa categóricamente que Carlos Uran salió con vida del palacio para luego ser asesinado y vuelto a enterrar en los escombros como lo afirma este video? ¿Tiene algo por decir del porqué de su ulterior aparición, en Medicina Legal, desnudo y como N.N.?

D.M.G.: Absolutamente nada diferente a que, contextualizadas las circunstancias de tiempo, modo y lugar hasta agotar las diferentes posibilidades de explicación del conjunto de heridas presentes en el cadáver del señor Uran, es física y fisiológicamente imposible que esa persona estuviera con vida al momento en el que se registró el video en que afirman reconocerlo saliendo del edificio por sus propios medios. Toda explicación que no dé cabal cuenta de ese contexto previo es necesariamente falaz. 

CAMBIO:  ¿Cuál es su hipótesis, acudiendo a su herramienta y matriz, sobre los casos de Carlos Augusto Rodríguez Vera y Bernardo Beltrán Hernández, hoy dado por desaparecido? ¿Concluye que murieron gracias a la operación de retoma del palacio por balas del Ejército? ¿Le da viabilidad a la afirmación de que salieron con vida para posteriormente ser torturados y asesinados por agentes del Estado? 

D.M.G.: El expediente contiene muy pocos testimonios que den cuenta de la suerte individual del señor Rodríguez. Los que hay lo ubican hablando con el administrador del edificio en simultáneo con el estruendo del ingreso de los camiones y los primeros intercambios de disparos. Según esos mismos, el señor Rodríguez se dirigió de inmediato, afanosamente, al restaurante. Después de eso, la visión de los testigos da cuenta de un grupo de personas que corresponde a los ocupantes de ese recinto (guerrilleros y civiles –ya hechos, estos sí, rehenes–) en el tránsito de recorrer el pasillo suroccidental del tercer piso, camino de la cuarta planta. 

Ilustración 3 del Palacio de Justicia.
Ilustración de la escalera abierta que lleva al mezanine y, abajo, el restaurante. Créditos: Tatiana Tocora.

Lo sucedido en planta alta es un conjunto de circunstancias que son comunes a todos los ocupantes de ese piso (con tres excepciones muy particulares de las que, para este efecto, sobra dar explicación, excepto que estaban a gran distancia del sector donde la guerrilla tenía planeado hacerse fuerte; que es el mismo lugar donde en efecto se acopiaron los rehenes, y donde se dieron los hechos de la masacre de las 21 horas del 6 de noviembre). 

Aun si lo que causó la muerte de cada uno varía (algunos mueren baleados, otros reventados por explosivos, otros ahogados por el humo del incendio, etcétera), la ocurrencia de esas violencias es sincrónica y se da en un espacio muy reducido. De casi todas las personas presentes en el restaurante de las que no se conoció su paradero y se agruparon arbitrariamente como el grupo homogéneo “desaparecidos del Palacio de Justicia”, han sido identificados los restos y TODOS corresponden con víctimas de las violencias aplicadas por la fuerza pública sobre el cuarto piso.

De la casi totalidad de las personas presentes en el restaurante de las que no se conoció su paradero y se agruparon arbitrariamente como el grupo homogéneo “desaparecidos del palacio de justicia”, han sido identificados los restos y TODOS corresponden con víctimas de las violencias aplicadas por la fuerza pública sobre el 4o piso.

Sin contar con la identificación de sus restos para poder conocer las heridas particulares que sufrió, dónde fue hallado el cadáver, etcétera, al momento, solo se puede extender como explicación sobre el señor Rodríguez que: es muy probable que haya compartido la misma suerte de sus subalternos y otros visitantes ocasionales que ya han sido identificados y sus suertes esclarecidas.

En el caso del señor Beltrán Hernández, como ya fue identificado, se sabe a ciencia cierta que había sido levantado, procesado y entregado equivocadamente como una de las víctimas del cuarto piso.

CAMBIO:  ¿Además de Irma Franco, cuya desaparición y muerte extrajudicial se reconoce en el libro, usted como autoridad en el tema, reconoce algún otro caso similar de guerrilleros, magistrados, visitantes ocasionales o trabajadores del palacio que hayan corrido con la misma suerte?

D.M.G.: Al aplicar las tres conductas que en conjunto constituyen el tipo penal “desaparición forzada” –retención CON VIDA, no presentación ante autoridad judicial y luego no aparición de esa persona ni viva ni muerta– habría un individuo miembro del grupo guerrillero de quien se podría afirmar que fue víctima de ese delito.

La identidad, por tratarse apenas de una hipótesis, no la voy a divulgar públicamente. En 2020 intentamos en vano dar noticia del hallazgo a la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, la JEP y la CEV y otros, sin obtener respuesta alguna. En todos los demás casos que se han reclamado como desapariciones forzadas en años recientes, la explicación ofrecida no soporta ningún cruce con la evidencia puesta en el correcto contexto de tiempo, espacio, manera de muerte y otros. Lo que se ejecutó sobre Yolanda Santodomingo y Eduardo Matson es, de principio a fin, ejemplo patético de la ejecución precisa de ese tipo penal. Otros corrieron suertes similares y estuvieron, así fuera por brevísimo espacio de tiempo, en esa misma condición. A pesar de que hayan salido vivos de la experiencia. Se me ocurre, por ejemplo, el nombre del funcionario Arrechea Ocoró.

Libro Perdida en el fuego

CAMBIO: Su libro puede ser leído por los más radicales como una apología a la operación del M-19. ¿Usted justifica la toma del palacio como una reacción legítima a los incumplimientos del gobierno?

D.M.G.: No. En muchas entrevistas y en todos lados he dejado claro que para mí lo que hizo el M-19 fue de una irresponsabilidad suprema. Desde el personal mismo con el que planearon la operación que sufrió duros recortes por falta de plata. Mi lógica es que uno no se gasta lo que no tiene, y esta gente puso a sus mejores cuadros políticos detrás de una operación suicida que estaba destinada al fracaso desde su planeación. ¿Qué retaguardia militar podía haber en un edificio con una única puerta en el sótano y otra única puerta en la Plaza de Bolívar? La operación de retoma oficial era tan sencilla como poner un tanque en cada puerta, asegurarse que nadie entrara o saliera hasta que la misma desesperación de los rehenes los hubiera obligado a negociar. La gente que sí sabía de combate en el M-19 le advirtió a la comandancia que les iban a dar por el culo, y aun así decidieron meterse. 

Y, además, leyeron mal el escenario y pensaron que iban a recibir una respuesta política ante una operación militar. No supieron leer que la guerra del 85 era ya una guerra absolutamente sucia.  Así que tienen una responsabilidad enorme y un peso con el que van a cargar toda la vida.  

CAMBIO: ¿Cuál es el destino ahora de su matriz y herramienta?

D.M.G: En la Comisión de la Verdad desestimaron mi investigación aun cuando le advertí que epistemológicamente su informe estaba en el deber de considerarla para no seguir alimentando leyendas de los hechos. Yo tengo dos compromisos: con los entornos académicos que quieren conocer mi trabajo y con las familias de las víctimas que me buscan para tener información rigurosa sobre lo que pasó en el palacio. Sé que no tengo la verdad absoluta, pero sí una reconstrucción muy rigurosa que hasta ahora les ha servido a todos los que me han buscado.

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