
El pueblo pescador de La Mojana que se convirtió en un desierto
Los corregimientos de Sucre han sufrido El Niño como pocos. Mientras el hambre acecha, sus habitantes anhelan la llegada de las lluvias, que traerán otros problemas. ¿Cómo se vive en una tierra donde el agua y las sequías son implacables?
Por: Pía Wohlgemuth N
Por las grietas del suelo, gris y roto como el de los desiertos más áridos, emergen algunas plantas que comienzan a tragarse los cascarones de las conchas secas. Las aves se reúnen sobre el único rastro de agua que se encuentra después recorrer más de 3 kilómetros en moto por esta ciénaga seca. Es un oasis engañoso. Sus aguas, que se mueven con cualquier ventarrón, sacan a flote docenas de peces muertos. El sol, ardiente y bochornoso, acentúa el olor a podrido y quema con una furia que parece intencional.

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