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País

¿Por qué Colombia no mejora en las Pruebas Pisa?

El escritor y rector del colegio El Sabio Caldas analiza por qué a Colombia no le va bien en las pruebas PISA. Los presupuestos para la educación han aumentado, pero hay un reto enorme frente a la calidad de la misma. Diez dirigentes del sector aportan sus ideas para iniciar una transformación educativa en el país.

Por: Santiago Espinosa

A finales del año pasado se conocieron los resultados de las Pruebas PISA. Colombia bajó en las tres áreas evaluadas: lectura (perdimos cuatro puntos), ciencias (perdimos tres) y matemáticas (caímos 8 puntos, de 391 a 383). El presidente Gustavo Petro, en una alocución presidencial, analizó estos resultados como “un fracaso del sistema educativo”. Una lectura más atenta sería menos catastrofista. En el año 2022 ocurrió la mayor caída desde que se realizan estas pruebas—una hipótesis inicial son los estragos de la pandemia—, y los resultados de Colombia se mantuvieron más o menos estables.

Si miramos el promedio de los 81 países que presentaron la prueba, hubo un descenso de diecisiete puntos en matemáticas, once puntos en lectura y cuatro puntos en ciencias. La caída de Colombia fue muchísimo más baja que la del promedio de los países. Lo que es indudable es que los resultados no son buenos. Desde que Colombia participa de estas pruebas (2006), siempre ha estado en los últimos lugares, al punto que podríamos hablar de quince años de relativo estancamiento. Los presupuestos en educación han aumentado de manera significativa; hoy hay más cobertura que nunca; y, en muchos lugares, mejores instalaciones; las condiciones son más favorables para todos los maestros de colegios oficiales, pero a pesar de estos esfuerzos la calidad educativa sigue siendo una tarea pendiente.
Es evidente que los colegios son mucho más que estos tres indicadores académicos. En sus instalaciones ocurre el encuentro de la comunidad y la educación para la paz, la atención prioritaria a las familias y hasta la alimentación de los niños. Aspectos fundamentales como el trabajo en equipo y el desarrollo de las emociones, la convivencia y la inclusión en las diferencias, la ética o el proyecto de vida de los estudiantes, no son evaluados por estas pruebas. En lo que podríamos estar de acuerdo es en que ninguna educación de calidad podría prescindir de las habilidades de lectura, fundamentales, además, para la construcción de una democracia; ni de las capacidades de un pensamiento analítico o científico. Ahí podrían estar la mayoría de los empleos del futuro.

Estos resultados nos dicen que menos de la mitad de nuestros estudiantes, el 49%, comprenden propiamente lo que leen. Algo muy parecido ocurre en ciencias. En las matemáticas básicas que demandan los trabajos del siglo XXI, el 71% no tiene las habilidades, y casi ningún estudiante colombiano tiene un desempeño superior en esta materia.

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