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El último viaje a la zona donde 99 personas dejaron las armas
El 18 de junio llegamos a la ZUT donde 86 hombres y 13 mujeres que pertenecían al grupo armado Comandos de Frontera (estructura de la Coordinadora Nacional EB) dejaron las armas, cambiaron sus camuflados por camisetas, y se quitaron los chalecos y los morrales donde llevaban 24.000 municiones.
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El último viaje a la zona donde 99 personas dejaron las armas

Gloria Arias Nieto relata el último viaje de los delegados del Gobierno a la Zona de Ubicación Temporal del Valle del Guamuez, donde hombres y mujeres que dejaron las armas intentan construir una nueva vida.

Por: Gloria Arias

Es nuestro último vuelo a Puerto Asís como delegados del gobierno a la mesa de paz: 3 de agosto de 2026. Un viaje lleno de una nostalgia que se adhiere como una segunda piel y alarga el ritmo de la respiración para que el día no se acabe.

Todo lo que se ve desde la ventanilla del avión es verde. Las copas de los árboles, el horizonte, el trópico... Putumayo es selva y ríos, es aguaceros que rompen el cielo, cascadas, micos y jaguares; hojas y helechos gigantes que son el hogar de osos, tucanes y anacondas. 
 

Luego de 90 minutos de vuelo: aterrizamos en el aeropuerto 3 de Mayo. 

Dos horas por una buena carretera; muchas motos, cada una con 2 o 3 pasajeros;  un burro con un colchón en la espalda pasa junto a nosotros; pasan perros, garzas blancas; una niña que no tiene ni tres años empuja una carretilla con gallinas;  pasa la gente que trabaja la tierra y vive en casas de madera, entre flores y barro.

Llegamos a La Hormiga, cabecera municipal del Valle del Guamuez. Cada tres metros hay una tienda con ropa, estufas y flotadores para usar en el río; pan dulce, asaderos, chigüiros de madera y collares de plumas y chaquiras. 

Seguimos. Luego de andar 40 minutos por una carretera destapada y de cruzar un río en la camioneta, llegamos a la ZUT (zona de ubicación temporal y capacitación integral) donde el 18 de junio 86 hombres y 13 mujeres que pertenecían al grupo armado Comandos de Frontera (estructura de la Coordinadora Nacional EB), dejaron las armas, cambiaron sus camuflados por camisetas, y se quitaron los chalecos y los morrales en los que llevaban 24.000 municiones. Ese día, 99 personas de 18 a 64 años decidieron pasar la página de la violencia, “porque eso, ¿cómo le explico? la guerra no sirve, uno se aleja de todo y las mamás sufren mucho porque creen que uno ya está muerto”.

Ahí están en la ZUT del Valle del Guamuez las 99 personas que voluntariamente y gracias a los diálogos de paz y a un grupo armado que cumplió lo prometido, eligieron ser parte de la vida civil, y ver crecer a los hijos, estar presentes cuando se mueran los abuelos y el cura bautice a la niña del compadre.

Los vimos llegar el 18 de junio; vimos cómo se bajaban del helicóptero con su arsenal a cuestas, cien preguntas en la frente y una luz de esperanza en los ojos. Los vimos limpiar por última vez su fusil, montar sus chinchorros y esperar a sus compañeros. Sabían que en la tarde entregarían sus armas y -para siempre- les cambiaría la vida.
 

Cuando entraron a la ZUT el 18 de junio, Jaramillo y sus 98 compañeros dejaron armas, municiones y uniformes, y las cambiaron por camisetas blancas y una vida en paz.

Un equipo de la oficina del Comisionado de Paz, operadores y esquemas de seguridad han sido sus ángeles guardianes.

Los delegados fuimos a visitarlos en 4 ocasiones y semanalmente nos reunimos virtualmente con ellos (las primeras antenas de la región, llegaron con la ZUT). Hemos seguido paso a paso cada día, cada noche, sus traslados al hospital por leishmaniasis, sus infecciones, sus miedos, la construcción de su cancha de futbol y de un gimnasio con pesas de cemento; las eucaristías, las rumbas sin alcohol; la pareja que se quiere casar; la enfermería, las clases de la ESAP y las visitas del SENA. Pronto empezará a funcionar la biblioteca, 100 libros, 100 mundos.

El 3 de agosto regresamos al último encuentro como delegados a la mesa. Recorrimos las casas, los murales que pintaron en las fachadas con dibujos de montañas, taitas, ríos y palomas; hay uno en homenaje a Armando Novoa, nuestro jefe, el “papá de nuestra paz” como lo llaman algunos.

Varios periodistas nacionales y del mundo viajaron con nosotros y registraron la historia y la esperanza de estas 99 personas. 

Ese lunes acordamos que montarán un negocio de pollos para enviar algo de dinero a sus familias mientras llegan los aportes de la ARN. Acordamos la adecuación de una de las casas para alojar por un par de días a las familias que viven muy lejos y llegarán a visitarlos y la construcción de una poceta para bañarse en el río. Acordamos que no estarán solos y que haremos cuanto esté a nuestro alcance para que el nuevo gobierno los conozca y los escuche. 
 

Los tres delegados: Gloria Arias, Armando Novoa y Parmenio Cuellar, el día del ingreso a la ZUT en Valle del Guamuez, Putumayo

La ZUT es un pequeño mundo en el que “todo pasa y todo queda”. Mientras estábamos allá, una joven que iba a encontrarse con su pareja, falleció justo antes de llegar, por una insuficiencia renal. Solidaridad y colecta entre compañeros, escoltas, funcionarios, delegados y países garantes, para pagar el traslado de su cuerpo, el ataúd y las exequias.

A la una de la tarde las cocineras (entre ellas la novia de uno de los 99 desmovilizados que pidió trabajo para estar cerca de él) anunciaron que ya estaba listo el sancocho para el almuerzo.

Luego, siete de los ex combatientes se turnaron para leer cada uno un párrafo de la carta que le escribieron al presidente De La Espriella: Ratifican en ella su compromiso con la paz, reconocen sus errores y expresan su decisión de no volver a la violencia.

 Ojalá al presidente la lea y al Estado les cumpla.

Nos quedamos allá hasta pasado el atardecer. Nos despedimos con 99 abrazos. Y nos llevamos 99 historias que por siempre habitarán nuestra vida. 

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