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Preparar la jubilación empieza mucho antes de la vejez
Muchas personas aspiran a que la vejez sea una etapa de descanso, pero para eso es necesario construir hábitos financieros saludables con anticipación I FOTO: Magnific.
Peso a peso, paso a paso

Preparar la jubilación empieza mucho antes de la vejez

Ahorrar, controlar los gastos, reducir deudas y planear con tiempo permite prepararse para una jubilación con mayor tranquilidad y autonomía.

La vejez es una etapa que, aunque todos sabemos que llegará, suele verse como un asunto lejano frente a las urgencias del presente: pagar cuentas, sostener el hogar, responder por la familia o cumplir metas de corto plazo. En medio de esa rutina, pensar en cómo sostener el bienestar en los años que vienen suele aplazarse.

Sin embargo, preparar la jubilación no empieza cuando termina la vida laboral, sino que comienza mucho antes, con decisiones pequeñas y sostenidas como ordenar las finanzas, controlar los gastos, ahorrar con propósito, evitar deudas innecesarias y conocer las opciones disponibles para que el dinero no se quede quieto.

Además de llegar con un buen estado de salud, muchas personas aspiran a que la vejez sea una etapa de descanso, autonomía y mayor tranquilidad. Pero para eso es necesario construir hábitos financieros saludables con anticipación. No se trata de hacer cambios drásticos de un día para otro, sino de entender cómo las decisiones de hoy pueden influir en la calidad de vida de mañana.

El primer paso es crear una base financiera sólida antes de jubilarse. Saber cuánto dinero entra, cuánto sale y en qué se gasta permite tomar decisiones más aterrizadas. Ese orden también ayuda a identificar gastos que pueden reducirse y recursos que podrían destinarse al ahorro, a una inversión o a un fondo de emergencias.

Una referencia práctica es la regla 50/30/20: destinar el 50 por ciento de los ingresos a necesidades básicas, el 30 por ciento a gustos y el 20 por ciento al ahorro. No es una fórmula rígida ni aplica igual para todas las personas, pero puede servir como punto de partida para ordenar las prioridades y encontrar un equilibrio entre el presente y el futuro.

Otra recomendación es conocer cuánto necesitará para vivir en el futuro. Pensar en la jubilación implica preguntarse cómo se quiere vivir esa etapa y cuánto dinero se podría necesitar para hacerlo con tranquilidad. Estimar los gastos futuros y las fuentes de ingreso con las que se contará permite definir una meta financiera de largo plazo y construir, paso a paso, el capital necesario para alcanzarla. Cuanto más temprano se haga este ejercicio, más tiempo habrá para prepararse y aprovechar el crecimiento del ahorro y las inversiones.

Ahorrar con propósito también ayuda a sostener el hábito. Guardar dinero para “el futuro” puede sonar abstracto; hacerlo para conservar autonomía, tranquilidad o bienestar en la vejez le da más sentido al esfuerzo. No siempre se empieza con el monto ideal. A veces basta con una cantidad pequeña, siempre que sea periódica y se mantenga en el tiempo.

Algo similar ocurre con las inversiones. Si están dentro de las posibilidades de cada persona, pueden complementar el ahorro y ayudar a que el dinero crezca. La clave es hacerlo con información, de acuerdo con las metas, el perfil de riesgo y la realidad financiera de cada quien. Incluso montos pequeños pueden tener un efecto importante con los años gracias al interés compuesto, es decir, cuando los rendimientos también generan nuevos rendimientos.

Algunos expertos estiman que en la vejez se necesita entre el 70 por ciento y el 90 por ciento de los ingresos actuales para mantener el estilo de vida. Por eso, no conviene depender únicamente del plan pensional, sino que también es importante trabajar, en la medida de lo posible, en fuentes de ahorro, inversión o ingresos complementarios.

La gestión de las deudas es otro punto central. Llegar a la vejez con obligaciones financieras pesadas puede reducir la tranquilidad y limitar la capacidad de decisión. Por eso, conviene revisar qué deudas existen, cuáles tienen intereses más altos y cuáles deberían cerrarse antes de la jubilación. Evitar nuevas obligaciones innecesarias también permite conservar flexibilidad para las etapas que vienen.

La salud merece una planeación aparte. Anticiparse a posibles gastos médicos, revisar opciones de cobertura y conocer las condiciones de los servicios disponibles puede evitar decisiones apresuradas en momentos difíciles. En la vejez, el bienestar financiero y el bienestar físico suelen estar más conectados de lo que se piensa.

El plan, además, no debería quedarse quieto. La vida cambia: cambian los ingresos, la familia, las responsabilidades, los proyectos y también las necesidades. Por eso es importante revisar periódicamente las decisiones financieras y ajustarlas cuando sea necesario.

“No se trata solo de ahorrar”

“Hablar del futuro financiero es empezar a tomar decisiones desde hoy. Organizar los ingresos, construir hábitos responsables y aprovechar herramientas disponibles permite ganar tranquilidad y mayor control sobre lo que viene. No se trata de hacerlo perfecto, sino de avanzar de forma constante y consciente para construir el bienestar que cada persona quiere vivir”, comentó Luis Ignacio Gómez, vicepresidente de Mercado de Capitales del Grupo Cibest.

Preparar la jubilación no significa vivir con miedo al futuro ni renunciar al presente, sino reconocer que la tranquilidad de los próximos años también depende de las decisiones que se toman desde ahora. Ahorrar, planear y ordenar las finanzas puede ser una forma concreta de cuidar la vejez antes de que llegue.
 

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