
¿Cuál es realmente el peso y la influencia de Colombia en el contexto global?
CAMBIO será escenario de lo bueno, lo malo y lo feo de la política exterior de Colombia
Entre tensiones diplomáticas con los vecinos —Ecuador y Perú, principalmente—, la frágil relación con el Gobierno de Donald Trump y la búsqueda de nuevos mercados en países lejanos, Colombia reconfigura su lugar en el tablero internacional. ¿Cuáles serán los resultados de estas apuestas? Análisis.
Por: Armando Neira
Colombia atraviesa un momento de redefinición en su política exterior y en su posicionamiento internacional. Entre tensiones diplomáticas con los vecinos —Ecuador y Perú, principalmente—; distaciamiento con socios de toda la vida —como Argentina, y a la espera de los resultados de las elecciones en Chile, que serán decisivos para los lazos entre Bogotá y Santiago—; la frágil relación con el gobierno de Donald Trump; la controvertida postura frente al régimen de Nicolás Maduro y la búsqueda de nuevos mercados en países lejanos, Colombia está reconfigurando su lugar en el tablero internacional.
¿Está Colombia perdiendo peso e influencia regional por la falta de una política exterior coherente y estratégica en medio de un contexto global cambiante? ¿Cómo han impactado las tensiones diplomáticas recientes —particularmente con Estados Unidos e Israel— la credibilidad del país en el escenario internacional? ¿Qué lugar real ocupa Colombia en los grandes debates globales sobre transición energética, migración, derechos humanos y lucha contra el narcotráfico? Son preguntas que gravitan entre los expertos y que CAMBIO examinará en el marco del foro Perspectivas País 2026.
Enrique Prieto Ríos, profesor de la Universidad del Rosario y profesor visitante de la Universidad de Boston, le dice a CAMBIO que, en medio de todos estos movimientos, Colombia continúa teniendo una influencia regional muy importante en tres aspectos esenciales.
Primero, en lo relacionado con la protección de la biodiversidad. Para este investigador, sin duda, el país emergió como un líder sólido cuando fue anfitrión de la COP, y a nivel internacional ha mantenido un discurso constante sobre la necesidad de proteger la biodiversidad como un asunto de interés para la humanidad.

En segundo lugar, en la transición de energías no renovables a energías renovables. Colombia también ha sido líder a nivel regional, algo que se refleja en políticas internas como la reducción de la exploración y explotación de petróleo —con sus críticas económicas internas, pero con coherencia discursiva internacional—.
La defensa de los Derechos Humanos
En tercer lugar —un tema poco discutido—, Colombia, bajo el Gobierno de Gustavo Petro, ha buscado fortalecer el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, no solo desde el compromiso económico sino desde el ejemplo: admitir errores, reparar víctimas y promover acuerdos amistosos ante la Comisión Interamericana y, en algunos casos, ante la Corte. “En esos tres temas hemos sido consistentes, en parte por el liderazgo de Cancillería y otras instituciones, incluida la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado”, anota Prieto Ríos.
Pero, ¿dónde se ha perdido relevancia regional? Para los expertos, es evidente que ha sido en el campo de la lucha contra las drogas y, en general, en temas de seguridad relacionados con el tráfico de personas y las organizaciones criminales transnacionales.
También se evidencia en la histórica relación con Estados Unidos, donde tradicionalmente Colombia ha sido un aliado principal y un interlocutor regional. Esa influencia se ha debilitado. Además, la inclusión del presidente Gustavo Petro y de su ministro del Interior en la lista OFAC, justo cuando al gobierno le quedan seis meses, tendrá impacto en su rol dentro de la CELAC. La reciente reunión, con múltiples cancelaciones, mostró una pérdida de cohesión regional.

En otro plano, fuera de las Américas, preocupa que embajadas estratégicas —como la del Reino Unido— estén ocupadas por personas sin dominio del idioma ni experiencia diplomática, lo que implica pérdida de oportunidades con países históricamente aliados en temas de drogas, derechos humanos y medio ambiente. Esto contrasta, por ejemplo, con la Embajada en Estados Unidos, que hoy cuenta con un embajador con todas las credenciales.
También inquieta que se esperaba un fortalecimiento de la carrera diplomática, fundamental para las relaciones bilaterales, las negociaciones internacionales y la participación en organismos multilaterales. “Sin embargo, el gobierno ha mantenido un esquema 50-50 de nombramientos: 50% acertados, 50% desacertados”, dice Prieto Ríos.
Embajadores con deficiencias
Para él, no se fortaleció la carrera; incluso se pretende bajar requisitos, y eso debilitará aún más la capacidad del país en escenarios globales. Aunque hay nombramientos destacados, otros son muy deficientes, dicen los expertos, como el caso de Laura Sarabia en Londres, quien asumió el cargo sin saber inglés.
Por su parte, Eduardo Pastrana, analista político e internacional, en conversación con CAMBIO sostiene que Colombia ha venido perdiendo influencia regional desde el Gobierno de Iván Duque; no es un fenómeno exclusivo del Gobierno de Gustavo Petro.
Para este docente e investigador, hasta el Gobierno de Santos, Colombia logró romper su aislamiento, reconstruir relaciones con los vecinos tras el deterioro del periodo Uribe, establecer sinergias con Brasil y avanzar en proyectos de infraestructura, seguridad y energía en el marco de UNASUR. También restableció relaciones con la Unión Europea, que se habían debilitado por el enfoque militarista del Plan Colombia y del Plan Patriota.
Durante el Gobierno Duque, con su llamada “diplomacia para la legalidad”, se apostó por el cambio de régimen en Venezuela a través del Grupo de Lima, siguiendo la línea de los sectores más duros del primer gobierno de Donald Trump. Esto desgastó al gobierno, fracturó la región y frenó procesos como la Alianza del Pacífico. “Duque no firmó un solo tratado de libre comercio y apostó por ProSur, que no pasó de ser un espacio de coordinación limitado, aumentando la crisis del regionalismo. Además, la ruptura de relaciones con Venezuela permitió la expansión del crimen organizado en la frontera”, dice Pastrana.

Este catedrático afirma que, con Petro, no existe una estrategia clara de política exterior. ¿Por qué? Hay una diplomacia presidencialista, una diplomacia de redes sociales, reactiva y sin carta de navegación, responde.
Y explica: Aunque se ha insistido en la descarbonización y en temas ambientales en foros internacionales, no hay capacidad financiera ni liderazgo regional para convertir esas propuestas en acuerdos concretos. Tampoco se ha fortalecido la Alianza del Pacífico ni se ha impulsado una estrategia regional coherente.
La mirada en el 2026
A nivel global, Colombia no tiene una posición definida frente a la transición hacia un mundo multipolar, donde China, India y otras potencias emergentes reconfiguran el orden mundial. No existe un enfoque de no alineamiento activo que permita evitar quedar atrapados entre grandes potencias. Tampoco existe un documento de estrategia de Estado que defina amenazas, riesgos, objetivos y medios en política exterior.
La diplomacia presidencialista y reactiva ha debilitado aún más la credibilidad internacional del país, con episodios de confrontación pública vía redes sociales con líderes como Bukele o Milei, profundizando una imagen de improvisación y ausencia de un norte estratégico, resume Pastrana.
Una opinión distinta tiene Néstor Rosanía, experto en seguridad y relaciones internacionales, quien también en entrevista con CAMBIO afirma que Colombia, al contrario de lo que otros sostienen, ha ganado peso regional porque históricamente su política exterior se basó en el respice polum: ser un aliado incondicional de Estados Unidos, sin diversificar agenda ni mercados. Por primera vez, Colombia tiene una voz propia, independiente de Washington, lo que la ha convertido en un líder regional junto a Brasil y México en una apuesta por diversificar la agenda.
La presencia activa de Colombia en el conflicto palestino-israelí, la gira por Medio Oriente —muy cubierta por la prensa de la región— y la apertura hacia mercados como Arabia Saudita y Qatar representan un giro histórico: antes, Colombia solo miraba a Estados Unidos y a Venezuela. Esta diversificación ha sido recomendada por décadas desde la academia.
Rosanía, sin embargo, advierte que esta nueva política no se sostendrá en el tiempo porque Colombia no tiene políticas de Estado, sino políticas de gobierno. Con un cambio de administración, especialmente hacia la derecha, se volverá a la alineación automática con Washington e Israel, dejando atrás la autonomía, la diversificación y la proyección regional alcanzada. En conclusión, al día de hoy el escenario dependerá de lo que pase en las elecciones de 2026.
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