
En el duelo de la calle, el presidente Gustavo Petro va perdiendo
Este domingo los colombianos salieron masivamente a manifestarse en contra del Gobierno. Aunque el presidente Petro trató de bajarle la caña a la movilización, primero burlándose y luego estigmatizándola, negar su peso político y desoír el mensaje es un error que puede salirle caro al jefe del Estado.
Por: Redacción Cambio
Una marcha de estas dimensiones parecía improbable hasta hace algo más de un mes. Sin embargo, hubo tres hechos simultáneos que jugaron en contra del presidente y le entregaron a la oposición una innegable ventaja en las calles. El primero fue la intervención de dos EPS al mismo tiempo que se hundía la reforma a la salud en el Congreso; después vino el errático llamado de Gustavo Petro a una constituyente y, para rematar, la improvisada declaratoria de un día cívico que coincidió con su cumpleaños y el aniversario del M-19. Ayer, ante la contundencia de la movilización, la idea de constituyente quedó enterrada y el Gobierno herido con una sonora derrota popular.
Aunque la calle ha sido el escenario natural de la vida política del presidente Petro, lo cierto es que, hasta este domingo, ni él ni la oposición habían conseguido organizar manifestaciones masivas. El Gobierno, en más de una ocasión, logró afluencias modestas de las bases que salieron a la calle para apoyar la agenda de reformas sociales y ver al presidente montado en un balcón. La oposición, por su parte, había desgastado la figura de las marchas con convocatorias frecuentes pero cada vez más lánguidas. Los llamados a la calle, de los unos y de los otros, terminaban en plazas a medio llenar con los organizadores echando discursos encima de una tarima. Esa dinámica cambió el pasado domingo.
No hubo tarimas ni discursos de plaza pública. Y aunque cada uno de los sectores del espectro político tiene su propia cifra de asistencia, la realidad es que las marchas de ayer fueron masivas. Aún así, pocos en el Ejecutivo parecen haber entendido el mensaje. Laura Sarabia, la mujer que manda la parada en Palacio, fue casi la única voz de peso que salió a reconocer el impacto de las marchas y a hacer un llamado a la reflexión y la autocrítica.
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