19 Marzo 2022

Matamba: Tocata y Fuga

Crédito: Colprensa

La cinematográfica fuga de alias Matamba podría confirmar el poder corruptor del jefe del autodenominado grupo Cordillera del sur, o abrir un interrogante sobre la necesidad de silenciarlo. Tenemos los videos del escape y los pagos a militares que estaban en su nómina.

Por: Javier Patiño C.

Vestido con el uniforme de dragoneante de la guardia penitenciaria del Inpec escapó de la cárcel el capo de la banda La Cordillera Juan Larison Castro Estupiñán, conocido con el alias de Matamba porque le gustaba decir que era un emperador africano. Matamba salió de su celda, marcada con el número 58, de una unidad de medidas especiales de La Picota. Su estatura de 1,72 y su contextura atlética hicieron fácil conseguirle un uniforme para quienes le ayudaron en la fuga. 

Matamba bajó ocho pisos guiado por quien parece ser un inspector del Inpec, identificado inicialmente con el apellido de Jiménez. La complicidad de la guardia es innegable porque fue guiado por una ruta en la que la mayoría de las cámaras de seguridad estaban averiadas o apagadas. Sin embargo, Cambio conoció las imágenes de las tres cámaras que no pudieron esquivar. La primera grabación muestra al inspector Jiménez salir de lo que parece ser un corredor de celdas y cerrar una reja pero dejándola entreabierta. El reloj del circuito cerrado de seguridad marca la 11:17 P.M. 

La segunda imagen registrada de Matamba en la cárcel Picota fue grabada 46 minutos después que la anterior, a las 12:03 A.M del viernes 18 de marzo. Deja ver una escalera, dos puertas blindadas, una escotilla de seguridad y un banco de visita. Matamba aparece súbitamente uniformado, luciendo en el brazo derecho las insignias de la guardia penitenciaria y con la cabeza cubierta por una capucha. Mira confiado, a un lado y a otro, camina con cierto garbo y finalmente atraviesa la puerta. 

La tercera y última secuencia transcurre apenas un minuto después, a las 12:04 A.M, lo cual hace pensar que se trataba de un recinto prácticamente contiguo al registrado por la cámara de seguridad anterior.  Matamba cruza el lugar y sale por la reja que el inspector Jiménez le había dejado abierta. Detrás de él, y desde lo que parece ser una celda contigua, sale un pequeño perro aparentemente sobresaltado por el ruido. 

Esos segundos son la única pista sobre la ejecución del plan de fuga. Pasaron al menos siete horas antes de que la ausencia del capo fuera reportada a las autoridades penitenciarias. Inicialmente dijeron que podría haber ido a un pabellón vecino en la penitenciaría a emborracharse. Incluso llegó a informarse que lo habían encontrado ebrio en otro patio del penal. Todo era parte de un plan para facilitar su fuga. Matamba es un experto en escapes. Esta es la tercera vez que se escabulle de una prisión sin dejar rastro. 

También es experto en hacerse el muerto. Su ficha decadactilar había sido cancelada en el registro nacional de identidad porque logró ser reportado como fallecido. Por esa razón la declaración de su abogada, Angélica Martínez Cuján, quien calificó el hecho como posible desaparición, es vista con desconfianza. Lo que es innegable es que el próximo miércoles Matamba tenía una cita con la Fiscalía para empezar la negociación de un preacuerdo en el que se anticipaba que entregaría la nómina de militares y policías que trabajaban para La Cordillera, uno de los brazos más poderosos del Clan del Golfo.  

Juan Larinson Castro Estupiñán, alias Matamba, es amo y señor en el departamento de Nariño. Como jefe de la llamada banda de La Cordillera es uno de los capos más poderosos del llamado Clan del Golfo. 

Los municipios de Cumbitara, Policarpa, El Rosario y Leyva en el departamento de Nariño han sido su centro de operaciones, donde comercializa la base de coca que se produce en la región, como también su elaboración en laboratorios y el cobro del impuesto al gramaje a redes de narcotraficantes que ingresan a esta zona.

Esa sociedad la consolidó para acabar con sus enemigos del frente 29 al mando de alias Sábalo –muerto por el ELN–, y así logró en un lapso de seis meses el control de la zona.

Para conocer las piezas claves de su andamiaje delictivo un grupo especial de fiscales conformaron el Informe Hades, en el que identificaron sus tentáculos en los departamentos de Antioquia, Nariño, Valle del Cauca y Cundinamarca, donde tenía el control de los lugares de comercio y laboratorios en compañía de militares activos y retirados. Esa sociedad la consolidó para acabar con sus enemigos del frente 29 al mando de alias Sábalo –muerto por el ELN–, y así logró en un lapso de seis meses el control de la zona.

La investigación también identificó que Matamba pagaba una nómina de 400 millones mensuales a militares: un sueldo de 5 millones a los militares y altos mandos. Según el informe de policía judicial al comandante del Batallón Boyacá, coronel Harry Leonardo Gómez, le entregaba por medio de uno de sus hombres de confianza, alias Mauricio, la suma de 30 millones. Ese dinero también se utilizaba para pagar los traslados de mandos militares que entorpecían las labores del grupo al margen de la ley.

militar
Colprensa 

Interceptaciones de celulares y correos electrónicos permitieron identificar cómo manejaba a su disposición a los militares y los pagos para evitar ser detectado por las autoridades. Varias entidades bancarias y casas de giros –Bancolombia, BBVA, Colpatria, Av. Villas, Banco de Occidente– servían de canal financiero para el pago del servicio de los uniformados y entregar grandes sumas de dinero para comprar conciencias con el objetivo de custodiar y permitir la salida de cargamentos de droga.

Pudieron identificar que en su mayoría  los oficiales activos, y en retiro, abrían cuentas por varios meses para luego cancelarlas y abrirlas en otras entidades bancarias y así evitar ser detectados sus movimientos.

Los investigadores centraron sus pesquisas en el periodo del 11 de septiembre de 2019 al 5 de agosto de 2021, donde revisaron movimientos financieros, interceptación de comunicaciones, incautaciones y acciones armadas que realizaron los hombres de alias Matamba. Identificaron que en su mayoría los oficiales activos y en retiro abrían cuentas por varios meses para luego cancelarlas y abrirlas en otras entidades bancarias y así evitar ser detectados sus movimientos.

Una de estas transacciones quedó reflejada el 29 de octubre de 2019 por un valor de 20 millones de pesos a una cuenta de ahorros a nombre del coronel en retiro Robinson Javier González, indicando la fecha, el lugar donde se realizó y la forma como se hizo el depósito.

Dos pagos por cuatro y veinte millones que según la investigación fueron solicitados por el ex alto oficial para comprar el silencio de algunos militares para que la red militar no fuera detectada.

extracto
Pago a  militares 

Los giros de dinero eran consignados cerca a centros de acopio y pequeños locales en Nariño, que eran enviados a Bogotá, Cali, Pasto y Bucaramanga. Oscilaban entre dos y diez millones de pesos diarios, por órdenes del coronel González del Río y del pequeño círculo de exuniformados que estaban comprados por la organización al margen de la ley.

Una de las piezas que aún hace parte de la investigación es el general en retiro Leonardo Barrero, excomandante de las Fuerzas Militares, quien al parecer era conocido como el Padrino y a quien un testigo identificó como la persona encargada de realizar coordinaciones con entidades públicas y militares, pero en especial era el principal contacto con el coronel González del Río.

Los investigadores identificaron que durante los meses de junio y septiembre de 2019, Barrero realizó seis viajes entre Bogotá y Cali cuya finalidad no ha sido establecida.

La muerte fingida de Matamba 

Una de las pruebas de la fidelidad de los exuniformados con alias Matamba quedó en una de las interceptaciones que las autoridades hicieron a la organización criminal.

El 22 de enero de 2020, detectaron que se iba a realizar una operación de la Policía contra el grupo ilegal. Matamba llamó al comandante del Batallón Boyacá, coronel Harry Leonardo Gómez Tabares, para que le averiguara por un operativo que venía desde la ciudad de Cali con destino a Cumbitara, Nariño. Esa información fue confirmada por Gómez, pero le aclaró que era para Pizanda, corregimiento de Cumbitara, a uno de sus laboratorios. Matamba confirmó que no iba a mover su gente.

Horas antes del inicio de la operación, Gilmar Mena Cabrera, alias Balsudo, le confirmó al coronel en retiro González del Río que Matamba estaba en una reunión con representantes de la banda Los Gordos, negociando un cargamento de droga.

Para evitar ser descubiertos instalan varios puntos de seguridad y son apoyados a pocos kilómetros por tropas del batallón Boyacá que sostenían enfrentamientos con una estructura armada del ELN, donde salió herido un soldado y fue auxiliado por los mismos hombres de Matamba para su evacuación. La comunidad les informó de la llegada de la policía, algo que les permitió tomar posición para desarrollar una emboscada contra la fuerza pública.

Cuando la Policía Nacional estaba ingresando a la zona, el coronel Gómez le informó la situación a Matamba y le dijo que estaba averiguando. Al parecer iban para Cumbitara a verificar predios de restitución de tierras, pero le confirmó que iban por él.

En la zona se presentaron combates, donde dos integrantes del grupo al margen de la ley resultan muertos y otros quedan heridos. En el lugar encontraron cerca de 80 kilogramos de coca que estaban siendo negociados por Matamba.

El coronel González del Río ordenó a todos los integrantes de la estructura criminal que dijeran que alias Matamba había sido neutralizado en el operativo.

En la huida ordenó comunicarse con el abogado y con el alias de Coronel, para informarle que se encontraba bien. Por su parte, el coronel González del Río ordenó a todos los integrantes de la estructura criminal que dijeran que alias Matamba había sido neutralizado en el operativo.

Como parte de la estratagema, el coronel le pidió que se tomara fotos herido con sangre para que certificara la muerte. Así mismo le pidió que cambiaran todos los celulares por seguridad y verificar si en la zona todavía había fuerza pública.

Posteriormente le informó que no había podido hablar con el coronel Harry Leonardo Gómez Tabares, alias Júpiter, también le dice que habló con el amigo de Bogotá, refiriéndose a alias Padrino, identificado como el general en retiro Leonardo Barrero, y que había forma de reconocer a los que montaron la operación.

Su presunta muerte duró varios días entre la comunidad del Cauca, que no creía que uno de los hombres mejor custodiados había caído en una operación de la fuerza pública. 

Uno de los primero damnificados con la fuga de Matamba es el mayor retirado, Juan Javier Papa Gordillo, quien apenas duró siete días en la dirección de la cárcel Picota. Había llegado a reemplazar al coronel retirado Wilmer Valencia, quien cayó por los paseos de Carlos Mattos. Por disposición de la procuradora Margarita Cabello Blanco fue suspendido junto con 55 guardianes. 

Matamba era tan influyente en la cárcel que un grupo de guardias uniformados del Inpec quiso impedir que los agentes del CTI de la Fiscalía inspeccionaran su celda. Fue necesaria la intervención de la policía para que los investigadores pudieran entrar. Encontraron un enorme televisor de 52 pulgadas de última tecnología, una nevera con las viandas favoritas del fugitivo, finos licores, ropa de marca y seis pares de zapatos cuyo costo estiman entre cuatro y seis millones de pesos cada uno.

El escape de Matamba también ocasionó el risible anuncio del presidente Duque de reformar al Inpec que ha vivido en medio de los escándalos durante todo su gobierno. Pocos confían en que el mandatario pueda cambiar nada cuando faltan menos de tres meses para que se conozca el nombre de su sucesor. El ministro de Justicia, Wilson Ruiz Orjuela, dice siempre en estos casos que el Inpec es una entidad autónoma y espera el siguiente escándalo para anunciar la próxima exhaustiva investigación, que desde luego nunca toca al titular de la cartera de Justicia.