26 Octubre 2022

“Yo que crecí con Videla…”

Se acaba de estrenar en Amazon Prime la película 'Argentina, 1985' sobre el juicio civil llevado a cabo hace 37 años a la Junta Militar que gobernó el país entre 1976 y 1983. Una mirada necesaria (¿y discutible en su forma?) a hechos dolorosos que siguen siendo cercanos y contemporáneos para gran parte de una nación que los padeció, y que también los negó…

Darin y Lanzani
Ricardo Darín y Peter Lanzani,protagonistas de 'Argentina, 1985'.

Por Jacobo Celnik
Comprender la historia es prepararse para comprender el mundo. Ningún pueblo podría sobrevivir sin memoria. Y la historia es la memoria de los pueblos”, dice Alicia Marnet de Ibáñez en el memorable papel interpretado por la actriz Norma Aleandro en la película La historia oficial de Luis Puenzo (1985), ganadora de múltiples permios internacionales. Parte de los dolorosos hechos narrados en el largometraje (se encuentra en Netflix) transcurren en los últimos meses de la dictadura militar que gobernó a la Argentina y narran la historia de un matrimonio de clase media al que el horror de la tragedia del robo de bebés y los desaparecidos los golpea en la cara, los cuestiona y pone a prueba su integridad, sus valores morales, su ética, su dignidad y el papel que deciden jugar en pro de la verdad en un momento crucial para la historia del país en el que, para algunos, borrar la identidad de una persona era válido.

Pero ¿qué tiene que ver una película que fue escrita en 1983, rodada en 1984, estrenada en 1985, galardonada por la Academia como mejor película extranjera el mismo día que se conmemoraban diez años de la toma del poder de los militares en Argentina con la película Argentina, 1985? La importancia de no olvidar, de recordar, para que “nunca más” vuelva a suceder algo similar. Aunque en el fondo hay mucho más en las palabras proféticas y sabias de Aleandro en su memorable papel en La historia oficial.
Argentina, 1985, dirigida por Santiago Mitre (La patota, La cordillera, Pequeña flor, entre otras) y protagonizada por Ricardo Darín, Peter Lanzani y Alejandra Flechner, reconstruye y revive parte del contexto y de las circunstancias que fueron determinantes para el Juicio a las Juntas, entre abril y diciembre de 1985, como se le conoció al proceso judicial civil ordenado por el expresidente Raúl Alfonsín (1983-1989), contra los nueve miembros de las tres juntas militares que gobernaron el país entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983: Jorge Rafael Videla, Orlando Ramón Agosti, Emilio Eduardo Massera; Roberto Eduardo Viola, Omar Graffigna, Armando Lambruschini; Leopoldo Fortunato Galtieri, Basilio Lami Dozo y Jorge Anaya.

Junta Militar
Los nueve integrantes de las tres juntas militares que gobernaron a Argentina entre 1976 y 1983, tal como se represtena en la película.


En el centro de la historia del largometraje está el fiscal Julio César Strassera (interpretado por Ricardo Darín) a quien le delegaron la misión de sacar adelante, junto con el fiscal adjunto Luis Moreno Ocampo (interpretado por Peter Lanzani), el proceso judicial que lideró la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal, integrada en su momento por los jueces Jorge Torlasco, Ricardo Gil Lavedra, León Carlos Arslanián, Jorge Valerga Araoz, Guillermo Ledesma y Andrés J. D’Alessio.
Este largometraje de ficción, inspirado en hechos reales, que por momentos nos quiere hacer sentir ante un documental, adopta varias cuestiones de forma del cine norteamericano ⸻que ha recreado el drama y la épica de los juicios militares (Vencedores o vencidos, A few good men, En honor a la verdad, Hombres de honor)⸻ para resolver, con varios vacíos históricos y muchas dudas de fondo, los hechos vinculados a la investigación y el juicio que buscaba, además, explicar lo inexplicable: la desaparición de 8.960 personas (según el informe de Conadep publicado en 1984 bajo el nombre de “Nunca más”) durante la dictadura y de los que todavía no hay rastro o explicación alguna de su paradero. Por eso de forma y estructura Argentina,1985 parece más una película made in Hollywood que una producción argentina. Jorge Traversa, académico argentino de Artes con orientación en Cine explica: “El cine actual se ve muy atravesado por los intereses económicos de las productoras que apoyan a este tipo de películas. Los grandes capitales cinematográficos vienen de productoras que forman parte de las plataformas de streaming que dan vueltas por todo el mundo y eso explica por qué está película tiene tantas semejanzas con producciones estadounidenses, porque a veces tratamos de parecernos a películas que intentan acercarse al género del documental, pero de documental no tiene nada”.

A pesar de las omisiones y de ser bastante predecible y condescendiente desde lo narrativo, la película cumple con el deber de mostrarle a una generación más joven los sucesos que moldearon la historia reciente del país (también a aquellos que por años negaron o no quisieron ver las atrocidades que sucedían en sus narices) y las implicaciones que tienen en su presente.


Supongo que para centrarse de lleno en el desarrollo del juicio y la pericia del equipo de Strassera para recopilar las pruebas necesarias, el director Mitre y sus productores tuvieron que reducir y omitir parte del contexto y de la historia que rodearon los momentos anteriores al proceso judicial y, de paso, borrar a los verdaderos artífices (“los que mueven los hilos”) de esa atrocidad que se desarrolló bajo la mirada complaciente y silenciosa de parte de una población que se negaba a creer o aceptar que algo de tales magnitudes estuviera ocurriendo en el país. Como algunos que vitoreaban los goles de Kempes y Bertoni en el Monumental en la final del Campeonato Mundial de Fútbol de 1978, mientras que, a unas cuantas cuadras de allí, en la Escuela de Mecánica Armada (Esma), los encargados del grupo de tareas usaban las atroces tácticas de la “picana” y el “submarino en pro de la “seguridad nacional”.


Para el abogado argentino Marcelo Marengo, quien recuerda con mucha precisión aquellos meses del juicio a la Junta Militar, la película peca por omisiones que se debieron tomar en cuenta: “Es, a mi juicio, un ejercicio de surfeo sobre un drama que excede la maldad de los ´malos muy malos´ y el notable esfuerzo de humanización de un oscuro (anti)héroe a quien la Historia le sirvió en bandeja un guiño monumental. Tal vez para proteger y no espantar a esa clase media, que hay que seducir, se omite a quienes estaban detrás de esas manos ensangrentadas, alentándolas a no dejar su “lucha”, mientras hacían sus negocios al amparo de toda esa locura. Los mismos que, cuando cambiaron los vientos, no dudaron en soltarles las manos, entregándolos al merecidísimo escarnio público. De eso se quejó amargamente el asesino Massera en su alegato, una pieza histórica que, en mi opinión, no debió ser omitida”.

Darín


A pesar de las omisiones y de ser bastante predecible y condescendiente desde lo narrativo, la película cumple con el deber de mostrarle a una generación más joven los sucesos que moldearon la historia reciente del país (también a aquellos que por años negaron o no quisieron ver las atrocidades que sucedían en sus narices) y las implicaciones que tienen en su presente. También es una invitación a los espectadores para que profundicen, debatan y cuestionen aquello que Mitre no abarcó en los 140 minutos que dura este viaje por uno de los tantos momentos dolorosos que vivió Argentina del siglo XX. Porque tener contento a todo el mundo es imposible.
Por eso el director se limitó a reconstruir los meses previos a las audiencias y el desarrollo del juicio, apelando por momentos, y de manera arriesgada, al humor y entendiendo que su apuesta, de por sí, ya es un acto político que se lo permite. Sin duda el clímax de la película se da al final: emocional y contundente (no hay que ser argentino para llorar de dolor, para sentir rabia e impotencia) con las sentencias a los militares y el júbilo de los asistentes por una pizca de justicia, matizado de fondo con lo que muchos argentinos consideran es su segundo himno nacional: Inconsciente colectivo, canción de Charly García que aparece en el álbum Yendo de la cama al living, de 1982.
En cuanto a la banda sonora ⸻que es incidental, desarticulada, por momentos, de lo social de la época, y que funciona como puente ente algunas escenas⸻ hay algunas ausencias notables de un periodo que además fue muy prolífico para la historia del rock argentino. Me parece que Mitre perdió la oportunidad de usar temas mucho más representativas sobre la dictadura como Canción de Alicia en el país de Serú Girán (´Enciende los candiles que los brujos piensan en volver a nublarnos el camino´, profetiza García), por encima de Himno de mi corazón o Lunes por la madrugada de Los Abuelos de la Nada, tema que se ha prestado a múltiples interpretaciones sociales.

El director se limitó a reconstruir los meses previos a las audiencias y el desarrollo del juicio, apelando por momentos, y de manera arriesgada, al humor y entendiendo que su apuesta, de por sí, ya es un acto político que se lo permite.


Sobre la banda sonora de la película, Roque Di Pietro, editor, escritor y autor del libro Esta noche toca Charly señala: “A mí me pareció curiosa la elección de Salir de la melancolía (Serú Girán) para una breve escena en que la hija de Strassera escucha en el walkman. No porque sea una escena improbable, sino porque justo en esos días, finales de 1984, veía la luz el disco (¡y el casete!) Piano bar de Charly García, cuyo primer corte Demoliendo hoteles comienza diciendo: ´Yo que crecí con Videla´ y unos segundos más tarde complementa: ´Yo que viví entre fascistas´. En diez segundos Charly condensa narrativamente lo que a un cineasta le demanda toda una secuencia de varios minutos. Quizás optaron por no ser tan explícitos, pero la presencia de esos versos impactando en ese momento tan especial de la vida política argentina hubiese sido un detalle magnífico. Incluso me extrañó la ausencia de objetos culturales propios de la época, como por ejemplo la tapa de un Piano bar recién comprado”.

Piano Bar
'Piano bar', de Charly García.


Argentina, 1985, que batió récord de espectadores en sus primeras semanas en los cines argentinos, representará a ese país en los premios Óscar. Sin embargo, dudo (puedo estar equivocado) que corra con la misma suerte de La historia oficial, que sin los beneficios de la distancia histórica logró estremecer muchas más fibras que esta muy políticamente correcta (no hay referencias a los principales diarios de la época, por ejemplo) y muy agringada Argentina, 1985. Una película que parece que estuvo hecha, como me lo dijo el doctor Marcelo Marengo, para que un gringo en Arkansas exclame: "Oh My God!"

Otras películas sobre la dictadura militar argentina:

La noche de los lápices
(1986, dirigida por Héctor Olivera)

Un lugar en el mundo (1992, dirigida por Adolfo Aristarain)

Un muro de silencio (1993, dirigida por Lita Stantic)

Buenos Aires Viceversa (1996, dirigida por Alejandro Agresti)

Garage Olimpo (1999, dirigida por Marco Bechis)

Kamchatka (2002, dirigida por Marcelo Piñeyro)

Los rubios (2003, dirigida por Albertina Carri) 

El secreto de sus ojos (2009, dirigida por Juan José Campanella)

Infancia clandestina (2012, dirigida por Benjamín Ávila)

La larga noche de Francisco Sanctis (2016, dirigida por Francisco Márquez y Andea Testa)