16 Noviembre 2022

¿Quiénes estudian en las universidades privadas?

Crédito: Fotoilustración: Yamith Mariño

Un estudio demostró que acceder a la educación superior duplica la probabilidad de encontrar un empleo formal y con un salario dos veces más alto que quienes solo terminaron el bachillerato.

En 2021 se matricularon 2,4 millones de estudiantes en las universidades del país. El 54 por ciento se inscribió en alguna universidad pública; el restante 45 por ciento ingresó a entidades privadas, según el Observatorio de la Universidad Colombiana. Aunque las proporciones son similares, no todos pueden elegir una universidad privada.

Según los datos de la prueba SaberPro 2021 de programas universitarios, que evalúa a los estudiantes de último año de carrera, en las Instituciones de Educación Superior (IES) oficiales hay dos veces más estudiantes de estrato 1 en comparación con las instituciones privadas. La distribución de los estudiantes de estratos 2 y 3 es más o menos similar.  

En contraste, en las universidades privadas hay muchos más estudiantes de estratos 4, 5 y 6 que en las oficiales. Luz Karime Abadía, codirectora del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE), destaca que esto significa que “sin duda el estrato socioeconómico determina las posibilidades de acceso entre IES oficiales y privadas”.

Un estudio reciente realizado por Juliana Londoño-Vélez, Catherine Rodríguez, Fabio Sánchez y Luis Esteban Álvarez en la Universidad de Chicago demostró que “los mercados financieros imperfectos impiden las inversiones en capital humano, lo que afecta la capacidad de los estudiantes de bajos ingresos para acceder a la universidad, especialmente a las universidades de alta calidad”. Es decir, sin descuentos, becas o tarifas especiales, quienes tienen menos ingresos terminan excluidos de las universidades de alta calidad. 

Para reducir esas imperfecciones y aumentar la posibilidad de movilidad social, el Estado tiene programas como Familias en Acción, que condiciona la entrega de una transferencia monetaria a que los menores de edad beneficiados cumplan unas metas académicas y de salud; y Jóvenes en Acción, que entrega una transferencia monetaria a jóvenes que continúen su educación técnica, tecnológica o profesional. 

Otros programas que se han probado en el país son los recordados ‘Ser Pilo Paga’ y ‘Generación E’, así como otras becas y programas de financiación que otorgan las mismas universidades, empresas u ONG. 

En el caso de Familias y Jóvenes en Acción, se ha comprobado que los programas reducen la deserción escolar. Por su parte, las becas y programas de financiación universitaria han demostrado que aumenta la movilidad social de los jóvenes beneficiarios, pues mejora sus posibilidades de obtener un empleo formal y de incrementar sus ingresos.

Por ejemplo, el Informe Nacional de Empleo Inclusivo 2021-2022 comprobó que quienes acceden a educación superior tienen salarios que son en promedio del doble y dos veces más oportunidades de conseguir un empleo que quienes solo completaron la educación media.

Según el informe, “tres de cada diez personas graduadas de educación y formación posmedia estaban en informalidad. Entre los que culminaron la básica primaria, esta relación fue de ocho de cada diez personas”.