8 Septiembre 2022

Pobreza, empleo e impuestos: las pesadillas colombianas de 2023

Crédito: Yamith Mariño

Todo indica que el próximo será un año de supervivencia, por cuenta de una inflación que no disminuirá lo suficiente y las pocas facilidades que tendrá la economía para cumplirles a los más pobres.

El próximo año traerá varios retos para la economía colombiana: una inflación que, aunque es de esperar que comience a bajar lentamente, seguirá lejos de la meta del 3 por ciento; un menor crecimiento económico y, por lo tanto, menos generación de empleos formales, y un recaudo tributario por cuenta de ese menor crecimiento económico.

La encuesta de opinión financiera (EOF) de agosto, de Fedesarrollo, muestra que, en promedio, los agentes del mercado esperan que en 2023 el país crezca 3,2 por ciento, casi la mitad del crecimiento económico esperado para este año, que sería de 6,5 por ciento, según la EOF. 

Parte de esta desaceleración se daría por el efecto de la base estadística, es decir, porque la actividad económica se compara con los números altos que registró el país desde el segundo semestre de 2021 hasta el primer semestre de este año. Pero otra buena parte será consecuencia del menor crecimiento económico del mundo, el ciclo económico del país, las tasas de interés más altas y la inflación, que ya está por encima del 10 por ciento. 

Las cifras del segundo trimestre ya empezaron a dar señales de esa desaceleración. La minería, la construcción de infraestructura y los servicios de mantenimiento y reparación de vehículos fueron las actividades que más se desaceleraron frente al primer cuarto del año.

Por el lado del consumo interno, que es el principal motor del crecimiento económico, mientras los hogares apenas en julio empezaron a mostrar un menor dinamismo, desde el segundo trimestre del año se vio la desaceleración del consumo público, la importación de bienes y la inversión fija.

A simple vista, es el desarrollo normal del ciclo económico. Pero esta vez se da en un contexto de inflación más alta, una recuperación del empleo tras la pandemia más lenta que la misma economía y un PIB tendencial inferior, lo que significa menos productividad y mejoras en bienestar para todos. 

Según las cuentas del Comité Autónomo de la Regla Fiscal, el PIB tendencial, es decir, la capacidad de crecimiento de la economía, es de 3,24 por ciento anual en promedio. Antes de la pandemia, era de 3,4 por ciento; y aunque la diferencia se ve pequeña, significa que el país dejó de hacer inversiones en productividad que ahora le han hecho perder terreno en su capacidad de crecimiento y esto, a su vez, limita, por ejemplo, las posibilidades de reducir más rápidamente la pobreza.

La proyección de crecimiento económico en agosto estaba cerca a ese PIB tendencial, pero algunos ya han empezado a actualizar sus proyecciones a la baja. Por ejemplo, Corficolombiana ahora espera que en 2023 la economía colombiana crezca apenas 1,8 por ciento. “No es una recesión, no es una cifra alarmante, pero no es una cifra que estimule el crecimiento del empleo formal (...) y eso afectaría a los hogares por el lado de menor acceso a empleos formales”, explicó José Ignacio López, director ejecutivo de Investigaciones Económicas de Corficolombiana. 

Algo similar opina Gustavo Acero, economista de Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá: “El rebote del empleo ha sido diferente al que hemos visto con la economía, reaccionando de forma rezagada. De este modo, en medio de una desaceleración económica, las expectativas de contratación se podrían moderar, afectando la reducción del desempleo”.

Y como si fuera poco, un menor crecimiento económico también significa menor recaudo tributario. Ana Vera, economista jefe de In On Capital, destacó que “se va a afectar mucho el recaudo tributario y es un tema crítico para el Gobierno porque hay un déficit para financiar el gasto social importante”. 

Esto también le pondría más presión a la reforma tributaria que se discute en el Congreso y que ya espera recaudar, ambiciosamente, 25 billones de pesos en 2023.

Inflación alta y crecimiento bajo, más retos para los pobres 

Un agravante de esa desaceleración económica es que se dará en un momento en el que el país espera que la inflación todavía se mantenga alta. Con el dato de inflación de agosto, ahora los analistas esperan que el año termine con una inflación más cercana al 11 por ciento y para 2023, con una ligera reducción, terminaría alrededor del 8 por ciento. 

Es decir, el país tendría una inflación más alta que su crecimiento y con el grupo de los alimentos y bebidas no alcohólicas liderando los precios altos, lo que afecta especialmente a los hogares pobres y vulnerables, los cuales, incluso con precios bajos, deben destinar un pedazo más grande de sus bolsillos a comprar comida. 

López advierte que “la mayor inflación pone al país en una situación más compleja porque tiene un efecto muy fuerte sobre las métricas de pobreza, en especial este perfil de inflación en el que los alimentos están creciendo tanto que son el grueso de la canasta de consumo de los hogares más pobres y vulnerables”.

Con estas expectativas, los expertos califican el panorama del próximo año como “más retador”. En especial, nuevamente, para quienes tienen menos ingresos.