16 Noviembre 2022

La culpable de las inundaciones no es la lluvia sino la deforestación

Crédito: Yamith Mariño Díaz

Aunque hay incidencia del cambio climático y los cambios de temperatura, en realidad es el uso irresponsable del suelo el que ha agravado la crisis.

Por: Maria F. Fitzgerald

La reciente oleada invernal ha significado graves inundaciones y deslizamientos en todo el país. En uno de los deslizamientos más recientes, una motociclista que se desplazaba por la vía de La Calera hacia Bogotá falleció, luego de ser llevada por un arroyo súbito, y otro hombre desapareció bajo un alud de tierra que se desprendió de la montaña.

Ciento cuatro personas más han muerto por efecto de las lluvias que se registran en todo el país; más de 488.000 personas han quedado damnificadas, hay 32 desaparecidos y 281 heridos. El Gobierno del presidente Gustavo Petro destinó 2,1 billones de pesos para atender a las víctimas y mitigar los daños. 

Las que están ocurriendo durante estos días son las lluvias más fuertes registradas en cuatro décadas. El Ideam ha advertido que, además, pueden llegar hasta abril del próximo año.

La deforestación continúa imparable

Los expertos señalan que la construcción en zonas de riesgo y la deforestación son las causas principales de esta tragedia. Un estudio realizado por la Universidad Nacional concluyó que "el efecto de la deforestación es reducir los caudales medios y aumentar los caudales extremos con los consecuentes efectos en inundaciones y sequías más fuertes y más frecuentes”. 

Otros estudios en el mundo han demostrado que a mayor deforestación, mayor probabilidad de que los suelos sufran sequías más fuertes en las estaciones con temperaturas más altas, y sufran inundaciones y deslizamientos en las estaciones con temperaturas más bajas. 

Óscar Puerta Luchini, ingeniero civil con maestría en gestión ambiental y aprovechamiento de recursos hídricos, dijo  que este fenómeno debe ser entendido en dos dimensiones: una global y otra local. A nivel global, la emisión de gases invernadero ha causado que las temperaturas en todo el mundo se modifiquen: “Ese cambio de temperatura global puede alterar los eventos de variabilidad climática y podría estar relacionado con este fenómeno de La Niña, que anormalmente ya completa tres años, de tal manera que tenemos un periodo lluvioso extendido e intenso”.

A nivel local, el panorama se agrava por la deforestación. Puerta aseguró que la pérdida de cobertura boscosa en distintas zonas del país ha llevado a que los suelos queden más expuestos y saturados, lo que genera menor interceptación de la lluvia y caudales más fuertes: “Puede detonar movimientos en masa (deslizamientos) que represan las corrientes y pueden generar lo que llamamos avalanchas”.

Construcciones en zonas indebidas

Muy puntualmente en La Calera, y en distintas regiones de la sabana de Bogotá, el despertar urbanístico ha llevado a que los constructores no respeten las normas de uso de suelo determinadas por el Plan de Ordenamiento Territorial (POT). Así lo denuncian los veedores de La Calera que, además, han vivido unas de las peores inundaciones de los últimos años. 

“La Ley 15-23 de 2012 apunta a que las entidades territoriales deben mitigar la amenaza y el riesgo en sus poblaciones –aseguró Maxi Villegas, vicepresidente de la Veeduría municipal Teusacá–. Urbanizar donde no se debe está propiciando una amenaza no mitigable, tanto para las personas como para las municipalidades, pues sale más barato y cómodo prevenir que intervenir un desastre. A las constructoras y a los corruptos no les importa. Aún sabiéndolo, se limitan a construir rápido y le van dejando el problema a los municipios”.

Villegas añadió que justamente en La Calera distintos urbanistas no sólo han cambiado el uso del suelo establecido por el POT, sino que varios de ellos han desviado las fuentes hídricas, a pesar de que se ubicaban en áreas protegidas. 

Puerta agregó que este tipo de alteraciones, en su mayoría autorizadas por la CAR, llevan a que los suelos sean más propensos a inundaciones y deslizamientos: “Las adecuaciones que se hacen para desviar fuentes hídricas, con el uso de diques, por ejemplo, que parecieran seguras, son las responsables en causar este tipo de problemas. La construcción de diques generan zonas encharcables mal drenadas y aumenta los caudales al reducir la capacidad de regulación del río”. 

Para Villegas, todo esto tiene unos responsables claros: las autoridades municipales y distritales que no pusieron un control adecuado a estas nuevas urbanizaciones: “Puede que el cambio climático propicie precipitaciones porcentualmente más altas, pero es responsabilidad absoluta de las entidades territoriales mitigar el riesgo respetando los cauces de los cuerpos hídricos y sus respectivas rondas de protección, no deforestando en zonas geológicamente inestables, y –sobre todo– dando licencia solo a proyectos urbanos responsables”.