27 Julio 2022

Ir a una rumba en Bogotá y correr el riesgo de morir

Crédito: Yamith Mariño Diaz

Una mezcla de malas condiciones para la rumba, sustancias adulteradas y consumo poco informado de droga acabó con la vida de un adolescente en una de las tantas fiestas clandestinas sobre las que no existe control.

Por: Maria F. Fitzgerald

Ricardo Rojas murió a las cuatro de la mañana, después de una agonía de tres horas: “Notamos que su comportamiento no era normal. Él no podía hablar y su temperatura estaba muy alta”, recuerda Ivanovna Acosta, una de las amigas que lo acompañaba esa noche. Murió en medio de una fiesta en las afueras de Bogotá, al parecer por una sobredosis que no se atendió adecuadamente.  

Aunque hasta el momento su muerte no ha sido esclarecida, buena parte de las denuncias de los asistentes a la fiesta coinciden en la negligencia y la mala organización del evento. Los testigos aseguran que, entre otras cosas, la fiesta fue sobrevendida (el cupo era de 800 personas y terminaron yendo 2.000), no tuvo ventilación suficiente y no había personal de primeros auxilios. Para completar, los organizadores cerraron el registro del agua para que los asistentes se vieran obligados a comprar agua en botella. 

“Le imploré ayuda al de seguridad porque Ricardo ya no tenía signos vitales” 

Ricardo tenía 26 años y había llegado de Venezuela hacía cinco años. La noche en que murió, sus amigos corrieron para intentar ayudarlo. Ivanovna recuerda que corrieron al primer piso a buscar ayuda de los organizadores, tan pronto como notaron que él estaba actuando extraño. Sin embargo, no había servicio de paramédicos. Quienes subieron a intentar ayudarles fueron los encargados de seguridad: “Le imploré ayuda al de seguridad porque ya Ricardo no tenía signos vitales”, recuerda. 

Al notar que no vendría ayuda médica, muchas de las personas que estaban bailando dejaron de hacerlo e intentaron reanimar a Ricardo. No tuvieron éxito. En ese momento, los organizadores del evento finalmente se involucraron. Empezaron a asegurar que Ricardo sí tenía signos vitales, y les pedían que lo sacaran del sitio. Una vez afuera, dejaron solos a Ivanovna, a Julián Velásquez (novio de Ricardo), y a Ricardo. Ivanovna recuerda: “La ambulancia llegó a las 5:10 de la mañana y solamente lo tocaron y terminaron de confirmar su muerte”. 

A pesar de que ha pasado poco más de un año desde que se reactivaron las fiestas tras el confinamiento, muchas de las irregularidades que ocurrieron cuando las restricciones eran más estrictas continúan ocurriendo. Así lo considera Vannessa Morris, directora del proyecto Échele Cabeza. Ella, que ha liderado distintas acciones que buscan mitigar el impacto del consumo y crear procesos de consumo informado, dice que actualmente estamos ante una crisis delicada, de múltiples factores, que puede llevar a que quienes llegan a este tipo de espacios, estén muy vulnerables. 

“Estamos viendo sitios que simplemente no están cumpliendo con las recomendaciones mínimas para la fiesta segura. Se presentan como "secret locations": venden una boletería y posteriormente envían una ubicación por WhatsApp a los asistentes. Eso no permite que existan regulaciones adecuadas, como el control de aforo, presencia de paramédicos o medidas mínimas como acceso al agua”, asegura Morris quien señala que esto fue lo que pudo haber sucedido en el caso de Ricardo. 

Ante las acusaciones por las muchas irregularidades denunciadas, los organizadores del evento publicaron un comunicado en el que aseguran que ellos cumplieron con todos los requisitos, que nunca cerraron el registro del agua y que “pese a lo que dicen los detractores, se contaba con absolutamente todo”. 

“El comunicado de los organizadores me pareció desalmado, el hecho de que quieran alegar que los primeros auxilios estaban y que tenían zonas de recuperación es una absoluta mentira. Mucha gente nos contacta diciendo que efectivamente no había agua en los baños porque habían cerrado registros”, asegura Ivanovna, para quien las medidas que se tomaron en toda la fiesta fueron totalmente insuficientes para proteger la vida de su amigo. 

 

Consumidores desinformados y drogas alteradas 

A la mala logística de los eventos clandestinos, se suma un problema más: la alteración a las drogas de consumo recreativo. Desde hace un tiempo, Échele Cabeza ha venido denunciando la alteración que han encontrado de diversas sustancias comunes en los espacios de fiesta. 

Vannessa Morris señala que, antes de la pandemia, era común encontrar adulteraciones a sustancias como el LSD. En ese momento, alertaron a las autoridades y a los consumidores para que, en la medida de lo posible, evitaran el consumo del alucinógeno. Justamente por esa prevención fue posible empezar a tomar medidas que mitigaran sucesos fatales con el consumo de este producto. Pero, en la actualidad, son otras drogas las que están siendo fuertemente alteradas. 

Una de ellas es el tusi. Ya en CAMBIO se había reportado que en Colombia no existe el 2-CB, que es la base de la droga utilizada en otras regiones del mundo. En Colombia, cada cocinero tiene su propia receta y termina por improvisar una mezcla de distintas sustancias (como la ketamina, la cafeína, edulcorantes y MDMA) que se convierten fácilmente en un coctel muy peligroso para la salud. 

Ahora hay una nueva alerta, emitida también por Échele Cabeza y el Sistema de Alertas Tempranas (SAT) del Observatorio de drogas de Colombia, relacionada con la  adulteración de drogas como el éxtasis (o MDMA), con catinonas (más conocidas como sales de baño), y con metanfetaminas: “Este no deja de ser un panorama que nos pone en alerta, porque además de tener esta proliferación de drogas modificadas, estamos teniendo consumidores muy jóvenes y poco informados. Son los mismos muchachos que salieron del colegio y se vieron encerrados por la pandemia, y eso está causando que tengan un consumo desmedido que, en condiciones poco favorables como las que tuvo Ricardo, pueden terminar desencadenando en consecuencias tan graves como las que él atravesó”. 

El llamado de Morris y de Ivanovna es a garantizar que estos espacios, así sean clandestinos, cuenten con las condiciones necesarias para evitar calamidades. Morris señala que las políticas que se han planteado desde las autoridades, como hacer redadas que intervengan este tipo de eventos, no tienen sentido: “Simplemente seguirán ocurriendo. Porque siempre han estado, y seguramente seguirán estando. Por eso, en este momento, lo que nosotros estamos promoviendo es la consolidación de espacios seguros para el consumo con expertos que ayuden a las personas, además de un  mínimo vital de agua exigido en todos los eventos. Seguir pensando que las medidas deben perseguir a las personas, es un acercamiento que simplemente no ha funcionado hasta el día de hoy y debe cambiar”.