25 Marzo 2022

El efecto Morat

Concierto de la banda bogotana.

Crédito: Cortesía Morat

La emoción desbordada que vivieron más de 55.000 espectadores durante cinco noches en el Movistar Arena tiene un solo nombre: MORAT.

Por Alejandro Mora Salive

“Te buscaré aunque suene loco, de Bogotá hasta Buenos Aires” no solo es una de las frases que el público bogotano cantó a todo pulmón, sino más parece una frase premonitoria del éxito de esta banda, porque su fanaticada los sigue a donde quiera que van. Cientos de ciudades al rededor del mundo, pasando por Madrid y Barcelona, dando la vuelta por Guadalajara, Marbella, Santiago de Chile y aterrizando en lugares alejados del mapa musical como el Anfiteatro Romano de Mérida, solo son una prueba de que el pop hispano tiene un nuevo representante mundial. 

Haber llenado durante cinco noches el Movistar Arena de Bogotá es un logro sin precedentes, pero si le sumamos las once noches en el Auditorio Nacional de México, los cien conciertos que han dado por toda España y su gira por 13 ciudades de Estados Unidos, podemos darnos cuenta de que estamos frente a un nuevo orgullo patrio.

Nacidos en Bogotá, estos tremendos músicos empezaron tocando en colegios, universidades y pequeños bares, y aunque es una historia que ya hemos oído antes, los Morat lograron consolidar una base de fans que los catapultó al éxito, una base de fans que hace que sus canciones rápidamente logren las primeras posiciones en los listados de música. Tanto así, que en el Top 10 de los álbumes más oídos en Colombia, hay ocho de reguetón y dos de pop; los dos de Morat. 

Una noche cualquiera por allá en el año 2012, Pedro Malaver, un mánager de tan solo 25 años fue arrastrado por su novia del momento hasta La Tea, un pequeño bar al norte de Bogotá, para que viera tocar a “unos amigos del colegio”. Él, con el oído de un buen empresario de la música, vio en ellos un proyecto genuino, que no sonaba a nada parecido y decidió sumarse a ese barco. 

“Estos diez años trabajando con ellos han sido un viaje tremendo”, dice Malaver, porque aunque mucha gente decía que “remaban a contracorriente” porque el género predominante era (y sigue siendo) el urbano, sin embargo, lo que encontraron fue que “había otro río en donde pudimos remar a favor porque no había tantas bandas haciendo pop”. 

Algunos demos después, su talento fue reconocido por Universal España (Sí, España) quienes los firmaron y así empezaron a trabajar en Sobre el amor y sus efectos secundarios, su primer álbum de estudio que empezó a marcar lo que se convertiría en una constante en su carrera. A ellos, a esos cuatro bogotanos con cara de buena gente, los empezarían a buscar artistas consolidados con la intención de conquistar a una nueva generación, como fue Paulina Rubio en Mi nuevo vicio y de la misma forma artistas jóvenes sumarían fuerzas con su talento. En ese mismo disco, que vale la pena recordar que fue su primer disco, también participó Cali y el Dandee en Mil Tormentas dándole un empujón a unos artistas que empezaban a ver la luz. 

Desde entonces artistas de su misma generación como Sebastián Yatra, Danna Paola, Aitana y Tini han querido sumar fuerzas con ellos para seguir enamorando a quien le abra las puertas de su casa y de la misma forma, otros artistas como Juanes, Alejandro Fernández, Andrés Cepeda, Bacilos y hasta Antonio Carmona, han sumado su voz no solo reconociendo el talento genuino de Morat, sino buscando que esos fans que convirtieron a la banda en el grupo hispano más importante del momento conozcan su catálogo. 

Si se habla de talento musical, Morat tiene de sobra. Desde la forma en las que escriben sus canciones pues se han convertido en la radiografía exacta de la historia amorosa de millones de personas y en las que con una genialidad casi poética logran rimar la palabra “acuario” para hacernos entender la situación sentimental de un joven enamorado, hasta el espectacular show que tienen montado en el que las luces, la pólvora, los efectos especiales y las múltiples tarimas solo logran ser opacas por una cosa: la música. 

Isaza se pasea entre la guitarra acústica, el piano y el Rothes como si de un cambio de zapatos se tratara; Villamil se alterna la guitarra eléctrica con el banjo y el ukelele sin problema alguno; Martín, el más joven de la banda, salta de la batería a la guitarra de doce cuerdas mientras que su hermano Simón, completa la faena de talento intercalando el bajo, con el teclado 808 y el baile contemporáneo. Todos, por igual, juegan un rol trascendental en el éxito de Morat.

A la pregunta, ¿A qué se debe su éxito? Hay una sola respuesta: a su obsesión por la música. Con letras que hablan de amor y no de sexo, con arreglos vocales que hacen sentir a los espectadores en un estadio y con la humildad que los caracteriza, hacen que abuelos, padres e hijos se sientan identificados con cada canción. 

El mismo Pedro Malaver da respuesta a esta pregunta con una frase sacada de alguna entrevista que le hicieron a sus protegidos. “Nuestro éxito radica en que muchas veces la gente trata de usar palabras complejas para describir sentimientos sencillos como el amor, y nosotros pensamos que es al revés: hay que usar palabras sencillas para describir sentimientos complejos como el amor”.

Finalmente, en esta nueva era musical en la que los artistas se autoproclaman como leyendas, íconos, Dioses y cualquier adjetivo que suba el ego, cuatro bogotanos se convirtieron en los únicos artistas que han llenado hasta las trancas el Movistar Arena de Bogotá durante cinco noches.