14 Abril 2022

El inolvidable gol de Freddy Rincón: una obra de arte fría y cerebral

Crédito: Reuters

Mucho se ha escrito acerca de las emociones que despertó en Colombia el gol de Freddy Rincón a Alemania en el Mundial de Italia 90. Sin embargo, esa jugada también es memorable por las circunstancias tan adversas en que se produjo y por la alta dosis de raciocinio y frialdad de quienes la elaboraron.

Por Eduardo Arias


 

Dejo de lado mi condición natural de hincha de Colombia y asumo la de frío observador de doce mundiales de fútbol para afirmar que el gol de Freddy Rincón a Alemania es una verdadera obra de arte. Y como sucede en el ámbito del arte (Goya, Beethoven, García Márquez), el entorno y el contexto en que se produjo este gol son determinantes en la trascendencia de la obra.

Primera consideración:

Colombia llegaba a ese partido en Milán con la obligación de al menos empatar para poder clasificar a octavos de final como uno de los mejores terceros. La derrota ante Yugoslavia por 1 a 0 había dejado muy en entredicho la clasificación.

Segunda consideración:

Colombia debía enfrentar a Alemania, que ya había goleado 4 a 1 a Yugoslavia y 5 a 1 a Emiratos Árabes Unidos. El partido de jugaba en el imponente estadio Giuseppe Meazza de Milán, que estaba abarrotado de hinchas alemanes que andaban felices con el arrollador arranque de su selección, en un año muy especial para ellos puesto que la unificación de Alemania tras la caía del Muro de Berlín era inminente. Es decir, mucha bandera, mucha celebración, mucha euforia y, también, mucha cerveza. Alemania jugaba de local, como si el partido se jugara en el Waldstadion de Frankfurt, el Westfallenstadion de Dortmund el Rheinstadion de Düsseldorf o el mismísimo estadio Olímpico de Munich.

Tercera consideración:

Cuando promediaba el primer tiempo, Valderrama recibió una falta y cayó al piso dando muestras de dolor. Los seguidores de Alemania consideraron que se trataba de una simulación, y a partir de ese momento, hasta el final del partido, se dedicaron a chiflar e insultar al Pibe cada vez que recibía el balón.

Cuarta consideración:

Cuando faltaban apenas dos minutos para el final, Pierre Littbarski anotó para Alemania un verdadero golazo y echó por tierra todo el esfuerzo que había realizado Colombia para sostener el empate que la mantenía con vida en el Mundial. Todo parecía perdido.

 

Ahora sí, la jugada. Se juegan ya dos minutos de reposición. Esta arranca con un ataque de Alemania por la franja derecha. Rincón, al borde del área colombiana, marca a Littbarski, quien pierde el balón con Leonel Álvarez. Este le pasa al balón al Bendito Fajardo, quien avanza unos metros y la toca para Valderrama. En medio de la rechifla de los alemanes Valderrama se deshace de dos rivales. Una muy rápida sucesión de toques cortos entre Valderrama, Rincón (que ya se había sumado al ataque) y Fajardo, que desarman el sistema de marca de los alemanes en la mitad de la cancha, permiten que Valderrama reciba de nuevo la pelota (y otra monumental rechifla) con más espacio.

En el mejor estilo de Franz Beckenbauer cuando era jugador -en ese partido era el director técnico de Alemania - Valderrama controla el balón y levanta la cabeza (“Mirada al frente, balón a los pies, la estampa de un crac”, decía el pie de foto de una imagen de Beckenbauer que publicó la revista El Gráfico en 1977). Valderrama mira hacia el centro del área de Alemania como si quisiera habilitar a alguno de los dos delanteros de Colombia que iban por el centro y el sector izquierdo más bien libres de marca. Junta a cuatro alemanes que intentan cerrarle el paso pero antes de que lo crucen Valderrama, quien todavía avanza hacia el centro y mira hacia su izquierda, con la precisión de un cirujano toca el balón hacia la punta derecha, donde Rincón, libre de marca gracias a los movimientos previos del Pibe, entra al área y marca el gol que todos hemos visto una y mil veces.

En cualquier contexto (un partido de barrio o un juego de campeonato donde no se decide nada) la jugada ya es de por sí un gol brillante. Pero el marco en que se hizo y las circunstancias en que se logró lo convierten en algo sublime. Algo de verdad épico.

Cuando revisaba las imágenes de la jugada para precisar algunos de los detalles y sentarme a escribir recordé al tenista Novac Djokovic cuando, en un partido decisivo de algún Grand Slam, logró salvar un match point ante Roger Federer y ganar luego ese game. Djokovic miró a la tribuna, donde la gran mayoría de los asistentes le hacían fuerza al suizo y mientras les sonreía puso su dedo en la frente como diciéndoles. “Esto se gana con la cabeza”.

Eso mismo hicieron los colombianos que participaron en esa jugada. Además de aprovechar sus condiciones técnicas, dejaron de lado los nervios y la angustia. Hicieron caso omiso de que si perdían se iban del Mundial. De que se jugaba el minuto 47 en una época en que no se sabía muy bien cuántos minutos agregaría el árbitro. De que a Valderrama desde hacía una hora lo chiflaban casi 100.000 personas cada vez que tocaba el balón. De que un delantero, en esa circunstancia extrema, lo más probable es que en un mano a mano con el arquero cierre los ojos y le pegue con toda la fuerza para ver qué pasa.

Pero no. Valderrama, como si estuviera jugando con sus hermanos y primos en alguna calle del barrio Pescaíto, en Santa Marta, desarmó a punta de movimientos de su cuerpo y su cabeza a media defensa alemana y le dejó libre el camino a Rincón. Rincón, siendo volante mixto, definió como si se tratara de Romario, de Schtoikov, de Ronaldo, de alguno de los grandes delanteros de su época.

Han pasado muchos años desde entonces. He visto centenares de partidos más. Decenas de golazos de toda factura en partidos decisivos de la Copa de Mundo. Pero este gol de Rincón, que también es de Valderrama y de Fajardo y de Leonel Álvarez, todavía hoy me produce mucho asombro. En esos 30 segundos que dura la jugada completa ellos se comportaron como los grandes artistas que, cuando quieren plasmar una emoción en un lienzo o en una partitura, combinan su talento natural, su imaginación y su habilidad para ejercer el oficio con la cabeza fría de un físico y de un matemático.