22 Abril 2022

Adiós, petróleo… adiós

En el horizonte próximo se vislumbra la escasez de los recursos fósiles, y esto tendrá un impacto enorme en la matriz energética global, dependiente del petróleo, el carbón y el gas natural. Frente a esto, las energías renovables empiezan a ganar relevancia.

En un vistazo a 2050 incluso los análisis más optimistas vaticinan una tendencia de reducción en la disponibilidad mundial de energía fósiles. Es decir, hoy es posible predecir con cierto grado de exactitud cuándo enfrentaremos el fin del petróleo.

Esto plantea un dilema particularmente complejo, pues, al mismo tiempo, mientras disminuye la perspectiva de contar a largo plazo con energía no renovable, hoy el petróleo sigue siendo la principal fuente energética que hace funcionar el mundo. Y hasta que las fuentes renovables no logren sustituir el llamado oro negro, seguiremos dependiendo de él.

Según la Opep, la demanda mundial de petróleo en 2021 y 2022 está en 27,8 y 28,8 millones de barriles diarios respectivamente; y mientras el consumo crece, el hallazgo de nuevas reservas disminuye a nivel global. Incluso, en lo que podría verse como “raspar la olla”, cada vez es más frecuente que se recurra a los crudos pesados o a métodos como el fracking en un esfuerzo por explotar hasta la última gota.

De acuerdo con la BP Statistical Review of World Energy en 2020 la generación mundial de energía provino principalmente de combustibles fósiles, en un total de 82,9% (de petróleo 31,4 %, de carbón 27,2 % y de gas natural 24,3 %. Luego, en la matriz energética global está la generación hidroeléctrica (6,9 %), la nuclear (4,3 %), y de otras fuentes renovables (3,2 %). Es decir, la dependencia energética de los no renovables sigue siendo predominante en el mundo.

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Pero estas fuentes son finitas –y, además, son grandes responsables del calentamiento global–, y mientras su límite empieza a vislumbrarse, toma relevancia la necesidad de cambiar la matriz mundial y llevarla hacia una mayor participación de las energías renovables, lo que se ha llamado “descarbonización de la energía”. Y esa tendencia ya se puede observar de diferentes maneras.

Toma relevancia la necesidad de cambiar la matriz mundial y llevarla hacia una mayor participación de las energías renovables, lo que se ha llamado “descarbonización de la energía”.



Energía en movimiento

Uno de los síntomas más visibles de este afán de “descarbonización” es la penetración acelerada de la movilidad eléctrica. Las ventas de este tipo de vehículos alcanzaron las 6.6 millones de unidades en 2021 a nivel global, triplicando la cifra de 2019, según un análisis de la Agencia Internacional de Energía (IEA por sus siglas en inglés), del cual se desprende que casi 9% del mercado mundial de automóviles es eléctrico.

Esto parece ser una buena noticia para el medio ambiente, pues significa una reducción en las emisiones por quema de combustibles fósiles. Sin embargo, contiene también una paradoja: según la matriz de energía mundial, estos vehículos eléctricos están hoy funcionando con energía generada con combustibles no renovables y, de hecho, es una de las razones por las que la tendencia de este tipo de generación va en aumento.
Entonces, a pesar de que la movilidad eléctrica es un buen síntoma a futuro, mientras la generación no empiece a volcarse de maneras masivas y eficientes hacia la energía renovable, no es mucha la ganancia en el esfuerzo de descarbonización.

Según la matriz de energía mundial, los vehículos eléctricos están hoy funcionando con energía generada con combustibles no renovables.



Soplan vientos nuevos

La energía renovable es la que no utiliza en su generación combustibles fósiles, es decir, la hidroeléctrica, la nuclear, la eólica y la solar, entre otras fuentes cuya participación actual es marginal.

En este sentido, Colombia, a juicio de la Unidad de Planeación Minero-Energética (UPME) del Ministerio de Minas y Energía, tiene un enorme potencial. “El país cuenta con recursos naturales renovables de clase mundial, y un entorno de mercado propicio para la inversión y el desarrollo de estos recursos que en conjunto permitirían avanzar en la sustitución de combustibles contaminantes”, señaló Christian Jaramillo, director de la
UPME, en un informe de Mapfre Global Risks.

“En la búsqueda global de un modelo energético sostenible para los próximos años, Colombia afronta la transición energética desde un lugar privilegiado”, concluye el informe. Actualmente, 68,3% de la generación de energía en el país es hidráulica, y se espera que la participación de la generación solar y eólica alcance el 8% en los próximos años, restándole presencia a la generación por carbón, gas natural y diésel.

“En la búsqueda global de un modelo energético sostenible para los próximos años, Colombia afronta la transición energética desde un lugar privilegiado”.



Según las investigaciones de la UPME, el aprovechamiento de los recursos eólicos permitiría sustituir gran parte del gas natural que se emplea hoy en la generación. Y el epicentro de esta promesa es La Guajira, donde se ha vuelto común ver los enormes molinos de viento en el horizonte desértico. De hecho, en enero pasado el presidente Iván Duque inauguró el parque eólico más grande del país, Guajira 1, el cual tendrá una
generación equivalente al consumo de 33.295 hogares y es el primero de 16 parques eólicos planeados en la zona.

día de la Tierra - Energia

Gracias a estas iniciativas, Colombia ha pasado del puesto número 34 en el índice de Transición Energética del Foro Económico Mundial al número 25, en tan solo un año, lo cual es un reconocimiento firme al esfuerzo de descarbonización de la energía colombiana. La pregunta, que no solo atañe a Colombia sino al mundo en general, es si el ritmo de reemplazo de las energías fósiles por fuentes renovables será suficiente frente al horizonte de escasez del oro negro.