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21 Abril 2022

El viaje de la botella

El plástico es un problema. La buena noticia es que el mundo aún puede reaccionar. En la solución participan tres actores: gobiernos, empresas y consumidores. Este es el panorama de la crisis del plástico.

Imaginemos que compramos en la tienda del barrio un refresco que viene en botella de plástico. Este envase que ahora tenemos en las manos ha recorrido un largo proceso para su fabricación, y una vez terminemos de beber su contenido y lo arrojemos a la basura continuará un camino aún más largo. Sin que lo sepamos del todo, esta botella hace parte de una de las problemáticas ambientales más agudas e irreversibles entre todas las que hoy enfrenta nuestro planeta.

Los científicos le llaman la “crisis del plástico”, y para comprenderla debemos ir al principio. En esta larga cadena, una empresa extrajo petróleo, otra lo transportó hacia una refinería donde otra empresa lo descompuso. Luego, una empresa más procesó ese derivado del petróleo para transformarlo en diminutas bolitas de plástico, para que otra empresa las transformara en botella y otra más la llenara con refresco. Todos felices, porque un derivado del petróleo se convirtió en un empaque eficiente, liviano y que preserva intacto su contenido: esta es la principal virtud del plástico.

Pero el problema empieza cuando bebemos el refresco, y entonces ya el milagroso material no es más que basura, o al menos eso parece. Imaginemos lo que ocurre luego: esa botella tiene ahora dos caminos posibles. Uno, es terminar en la caneca de reciclaje, por lo que la recogerán, la llevarán a un centro de acopio, la clasificarán con otras similares, la molerán, la derretirán y la convertirán, luego, en diferentes productos de plástico que volverán al mercado.

Un viaje de décadas


Pero el segundo camino es más tortuoso y será el que casi por seguro –estadísticamente– tomará: irá al basurero… Con el tiempo, la lluvia y la erosión llevarán a nuestra botella hasta un cauce de agua, como un río; y así iniciará su largo viaje. Una de las virtudes del plástico –que es liviano– ahora es un defecto, pues la botella flotará en el agua y eventualmente será arrastrada hasta el mar. Y aquí, otro de los beneficios de este material –que es increíblemente duradero–, se torna en desventaja: esa botella pasará décadas flotando en el océano, y al someterse durante tanto tiempo a los elementos terminará fragmentándose en trocitos diminutos, llamados microplásticos.

Acá está el problema. Estos microplásticos han pasado desapercibidos durante años, pero ahora empiezan a aparecer. Los océanos están llenos de ellos, a tal magnitud que por la acción de las corrientes se están agrupando en “islas” de plástico de extensiones enormes.

Los peces los comen al confundirlos con su alimento y terminan afectando su organismo. El viento los transporta a través de largas distancias, tanto que los científicos han encontrado microplásticos en lugares tan imposibles como el Polo Norte, la cima del Everest y la profundidad abisal de la Fosa de las Marianas. Están en todas partes, y se han integrado a las cadenas alimenticias. Por eso, estudios han arrojado que un ser humano “come” en microplástico el equivalente a una tarjeta de crédito al año, y se han hallado estos omnipresentes elementos en la sangre que corre por nuestras venas y dentro de la placenta.

Un ser humano “come” en microplástico el equivalente a una tarjeta de crédito al año, y se han hallado estos elementos en la sangre y dentro de la placenta.


La gravedad de esto está en el origen mismo del plástico: el petróleo. Como muchos de sus derivados, el plástico ha sido relacionado con infertilidad, diversos tipos de cáncer y otras patologías. Entonces, al final del largo viaje de la botella está nuestra propia salud, y el milagroso e inerte material ya no lo es tanto.

Cifras plásticas

National Geographic, citando a Naciones Unidas y WWF, informó algunas cifras alarmantes sobre el plástico en el mundo: se calcula que ocho millones de toneladas de residuos de plástico llegan a los mares del mundo cada año, y de continuar la tendencia, en 2050 el total de la masa de plástico en los océanos será más grande que la masa de peces. Actualmente el cálculo es que existen 150 millones de toneladas de plástico en los océanos del mundo, y anualmente esta cifra crece en ocho millones de toneladas.

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En Colombia los números no son mejores. Dice Greenpeace que, según los cálculos más optimistas, tan solo 17 por ciento del plástico que se consume en el país –1.2 millones de toneladas anuales– se recicla; y dos de los ríos colombianos más importantes, el Magdalena y el Amazonas, están entre los 20 que más transportan plásticos al océano.
Así las cosas, y ya que la tendencia es que el consumo de plásticos de un solo uso va en aumento, es necesario saber qué vamos a hacer con nuestra botella de refresco.

¿De quién es la culpa?


Esta es una pregunta difícil de resolver, y quizá la respuesta más acertada será decir que la culpa la tenemos todos: gobiernos, empresas y consumidores. Por tanto, la solución está en manos, también, de estos tres actores.

Los gobiernos, tanto nacionales como locales, debe dejar su displicencia ante la crisis del plástico y empezar a crear regulaciones y “reglas de juego”. En Colombia, por ejemplo, se ha intentado en diferentes oportunidades legislar al respecto, con iniciativas que van desde la eliminación de plásticos de uso único en Parques Naturales, pasando por la
aplicación de impuestos sobre los mismos –e incluso la prohibición de algunos de los ítems más problemáticos–, hasta la creación de una economía circular basada en el aprovechamiento del material.

Los gobiernos, tanto nacionales como locales, debe dejar su displicencia ante la crisis del plástico y empezar a crear regulaciones y “reglas de juego”.

Por su parte, las empresas también están reaccionando. Muchas marcas están revisando sus empaques empujadas –obligadas, quizá– por la presión de los consumidores y las tendencias de mercado, que prefieren productos en los que el plástico no sea un problema. Coca Cola, por ejemplo, volvió a poner en circulación las botellas de vidrio retornables, Alpina cambió sus pitillos de plástico por unos similares de papel, y Alquería redujo el calibre de su bolsa de leche hasta lograr la más delgada de Colombia, por solo citar algunos ejemplos. Y en general, en el país todas las empresas están hoy obligadas a recuperar parte del plástico que utilizan e incluir materiales de reciclaje en sus empaques, gracias a la norma de Responsabilidad Extendida del Productor.

Las empresas también están reaccionando, empujadas –obligadas, quizá– por la presión de los consumidores y las tendencias de mercado, que prefieren productos en los que el plástico no sea un problema


Y luego, estamos los consumidores, es decir, nosotros que bebemos un refresco envasado en botella de plástico. Nuestra responsabilidad es que esa botella no termine en el basurero sino en el sistema de reciclaje para que pueda ser aprovechada nuevamente, durante varios ciclos de vida útil. En palabras simples, arrojarla en la caneca de reciclaje y no por ahí en cualquier parte.