4 Octubre 2022

Desde Venezuela, anuncian reanudación de diálogos con el ELN

Miembros del gobierno nacional, del ELN y países garantes hablaron de la reanudación de los diálogos de paz.

En rueda prensa desde Venezuela, las delegaciones del gobierno nacional y del ELN anunciaron la reanudación de los diálogos de paz en la primera semana de noviembre. El gobierno estuvo representado por Iván Cepeda y por el canciller, Álvaro Leyva, quien tiene además programado un encuentro con Nicolás Maduro este martes. La vocería del grupo guerrillero fue asumida por Antonio García y Pablo Beltrán. El evento tuvo también el acompañamiento de la Iglesia Católica, Naciones Unidas, Noruega y Cuba como países garantes.

Ambas delegaciones confirmaron que nada de lo que fue pactado con las Farc en La Habana aplicará para esta nueva fase de los diálogos entre el gobierno y el Ejército de Liberación Nacional. No obstante, este proceso no arranca desde ceros. La agenda y el marco base para un eventual acuerdo partirá del avance que dejó el equipo negociador nombrado por el entonces presidente, Juan Manuel Santos. 

¿Cómo llegamos hasta aquí?

Se trata de la noticia de mayor trascendencia en el esfuerzo de la llamada paz total de la administración Petro. Desde los tiempos de campaña, el hoy presidente fue claro en manifestar su intención de volver a instalar las conversaciones con la organización armada que, desde el silencio de los fusiles de las Farc, se convirtió en la guerrilla más antigua de Colombia. 

Materializar la promesa de Petro no va a ser fácil y, aunque es mucho el camino que queda por recorrer, el anuncio de este martes es un paso importante. Los obstáculos que el gobierno y sus delegados tenían que sortear para lograr la reanudación de los diálogos no eran de poca monta. Aunque el ELN ve con buenos ojos que el Ejecutivo busque la paz con todos los grupos armados irregulares, de ninguna manera estaban dispuestos a aceptar que se les incluyera a ellos en esa misma bolsa. Ellos han defendido con vehemencia la idea de que su lucha armada está motivada por un componente político y, en esa medida, no aceptaban sumarse a una figura de sometimiento colectivo, sino más bien a una negociación de paz. 

Los delegados del gobierno tenían clara esa circunstancia y, por eso, desde un principio plantearon para el ELN un tratamiento diferencial que le reconoce un carácter político. En eso había un acuerdo entre las partes. Pero el anterior no era el más complejo de los escollos. Durante la administración de Iván Duque, el ELN acabó convertido en un eje central de la política internacional de Colombia y marcó buena parte del destino de las relaciones con Cuba, Venezuela y Estados Unidos. 

Juan Manuel Santos, su antecesor, había sentado al ELN en una mesa de negociación que se instaló en Quito en febrero de 2017. Apenas estaban empezando a verse avances cuando Lenin Moreno, presidente de Ecuador, anunció que expulsaba de su país a la delegaciones del gobierno y de la guerrilla. 

Los cubanos, que ya habían prestado su territorio para adelantar las conversaciones con las Farc, le dieron una salida al gobierno de Colombia y aceptaron recibir tambiéna la recién expulsada delegación de paz para continuar el esfuerzo. El gobierno de Santos terminó con algunos logros parciales, pero sin acuerdo concreto. 

Iván Duque, el candidato ganador, había llegado al poder con un discurso diametralmente opuesto al de Santos.  El panorama era incierto. Sin embargo, Duque dijo que iba a darle un compás de espera al ELN para tomar una decisión sobre el proceso que estaba en curso. Los mensajes que mandaba la guerrilla parecían no tener eco en el gobierno. Y, en ese momento, el ELN ejecutó una acción terrorista que acabó con cualquier posibilidad de diálogo: la bomba en las Escuela General Santander que dejó un saldo de 23 muertos y más de un centenar de heridos. 

El país entero se conmocionó con el atentado y, en su mayoría, apoyó  Iván Duque cuando anunció que se paraba de la mesa. Las opiniones divididas empezaron con lo que vino después: el entonces presidente le pidió a Cuba que incumpliera los protocolos de rompimiento de los diálogos y que le enviara a los negociadores del ELN para judicializarlos en Colombia. Cuba, como país garante, no podía acceder a esa petición. Entonces comenzó una etapa de enfriamiento de las relaciones que dejó al gobierno de la isla en el peor de los mundos. Tenían en su territorio a una delegación del ELN sin saber qué hacer con ella, y estaban sufriendo los efectos de una andanada diplomática liderada por el gobierno Duque. 

Así las cosas, cuando Gustavo Petro ganó la Presidencia, tenía una lista inmensa de pendientes para lograr la noticia que se produjo hoy. Era necesario verificar la voluntad de paz del ELN, recomponer las relaciones con Cuba y Venezuela, lograr que se cumplieran los protocolos, volver a montar a los países garantes, verificar que los delegados que llevaban años en La Habana siguieran teniendo mando sobre la tropa que se quedó en Colombia, hacerse al apoyo de los Estados Unidos, encontrar una sede para los diálogos y persuadir a la insurgencia para volver a negociar. Todo eso se logró razonablemente rápido. Pero son muchas las preguntas que quedan en el aire. 

En la administración Santos se instaló una doctrina que parece opuesta a la actual: “vamos a negociar en medio de la guerra y nada está acordado hasta que todo esté acordado”. El gobierno Petro parece haber adoptado otro camino. El comisionado Danilo Rueda, en la rueda de prensa de este martes, contó que la opción del cese al fuego ya está sobre la mesa y que cada cosa que se acuerde se irá implementando. Habrá que ver si el experimento funciona. Es difícil imaginar implementaciones parciales en puntos como participación política y mecanismos de justicia sin que se hayan entregado las armas. En todo caso, lograr la paz con el ELN será en adelante una de las principales prioridades del gobierno.