
Deshojando a Margarita: retrato crítico de la procuradora
La suspensión del alcalde de Medellín, Daniel Quintero, despertó una vieja controversia sobre el papel real y la utilidad institucional de la Procuraduría. Las dudas sobre la imparcialidad de Margarita Cabello Blanco tampoco son nuevas.
Por: Alfredo Molano
La decisión de la procuradora Margarita Cabello Blanco, de sancionar a cuatro funcionarios públicos por intervenir en el debate electoral, marcó la agenda política en pleno desenlace de la campaña presidencial. La suspensión del alcalde de Medellín Daniel Quintero por la publicación de un video en el que le hace un guiño a la campaña de Gustavo Petro fue tan célere como polémica, ya que parece estar guiada por las preferencias ideológicas de la procuradora y no por la intención de disciplinar una conducta prohibida por la Constitución.
Y es que la medida de la jefe del Ministerio Público produjo una paradoja: al tiempo que activó el discurso del perseguido político en favor del candidato que hoy puntea en las encuestas, atrajo los reflectores sobre ella misma, proyectando en el telón sus sombras: las conexiones políticas que la llevaron de escribiente en el juzgado de Sabanalarga, al inicio de su carrera, a los cargos más poderosos en la rama judicial. Magistrada y presidenta de la Corte Suprema de Justicia, ministra de Justicia y del Derecho, y ahora procuradora general de la nación.
Margarita Cabello es descendiente del coronel Leandro Cabello, jefe militar de la Guerra de los Mil Días, y sus raíces paternas están en Villanueva, La Guajira. Estudió en la Corporación Universitaria de la Costa, un centro educativo de los Crissien, una familia que ha mezclado negocios, educación y política, y a la cual pertenece el actual ministro de Ciencia y Tecnología, Tito Crissien. Desde su alma máter, la procuradora Cabello selló un vínculo profundo con la clase política barranquillera. Su entrada a los círculos judiciales se dio de la mano de la casa política de los hermanos José y David Name Terán, y en particular del dirigente conservador, Abel Francisco Carbonell Vergara, quien fue el que le abrió campo en el juzgado de Sabanalarga, del cual fue jueza, en el año 82.
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