5 Agosto 2022

El contralor inesperado

Cuando todo el mundo daba por derrotado a Gustavo Petro en la elección de contralor general, se empieza a abrir paso una sorpresiva alternativa para reunificar la bancada de gobierno alrededor de Carlos Hernán Rodríguez, un candidato que se consideraba desahuciado hace apenas una semana. El plan, aparentemente, avanza a espaldas de Roy Barreras

Mientras el país nacional está pendiente de la posesión del presidente Gustavo Petro y de sus anuncios, el país político está metido de pies y manos en la elección del contralor general de la república. El proceso que arrancó en febrero se ha convertido en un seriado digno de Netflix. Luis Alberto Rodríguez, el indudable favorito en el partidor, ni siquiera llegó al final de la carrera. María Fernanda Rangel, una candidata que había arrancado con muy pocas posibilidades, estaba encabezando hasta hace 24 horas todas las apuestas y recibió esta semana un apoyo multipartidista tan grande que muchos pensaron que la historia había llegado a su fin y ya había contralora. Sin embargo, este 7 de agosto marca el arribo de un nuevo favorito, impulsado solapadamente por el gobierno entrante y presentado a los partidos como una fórmula de consenso y meritocracia.

 

Este viernes todos se imaginaban que el presidente electo Gustavo Petro estaba dedicado a preparar su discurso de posesión y a terminar de armar su gabinete. Lo increíble es que Petro, acompañado únicamente por Alfonso Prada, invirtió la mayor parte de su tiempo en reuniones con los partidos políticos, en donde el tema principal fue la elección de contralor, que tendrá lugar el 18 de agosto. Roy Barreras, el presidente del Senado, que hasta ahora había fungido como el gran armador de las alianzas políticas, no fue invitado a las reuniones con los voceros del Partido de la U, Liberal y Conservador. CAMBIO verificó que a la reunión de los liberales con el presidente electo y Prada asistieron el senador Lidio García Turbay, el representante Andrés Calle y Simón Gaviria, exdirector del DNP e hijo del jefe del partido. Por el Partido de la U estuvo la exsenadora Dilian Francisca Toro. Y por el Partido Conservador fue convocado el senador Carlos Eduardo Trujillo. Esta última reunión se extendió hasta altas horas de la noche.  

El apartamento de Petro, en el norte de Bogotá, fue el escenario  de estos encuentros con los jefes políticos. Con todos ellos, habló de la necesidad de consolidar una coalición de gobierno, y no solo de Congreso. Muchos estaban desconcertados porque nadie recordaba que un presidente se involucrara directamente en una negociación de cuotas, menos aún un presidente no posesionado y con un mandato fresco en las urnas. Además de la eventual participación en el gabinete, en todas las reuniones salió “espontáneamente” el tema de la elección de contralor. La semana había estado marcada por el desgaste de la coalición. Roy Barreras, que logró crear la bancada de gobierno más grande de la historia, parecía golpeado en la lucha por esta elección. La decisión suya y del resto de la mesa directiva de conformar una nueva comisión accidental cayó mal en el Congreso y fue apelada por un grupo de legisladores. La intervención de Roy fue respondida por un comunicado conjunto de los partidos Liberal, Cambio Radical, Conservador y de La U, en el que manifestaron su decisión de votar por la candidata María Fernanda Rangel. 

El apoyo mayoritario a la candidata tuvo lugar el miércoles y muchos lo interpretaron como una derrota del gobierno. Rangel ha sido descalificada permanentemente por alfiles de Petro, que la señalan como la candidata del contralor saliente Carlos Felipe Córdoba, una definición que ella rechaza pero que se da por cierta en el Capitolio. En las cábalas políticas se daba como un hecho que todo el movimiento de Roy, atribuido en últimas al presidente electo, tenía dos propósitos: el primero era tratar de sacar a María Fernanda Rangel de la lista de elegibles y el segundo era incluir en ese listado a Julio César Cárdenas Uribe, quien durante la alcaldía de Petro fue alto directivo de la Transportadora de Gas Internacional, una empresa del distrito capital. Hace cuatro años, cuando Felipe Córdoba fue elegido contralor, el entonces senador Petro anunció que votaría por Cárdenas, un candidato sin opción real. En esta ocasión, aunque era clara la simpatía del presidente electo, había una gran dificultad para meter a Cárdenas en la lista porque obtuvo uno de los puntajes más bajos en el examen de conocimientos. Su gran hoja de vida lo impulsó para entrar entre los 20 finalistas, pero no le alcanzó para llegar a los 10. 

Cuando los presidentes de Senado y Cámara, ambos del Pacto Histórico, decidieron armar una nueva comisión accidental, con la justificación de subsanar errores de la anterior, muchos congresistas asumieron que "el error" que Roy Barreras y David Racero querían remediar consistía en incluir a Cárdenas y sacar de la lista a María Fernanda Rangel. Por eso los anuncios de respaldo a esta última fueron leídos como un desafío a Roy y al gobierno entrante. Nunca una comisión accidental fue tan accidentada. Muchos de los designados declinaron pertenecer a ella y varios advirtieron que sus miembros podrían incurrir en el delito de prevaricato. El jueves, cuando finalmente se reunió la comisión, acudieron diecinueve senadores pero solo 12 calificaron a los aspirantes. En cuanto a representantes a la Cámara, acudieron catorce pero solo trece ejercieron la calificación. 

La sorpresa fue que después de tanto ruido no hubo cambios. La nueva comisión accidental terminó incluyendo los mismos nueve nombres que venían de la anterior y solo sumaron un candidato llamado Luis Fernando Bueno, que no parece tener opciones. Mucha gente se preguntaba si había valido la pena poner a prueba la resistencia de la coalición de gobierno en el Congreso para terminar con los mismos nombres, pero con heridas abiertas que podrían repercutir en el trámite de reformas esenciales para el gobierno como la tributaria, la agraria y la reestructuración del sector Defensa.
 
Las acciones de Roy, que hasta esta semana había ganado todas las batallas, parecían terminar el jueves a la baja, pero, como el Chapulín Colorado, “no contaban con su astucia”. La lista era la misma, pero no igual. El orden había cambiado. El prodigio lo logró la inclusión de una nueva entrevista a los finalistas, que algunos consideran irreglamentaria y que sirvió para subir a unos y bajar a otros. Por ejemplo, el senador vallecaucano del Pacto Histórico Alexander López, miembro de la comisión accidental, le puso cero en la entrevista a María Fernanda Rangel y, en cambio, calificó con 100 puntos a su paisano y amigo Carlos Hernán Rodríguez, ex auditor general y nuevo favorito del gobierno Petro. 

Así las cosas, el hasta hace poco desahuciado para la elección Carlos Hernán Rodríguez quedó de primero en los puntajes de la nueva comisión. Mientras tanto la favorita en todas las apuestas, María Fernanda Rangel, fue ubicada en el octavo lugar. En teoría, esa clasificación no implica nada porque se supone que los 10 elegibles llegan en igualdad de condiciones para ser oídos por el Congreso en pleno antes de la elección. Eso, en teoría, porque en la práctica el nuevo ranking se está volviendo definitivo. En la reunión, el presidente Petro le pidió a cada partido reconsiderar su decisión de votar por Rangel y, por el contrario, apoyar “el mérito”, un mérito que ellos mismos armaron astutamente con el sistema de calificación.

Aunque durante los encuentros con los voceros de los partidos el presidente electo nunca mencionó a Carlos Hernán Rodríguez por su nombre, sí hizo una señal más que evidente. Dijo que él vería con simpatía si se lograba una fórmula de unión alrededor de la meritocracia y ¡qué mejor que elegir al que obtuvo el mayor puntaje, al primero de la lista! Incluso, cuando uno de los asistentes despistado preguntó quién era el primero, el ministro del Interior in pectore, Alfonso Prada, abrió un papel y leyó su nombre como si no supiera de antemano: Carlos Hernán Rodríguez. La verdad es que Prada conoció a Rodríguez siendo auditor, pero su esposa, Adriana Barragán, sabe quién es desde hace muchos años. 

El ahora candidato emergente a la Contraloría era diputado a la Asamblea del Valle del Cauca en 2002 cuando las Farc secuestraron a casi todos los miembros de la corporación. Él se salvó por minutos porque su hijo se enfermó y tuvo que llevarlo al médico. Uno de sus compañeros en la asamblea, secuestrado y posteriormente asesinado, fue el diputado Carlos Barragán, hermano de la esposa de Prada. Durante el secuestro, Rodríguez ocupó la presidencia de la Asamblea, se convirtió en el paño de lágrimas de las familias de sus compañeros –incluyendo a los Barragán– y, además, luchó para que les siguieran pagando el salario a los familiares y no les quitaran su investidura, como pretendía el gobierno nacional de la época.

La política llevó a Carlos Hernán Rodríguez a hacer una alianza que lo ha perseguido cada vez que aspira a un cargo. Fue promotor de la candidatura a la Gobernación del Valle del Cauca del cuestionado Juan Carlos Abadía. En esa empresa electoral estuvo acompañado del también condenado parapolítico Juan Carlos Martínez, el cacique de Buenaventura señalado por sus relaciones con narcotraficantes. Rodríguez nunca ha sido asociado con los delitos y faltas de Abadía y Martínez, pero haber militado a su lado se convirtió en una sombra en su carrera. 

Después de esa experiencia política, Carlos Hernán Rodríguez fue contralor departamental del Valle y algunos recuerdan que fue severo en el control de la gobernación del propio Abadía. Su contraloría fue calificada como la mejor de Colombia junto con la de Antioquia. De ahí proyectó su carrera y trabajó en la Defensoría del Pueblo inicialmente con el cuestionado Jorge Armando Otálora y siguió escalando hasta convertirse en auditor general de la república. Muchos lo reconocen como un abogado muy calificado y un experto en control fiscal. Lo único que le reprochan son esas viejas compañías que él sostiene que son cosa del pasado. 

No sería la primera vez que hay palo en la elección de contralor general. Hace cuatro años, muchos daban por descontado que sería elegido el presidente de Fedegan, José Félix Lafaurie, por ser el más emblemático de los candidatos del entonces partido de gobierno Centro Democrático. El destino, que parecía inexorable, cambió en una reunión entre los expresidentes Álvaro Uribe, Andrés Pastrana y César Gaviria en el Hotel de la Ópera, a unos pasos del Capitolio. Los exmandatarios llegaron a un acuerdo para elegir a Carlos Felipe Córdoba y José Félix se quedó con los crespos hechos. También fueron sorpresa Sandra Morelli, quien derrotó al gran favorito Alberto Rojas Ríos en 2010. Y Edgardo Maya, que en 2014 se quedó con la Contraloría cuando César Gaviria tenía todo listo para escoger a Gilberto Rondón. 

Lo que sí resulta sorpresivo es que de las reuniones del presidente Petro con los partidos haya sido excluido el presidente del Senado, Roy Barreras. Artífice de la coalición de gobierno y uno de los grandes estrategas detrás de la elección de Petro, Barreras ha sido el interlocutor de las bancadas parlamentarias. Sacarlo de los acuerdos de gabinete o de elección de contralor es restarle autoridad y margen de maniobra ante los congresistas. Durante su campaña, Petro criticó el manejo que Iván Duque le dio a los organismos de control que perdieron toda independencia frente al gobierno. Sin embargo, meter la mano en esta elección muestra que el nuevo presidente decía una cosa pero está haciendo otra. No está cambiando esa tradición de interferencia del Ejecutivo. Aún más, Petro no se conformó con un guiño sutil y mediado, como solían hacerlo los presidentes, sino que de frente se reunió con los jefes de los partidos para pedirles que no se precipitaran en su apoyo a María Fernanda Rangel, y que consideraran los resultados “del mérito” para tomar la decisión. Los políticos lo entendieron rápido pero el país difícilmente lo comprenderá.