20 Febrero 2022

El gato con votos

Laureano Acuña salió elegido senador con más de 81 votos.

Crédito: Colprensa

'Cambio' publica tres reveladores audios del senador Laureano Acuña, conocido como el gato volador, en los que muestra cómo funciona la industria de compra de votos. La historia de un mochilero que ahora preside la Comisión de Ética del Senado.

Por: Alfredo Molano Jimeno

Laureano Acuña lleva 12 años en el Congreso de la República y pocos le conocen la voz. Tal vez, cuando más se le ha oído es en la grabación que dio a conocer esta semana el abogado Miguel Ángel del Río. Un audio de 2 minutos y 20 segundos del que la mitad es incomprensible por la jerga y el acento del senador, y el resto contiene cuatro groserías y varios delitos. La grabación revela el modus operandí del que algunos consideran el comprador de votos más versado de Colombia. 

Es el Gato volador, al que todas las casas políticas de Atlántico tienen que acudir en elecciones para que gestione los votos porque es el único que garantiza pérdidas menores al 30 por ciento, cuando la tradición había sido que para sacar 10 votos había que comprar 20. Pero a Laureano Acuña, actual presidente de la Comisión de Ética del Senado, no se le pierden fácilmente los votos porque conoce el sistema a la perfección. Fue mochilero, torniquetero, coordinador y ocupó cada peldaño del sistema de corrupción electoral en la Arenosa. La muestra está en una serie de grabaciones que hoy revela Cambio.

El abrebocas de este episodio fue el audio revelado por Del Río, en el que presuntamente hablan el senador conservador, de 51 años, y el actual candidato a la Cámara de Representantes Edison Massa Samper, capturado en 2015 bajo los cargos de trashumancia y suplantación de cédulas cuando aspiraba a la alcaldía de Puerto Colombia. 

—“Yo lo que quiero que entiendas, viejo Massa, es que el Atlántico es más costoso que cualquier otro departamento”, sostiene Laureano Augusto Acuña a modo de inducción ante su pupilo. 

El interlocutor dice que lo tiene claro y continúa su lección. Acuña es llamado desde su juventud el Gato por sus ojos verdes, después lo empezaron a conocer como el Gato volador cuando se puso de moda la champeta del mismo nombre. Su remoquete se volvió sinónimo de sagacidad política porque ha saltado de tejado en tejado en todas las casas políticas de Barranquilla. 

En una de las grabaciones, Acuña sostiene que puede hablar con los alcaldes para que le pongan “unos voticos” al “negro Martínez”, en aparente referencia al condenado parapolítico de Buenaventura Juan Carlos Martínez Sinisterra, quien se benefició de la prescripción de la acción penal en una investigación abierta por sus relaciones con narcotraficantes del Norte del Valle.   

El condenado parapolítico Juan Carlos Martínez
El condenado parapolítico Juan Carlos Martínez/ Crédito: Colprensa


—Yo al final le puedo decir al alcalde: vota por mí, mi hermano, y vota por una cámara aquí pa que te ganes un billetico y con esa plata los ponemos a votar –sostiene Acuña antes de caer en un par de frases ininteligibles, en parte por la calidad de la grabación y en parte por el fuerte acento barrioabajero que delata sus orígenes en  el sector de La Redonda, propiamente en la Cuchilla de Villate.  Allí creció y un día lo encontró Jorge Gerlein Echeverria, cuando llegó al barrio a pavimentar la calle donde Acuña trabajaba en un billar de coime, como se le dice en Barranquilla a quien acomoda las bolas para el juego.

El audio corre unos segundos y se vuelve a entender lo que dice el senador: 

—Los manes lo que quieren es ganarse una platica (inaudible), los manes van a coger los tres concejales ahí, de sus amigos, para poder después tomar, pero ellos al final tienen que dar de su cuenta su bocado.

Lo que hasta aquí revela el audio es que el Gato volador, forjado en la estructura política de los Gerlein, los Name y Efraín ‘Fincho’ Cepeda se vale de los alcaldes amigos para conseguir votos. Según dicen, Acuña ha crecido tanto en los últimos años que hoy cuenta con tres o cuatro alcaldías propias, de personas que él mismo ha ayudado a elegir y a quienes domina política y burocráticamente. En entrevista con W Radio, Acuña se defiende. Dice que no le debe nada a ninguna casa política y que cuando habla de plata, de billete, se refiere a inversión en función del bienestar de la gente. Pero ahí no se detiene el Gato volador:   

—A revisar qué es lo que tenemos que movilizar aquí en Atlántico pa poder cuadrar 70.000 votos. Mínimo tenemos que comprar 70.000 votos. De ahí nos vamos empujados. Yo no quiero hacer una campaña loca. Vamos a coger y vamos a zonificar 250.000 o 200.000 para después no apenas van 140.000(...) Les vamos a pagar para eso y de ahí jueputa no nos podemos bajar, porque usted sabe que se jode esta mondá. Después en Santa Lucía, y cogemos no se qué y no se qué y ya nos reunimos en cada municipio.

Entre procacidades, el Gato, que sacó 82.854 votos en la anterior elección, hace cuentas de cuántos debe “comprar”, aunque en su entrevista con Julio Sánchez Cristo explicó: “Una cosa es comprar y otra cosa es colocar votos. Yo no he hablado del término de comprar votos, si yo utilizara ese término de ‘comprar’, solamente a un inocente en política le pasa en la cabeza”. No obstante, su aclaración dejó ver otra técnica compravotos llamada la zonificación, que consiste en concentrar los votos de cada líder en puestos de votación específicos de tal manera que pueda llevarse la contabilidad  a la hora del escrutinio. Con un  mínimo margen de error pueden establecer cuántos votos le dará una mesa a cada candidato. 

Una maniobra que el Gato conoce a la perfección dado que su entrada al mundo electoral fue como mochilero. Mochilero es aquel que anda con una mochila llena de plata para pagar los votos comprados. Una práctica que no está del todo mal vista en la política de la Arenosa y por la que han pasado Jorge Eliécer ‘Monchi’ Merlano, padre de Aida, y la propia exsenadora en sus inicios, de la mano de los Gerlein. 

Vamos donde el negro Martínez

Cambio conoció tres grabaciones más del Gato con su amigo y candidato a la circunscripción especial para negritudes Edison Massa. Las conversaciones ocurrieron en noviembre pasado y las elecciones que están preparando son las parlamentarías que se realizarán el mes entrante. Uno de los audios tiene 3 minutos y nueve segundos. El diálogo empieza con Laureano diciéndole a Massa que lo mejor es que se inscriba por el Partido Conservador, su partido, para que así puedan compartir escenarios, de lo contrario no podrían estar en la misma tarima, ya que el presidente de Comisión de Ética del Senado podría ser acusado de doble militancia.


—Solo son ideas. Hasta donde podamos llegar en el sentido, yo me siento en el sentido… Lo mío es con el Partido Conservador —dice el Gato volador—, pero yo quiero sacar, nosotros vamos a trabajar sobre la base de que vamos por el Partido Conservador y ya. (...) O nos quedamos ahí corriendo el riesgo de que yo tengo que llegar a una reunión, echo un discurso y tú no puedes estar al lado mío. Tienes que esperar que yo me vaya 10 minutos pa tú poder llegar.

—Porque yo no puedo decirte te digo…—intenta decir Massa.

—Tú sí puedes decir que vas a votar por mí— interrumpe Acuña.

—Quiero votar por Laureano Acuña, el senador tal—practica el candidato con entusiasmo.

— Na, na, na, na. Voy a votar en mi condición, tú si lo puedes decir, yo no lo puedo decir por ti. Pero además, así tú lo digas eso puede llevar a un enredo en la cárcel— advierte el Gato.

—- La ley es tan hijueputa— concluye Edison Massa.

—Claro mira cómo jodieron al man de La Guajira— admite el Gato.
 
Laureano Acuña empezó en política en la junta de acción comunal de su barrio, luego fue concejal por dos periodos y representante a la Cámara, en 2010, en 2014, llegó a las grandes ligas al convertirse en senador. Hoy es un hombre con capital político propio. Incluso, algunos piensan que es tan hábil que logró quedarse con la estructura más antigua de Barranquilla: la de los Gerlein, una casa que durante medio siglo eligió a Roberto como senador y le alcanzaba para tener otras curules, en Senado y Cámara, en la Asamblea y en el Concejo. Por eso Edison Massa parece tomar apuntes de lo que explica Laureano y sigue así el audio:

— Eso fue lo que me dijeron también a mí—afirma Massa— Eche es que en el transcurso de la vaina cambiamos tus votos. No entreguemos. Tú se los quieres entregar al man de Sucre, un man que ni te dijera porque plata no tiene.

—Podría pasar una platica—señala el Gato.

—No tiene, Laureano—responde Massa— Te puede levantar 300 barritas.

—Sí, eso lo puede levantá— el Gato asegura.

—Esos manes no tienen, Laureano.

—-Pero yo no estoy es buscando que me entren 1.000 ni 10.000.

—-Sí, pero vamos donde el negro Martínez y decimos hombre negro Martínez cámbiame esta vaina, voto a voto de una vez y te sirve a ti y como dices tú—Massa menciona en la conversación a Juan Carlos Martínez, parapolítico y cacique electoral en la otra costa— Hay que poner varias cla.… Primer punto, bueno, negritudes. Segundo conservador. Tercero, puta buscamos al negro allá tenemos (inaudible), al otro tanto, al otro tanto y ajá.

—Eso es lo que vamos a hacer—concluye el senador Laureano Acuña.

Aquí el diálogo entra en cuentas que solo ellos, Laureano y Massa, entienden. Hablan de 80 barras, de un candidato sin plata, al que Massa no quiere que Laureano apoye pero él se siente comprometido.

— No hombe, qué vas a ganar. (inaudible) habla con el negro Martínez. Sí, pero el negro Martínez tiene 20.000, 25.000. Nosotros le levantamos 15 y el man tiene más y se los negocia. Vas a ir a meter plata a donde la puedes perder— alerta Massa.

—Tienes toda la razón, pero déjame trabajar, porque tú no me dejas trabajar. No joda, sigue hablando que Aida está comiendo—admite el Gato.

Eso es con plata

Otro audio en manos de Cambio exhibe la forma en la que Laureano lleva su contabilidad. Su duración es de 2 minutos y 19 segundos y su interlocutor no está identificado. Arranca hablando Acuña, el silencioso senador conservador en el Congreso, en Barranquilla se transforma en un airado reclamante que le viene pisando los talones a las grandes casas electorales. Tan potente es su estructura que hoy veteranos congresistas lo buscan para hacer acuerdos. 

 — Marica ya (inaudible) y vemos qué pasa. Dos, yo de verdad insisto, quiero sacar las cuentas y dejar en claro qué se puede usar y qué me queda y qué no me queda. Y tres, estoy necesitando una plata para participar. Cuarto, ya pal último momento empezamos a poner plata para (inaudible). Y quinto, saber qué es lo que nos vamos a gastar,  qué puedo poner yo y cuál es la diferencia. Si te mando a la calle, qué es lo que yo puedo apostar y qué es lo que no puedo apostar ahí. Yo mismo puedo decir: con esta vaina solamente lo vas a poner presa. Si ganamos bien y si perdemos también. Yo estoy repartiendo pero tampoco estoy para botar la plata—, enfatiza Acuña con tono de molestia.

Su interlocutor, entre grosería y grosería asegura no está para “sacar 150.000” porque no tiene esa plata. Eso sí, le dice a Acuña que si él le paga a cualquiera le va a regalar 300 “voticos”  de “bacan”.  Laureano rumea el número y señala haciendo cuentas: “10 manes de esos son 3.000, 4.000 votos. Eso es lo que podemos recoger allá”. El interlocutor de Laureano insiste para convencerlo: “Mira te voy a decir algo, tú le regalas una vaina al man y te regala los votos. Los mil voticos”. A lo que contesta Acuña: “Ey yo le pongo máximo 3.000 votos.  No le pongo más”. El diálogo entra en unas improvisadas cuentas que concluyen que necesitan 10 personas que les garanticen de a 500 votos para lograr 5.000 electores. Ante lo cual Laureano pone sus condiciones:

— Los otros municipios los tumbamos (inaudible) eso es con plata. Eso es con plata—, advierte Acuña.

Su interlocutor señala que “mínimo serían unos 15.000. Y que rescatemos aquí en el Atlántico ¿cuántos? ¿Dices tú que van a ser 50.000?”, pero el Gato lo baja de la nube: “Nosotros no podemos poner 50.000 en Atlántico. Nosotros estamos para salir elegidos en Atlántico. Aquí”. A lo que pregunta el misterioso interlocutor: “¿Entonces vas a poner Magangué y vas a poner 80.000?”. Responde Acuña: “No, aquí al que tienes que llamar aquí es a Zabaraín”. Probablemente hace referencia al senador de Cambio Radical, Antonio Zabaraín.

No tengo ni para la gasolina mañana

El último audio en poder en Cambio tiene una duración de 1 minuto y 34 segundos. Inicia con Laureano haciendo un reclamo a un interlocutor no identificado, al que en algún momento llama José Acuña lo increpa por un dinero: “¿Ah y entonces qué hacemos?”. A lo que José contesta: “Ya, déjame solucionar. La otra semana tienes un (inaudible) como sea”.

Lo interrumpe el poderoso congresista haciendo una confesión: “Ey (inauduble) mondá. No tengo ni para la gasolina mañana”. El socio de el Gato se compromete a ir a “buscar plata” a “prestarla si es necesario” para que al siguiente día tenga para la “gasolina”. Y arremete Laureano: “José yo quiero que tú me digas, Laureano, pasa este proyecto, pasa este proyecto”.  A lo que contesta el ahora nervioso interlocutor: “Ey, ¿tú crees que eso no lo tengo claro? yo retaco todos los días a Sandoval, todos los días a Óscar, todos los días a todo el mundo. Yo no sé ya ni qué hacer ya. Terminé las obras, (inaudible) con Víctor. Ya no sé ni qué hago marica. Ya las obras las terminé. Ya yo terminé toda esa mondá”. Acuña termina con una sentencia de preocupación: “Va tocar retirarnos porque vamos a perder”.

Estos son solo algunos de los más de 40 audios que tiene en su poder la Corte Suprema de Justicia, que abrió indagatoria contra el senador Acuña por presunta compra de votos. Proceso que el Gato rechaza con una enrevesada argumentación, de la que se extrae que en su léxico de curtido elector, hablar de comprar votos, plata, billete, no es una alusión a corrupción electoral sino un lenguaje propio de los políticos que hace referencia a convencer electores, trabajar por la inversión y la inclusión social, y que todo lo que le está pasando es una rencilla entre Aida Merlano y la familia Char, con quienes nunca ha tenido ningún vínculo, excepto el de ser barranquilleros que compiten en franca lid por el apoyo popular. Y agrega en su defensa que con Merlano solo los une el entusiasmo conservador y Adriana Blanco, la fórmula de Acuña a la Cámara y quien fuera la gerente de campaña de la exsenadora presa en Venezuela.

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