30 Mayo 2022

Final inédita

Rodolfo Hernández, un constructor desconocido para la mayoría del país, podría ganarle la carrera a Gustavo Petro, quien lleva más de un año como favorito en las encuestas. El exalcalde de Bucaramanga es al mismo tiempo el símbolo de la derrota de Uribe y su gran oportunidad para seguir gobernando.

Nunca antes en la historia de Colombia un dirigente de izquierda había estado tan cerca de la presidencia.

Paradójicamente, nunca antes durante esta campaña el senador Gustavo Petro había estado tan cerca de la derrota. Los números que durante tanto tiempo le habían sido favorables empezaron a reportar diez días antes de las elecciones un inusitado ascenso de quien había sido lejano tercer lugar en la carrera. Rodolfo Hernández, el exótico exalcalde de Bucaramanga, nunca fue para Petro un contendor. Según le dijo el mismo Hernández a El Tiempo, hace dos años Petro lo buscó para ofrecerle la vicepresidencia. Para ese momento, Petro debía ver a Hernández como un buen complemento porque era empresario, hombre de provincia y de alguna manera podría encarnar la antipolítica. Lo que no podía imaginarse es que cuando ya acariciaba la presidencia esas características de Hernández serían las mismas que podrían quemarle el pan en la puerta del horno.

El resultado de la primera vuelta para Gustavo Petro es agridulce. Dulce porque logró prácticamente duplicar sus números de primera vuelta de hace cuatro años. También porque llegó primero con una ventaja de más de doce puntos sobre el segundo. Sin embargo, también es agria. Entre su círculo más cercano no había ambiente de celebración la noche del domingo. Detrás de los números absolutos hay unos relativos que les preocupan mucho. En primer lugar, Petro estuvo muy por debajo de las expectativas que él mismo quiso armar diciendo que ganaría en primera vuelta. Obtuvo el 40 por ciento de la votación general, es decir, diez puntos menos de los que necesitaba ganar en primera y, para colmo de angustias, el segundo y el tercero son prácticamente sumables en el propósito de derrotarlo. Hernández y Federico Gutiérrez, quien terminó en un vergonzoso tercer lugar teniendo en cuenta el aparato político que juntó, no necesitaron siquiera cruzarse una llamada. Su asociación es enteramente natural y entre los dos suman 52 por ciento.

Muchos dirán con razón que la política no se puede calcular con las reglas de la aritmética simple. Sin embargo, esta es una circunstancia especial en donde el líder de la carrera está más lejos de la victoria que el segundo por razones tanto matemáticas como políticas. Por una parte Fico Gutiérrez no tiene votos propios. El caudal que logró juntar es el resultado de la adición de caciques políticos por el lado de la maquinaria, antipetrismo por el lado de la opinión y mermelada del gobierno Duque. Es decir, Gutiérrez aportaba poco por él mismo y era más bien un instrumento para frenar a Petro. El resultado del domingo cambia el instrumento pero no el interés. Las mismas fuerzas que se asociaron para bloquear al candidato del Pacto Histórico pueden continuar el plan bajo Rodolfo Hernández, con el aliciente de que tienen mejores posibilidades de vencer.

La primera lectura sobre la estrepitosa derrota de Federico Gutiérrez consistió en señalar que esa era la lápida del uribismo. El candidato tácito del expresidente había perdido a pesar del apoyo de todos los partidos tradicionales de Colombia, de los clanes políticos más poderosos en las regiones y de los expresidentes Andrés Pastrana y César Gaviria. Cuando algunos ya le destapaban champaña a la pretendida desaparición del uribismo, varios de los dirigentes más cercanos a Uribe, como Paloma Valencia, José Obdulio Gaviria, Maria Fernanda Cabal y Pancho Santos; empezaron a celebrar el triunfo de Hernández como propio. Fico nunca había logrado convencerlos del todo y en cambio ven a Hernández como una carta ganadora en el juego contra Petro.

Rodolfo Hernández subió y creció en las encuestas como un voto protesta de muchos colombianos cansados del gobierno de Duque, de los políticos convencionales, del uribismo, de Fajardo y de Petro. Lo que empezó casi como una broma llegó a su punto de mayor crecimiento justo cuando faltaban apenas días para las elecciones. Cuando Hernández se ubicó por encima de Fajardo nadie se sorprendió sino que lo vio como el resultado natural del pésimo papel de la Coalición de la Esperanza. Unos días después, Hernández empezó a respirarle en la nuca a Federico Gutiérrez y muchos imaginaron que era simplemente un fenómeno causado por la erosión de las candidaturas pequeñas y de indecisos que se empezaban a decantar porque ya no querían ni a Fico ni a Petro ni a Fajardo. Pocos calcularon que podía subir más. Súbitamente, el jueves de la semana anterior a las elecciones, apareció una encuesta del Centro Nacional de Consultoría para Semana que mostraba un empate absoluto con Fico Gutiérrez.

La sorprendente medición ocasionó bromas, memes y comentarios y por primera vez algunas voces empezaron a considerar a Hernández como un candidato viable. Cambio le dedicó una portada titulada “El solio de Rodolfo” que lo mostraba fotografiado como Simón Bolívar, un poco prócer, un poco loco. La carátula coincidió con el inicio de la prohibición legal para publicar encuestas. El Código Electoral establece que una semana antes de las elecciones no se pueden difundir estudios sobre intención de voto. Eso no quiere decir que esté prohibido hacerlos. Dos días antes de las elecciones, en círculos informados, se conoció la existencia de dos encuestas que mostraban a Hernández consolidado en el segundo lugar y a Federico Gutiérrez hundiéndose en el tercero con tendencia decreciente.

La inviabilidad del exalcalde de Bucaramanga fue su mejor escudo de protección. Mientras Petro, Fico y Fajardo se atacaban salvajemente entre ellos, el septuagenario crecía casi de manera inadvertida con un discurso simplista y popular: “Hay que acabar los ladrones y partida de rateros”. Las propuestas de Rodolfo son combustible de conversación en las redes sociales pero en la realidad política resultan inútiles, como la de vender las camionetas de los congresistas, impracticables, como la de llevar a todos los colombianos a conocer el mar, o irrelevantes, como la de donar el sueldo del presidente.

No obstante, este cóctel que junta el discurso efectista de Donald Trump, el lenguaje agresivo de Álvaro Uribe, las propuestas populistas de Andrés Manuel López Obrador y la justicia por mano propia de Jair Bolsonaro, le resultó lo suficientemente atractivo a casi 6 millones de votantes.

Hasta hace 15 días parecía un hecho que la segunda vuelta enfrentaría a un candidato del continuismo con uno del cambio. El paso de Rodolfo Hernández a la segunda pondrá a la gente a elegir entre dos tipos de cambio. Aunque muchos piensen que Hernández es el plan C del uribismo, no resulta tan fácil identificarlo con el gobierno de Iván Duque ni como un simple continuador. Además, Gustavo Petro pasó de ser el retador frente al poder, al poderoso retado por un outsider. Sin importar los 77 años de Rodolfo Hernández, ante la gente él puede terminar representando lo nuevo mientras que Petro, por comparación, podría parecer viejo, apenas el punto más a la izquierda del establecimiento político, pero al fin y al cabo un miembro del establecimiento. Adicionalmente, mientras las propuestas de Petro despiertan inquietud en millones de ciudadanos, en empresarios, en militares y en Estados Unidos; Rodolfo Hernández les parece simplemente un loquito simpático y manejable.

Por todo esto no es imposible pensar que para el exalcalde de Bucaramanga es más fácil lograr la mayoría en segunda vuelta que para Gustavo Petro, quien ahora tiene apenas tres semanas para mostrarse tranquilizador y amable al centro sin dispersar la base firme de su votación que está en la izquierda. Es probable que lo logre pero mientras su meta lo obligará a pedalear cuesta arriba, Hernández puede conseguirlo simplemente dejándose llevar en lo plano y haciendo lo mismo que ha hecho el último mes: redes sociales y nada más.