
Final inédita
Rodolfo Hernández, un constructor desconocido para la mayoría del país, podría ganarle la carrera a Gustavo Petro, quien lleva más de un año como favorito en las encuestas. El exalcalde de Bucaramanga es al mismo tiempo el símbolo de la derrota de Uribe y su gran oportunidad para seguir gobernando.
Nunca antes en la historia de Colombia un dirigente de izquierda había estado tan cerca de la presidencia.
Paradójicamente, nunca antes durante esta campaña el senador Gustavo Petro había estado tan cerca de la derrota. Los números que durante tanto tiempo le habían sido favorables empezaron a reportar diez días antes de las elecciones un inusitado ascenso de quien había sido lejano tercer lugar en la carrera. Rodolfo Hernández, el exótico exalcalde de Bucaramanga, nunca fue para Petro un contendor. Según le dijo el mismo Hernández a El Tiempo, hace dos años Petro lo buscó para ofrecerle la vicepresidencia. Para ese momento, Petro debía ver a Hernández como un buen complemento porque era empresario, hombre de provincia y de alguna manera podría encarnar la antipolítica. Lo que no podía imaginarse es que cuando ya acariciaba la presidencia esas características de Hernández serían las mismas que podrían quemarle el pan en la puerta del horno.
El resultado de la primera vuelta para Gustavo Petro es agridulce. Dulce porque logró prácticamente duplicar sus números de primera vuelta de hace cuatro años. También porque llegó primero con una ventaja de más de doce puntos sobre el segundo. Sin embargo, también es agria. Entre su círculo más cercano no había ambiente de celebración la noche del domingo. Detrás de los números absolutos hay unos relativos que les preocupan mucho. En primer lugar, Petro estuvo muy por debajo de las expectativas que él mismo quiso armar diciendo que ganaría en primera vuelta. Obtuvo el 40 por ciento de la votación general, es decir, diez puntos menos de los que necesitaba ganar en primera y, para colmo de angustias, el segundo y el tercero son prácticamente sumables en el propósito de derrotarlo. Hernández y Federico Gutiérrez, quien terminó en un vergonzoso tercer lugar teniendo en cuenta el aparato político que juntó, no necesitaron siquiera cruzarse una llamada. Su asociación es enteramente natural y entre los dos suman 52 por ciento.
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