3 Agosto 2022

La difícil relación con Estados Unidos y Venezuela marcó la política exterior de Duque

La relación de Estados Unidos y Venezuela ocupó gran parte de la agenda diplomática de Colombia.

Crédito: Yamith Mariño

En materia diplomática el saliente presidente no solo tuvo que lidiar con la impredictibilidad de Donald Trump, sino con un Joe Biden distante. Y en cuanto al vecino, si bien su política migratoria fue aplaudida a nivel mundial, su “cerco diplomático” fue un verdadero fracaso.

La agenda internacional durante el gobierno de Iván Duque estuvo lejos de la tranquilidad. La diplomacia colombiana durante su gobierno vivió momentos de tensión que no se veían desde hace tiempo, tanto con rivales como con aliados estratégicos. 
 

La inestabilidad de la cartera diplomática fue tal que en cuatro años Colombia tuvo tres cancilleres: Carlos Holmes Trujillo, Claudia Blum y Marta Lucía Ramírez. Una inestabilidad que es inevitable comparar con la estabilidad de su antecesor, Juan Manuel Santos, que desde el día uno y hasta el que dejó la Casa de Nariño tuvo solo una canciller. Y eso que estuvo en el poder por ocho años. 

Gran parte del cuatrienio en materia de política exterior del gobierno Duque giró alrededor de dos países: Estados Unidos y Venezuela. La relación con ambos países estuvo lejos de ser tranquila. No solo tuvo que lidiar con una crisis migratoria sin precedentes, una pandemia y dos presidentes impredecibles (Donald Trump y Nicolás Maduro), sino con una fría relación con el actual mandatario estadounidense, Joe Biden.

 

Estados Unidos y una relación complicada

Contrario a lo que podía pensarse previo a su llegada a la Casa de Nariño, la relación con Estados Unidos durante la presidencia de Iván Duque fue, por decirlo de alguna manera, complicada. El mandatario no solo tuvo que lidiar con la impredictibilidad de Donald Trump en los primeros dos años de su gobierno, sino también con una distante relación con su sucesor, el demócrata Joe Biden. 

La llegada de Trump a la Casa Blanca devolvió a Colombia a la era de la “narcotización” de la relación entre los dos países. Duque llegó al poder con un país que “nadaba en coca”, en palabras del mandatario colombiano, con aproximadamente 169.000 hectáreas sembradas en 2018 y bajo la amenaza de una “descertificación” por parte de Washington si no se tomaban medidas concretas para reducir esta cifra.

Trump Duque
Reunión entre el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump e Iván Duque, mandatario de los colombianos el 2 de marzo de 2020. / Colprensa

Alineado con la posición estadounidense frente al tema de la droga, Duque apostó por impulsar, de nuevo, las aspersiones con glifosato a los cultivos ilícitos. El Acuerdo de Paz con las Farc, impulsado con fuerza durante la administración de Barack Obama, que planteaba, entre otras cosas, soluciones como la erradicación manual y la sustitución de cultivos, pasó a un segundo plano en la conversación. 
 

De hecho, durante los primeros años de gobierno, Duque tuvo que responder a varios ataques proferidos por Trump, en los que dijo, entre otras cosas, que Colombia enviaba pandilleros a Estados Unidos y que el negocio de la droga había crecido con él en el poder. En 2019, por ejemplo, el mandatario estadounidense se refirió a Duque como “un buen tipo que no ha hecho mucho por nosotros, pues desde su llegada ha aumentado el área sembrada en coca”. 

"Están mandando a verdaderos asesinos porque no quieren a las pandillas, así que las envían a nuestro país": Donald Trump

Duque respondió que "hay que rendirle cuentas al pueblo colombiano" y que los países consumidores de drogas también deben hacer esfuerzos”.

En 2019, con la crisis política que desató la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela, apoyada por Bogotá y Washington, gran parte de la relación entre los dos países giró alrededor de la estrategia del “cerco diplomático”. El presidente Trump fue uno de los principales soportes de Guaidó y la oposición venezolana, pero el desgaste del plan opositor cobró factura y pronto dejó de ser importante para Estados Unidos, que tenía en Medio Oriente y Corea del Norte otros problemas que atender.

“Aunque todos están de acuerdo en el problema de Maduro y que hay que solucionar esta situación, Venezuela y Colombia son países vecinos y debían resolver esto por otras vías, no con las opciones que planteaba Trump”, sostiene Mauricio Jaramillo Jassir, profesor de la Universidad del Rosario.

Los cambios de gabinete dentro del gobierno tampoco ayudaron. El movimiento del canciller Carlos Holmes Trujillo al Ministerio de Defensa, y la designación de la política barranquillera Claudia Blum como ministra de Relaciones Exteriores, tuvo un efecto negativo en la relación de los dos países, especialmente con el gobierno Trump. 

La filtración de unos audios entre Blum y Francisco Santos, entonces embajador de Colombia en Washington, en el que cuestionaban a miembros de alto perfil de la Casa Blanca, como el secretario de Estado Mike Pompeo, causaron una fuerte molestia dentro del gobierno estadounidense. 

“Aquí el Departamento de Estado, que era importantísimo, está destruido. No existe. No existe”: Francisco Santos en una conversación con la entonces canciller Claudia Blum.

Pero no fue solo de una vía. A lo anterior se agregan las declaraciones por Twitter del vicepresidente del gobierno Trump, Mike Pence, quien no solo pidió la liberación de Álvaro Uribe Vélez, en medio de su juicio por el caso de los presuntos falsos testigos, sino que además lo catalogó de “héroe”. La Cancillería colombiana, entonces encabezada por Claudia Blum, en ningún momento rechazó la intervención de Estados Unidos en los asuntos internos del país.

A pesar de la fuerte presión para remover a Santos de la Embajada en Washington, el presidente Duque lo mantuvo y lo ratificó en su cargo. Aunque las aguas se calmaron un poco con la llegada de la pandemia del covid-19, la campaña electoral en ese país volvió a encender las tensiones. 

El apoyo de frente de miembros del Centro Democrático como Juan David Vélez y María Fernanda Cabal, a favor del entonces presidente Donald Trump, y las pocas o nulas acciones que tomaron para llamarles la atención afectaron la relación, sobre todo con el Partido Demócrata. Con el triunfo de Joe Biden, la distancia de Estados Unidos con el gobierno Duque fue más que evidente.

“Sí causó daño. Ese precedente fue muy negativo, no se debe repetir y es un precedente en el que un poder interviene y genera una dislocación en una relación, nada más y nada menos en la más importante que tiene Colombia”, explicó Santos, quien renunció a su cargo en enero de 2021 y fue reemplazado por Juan Carlos Pinzón.

Biden
Los presidentes de Estados Unidos, Joe Biden, y de Colombia, Iván Duque, se reúnen en la Casa Blanca. / Colprensa

Con Pinzón en la Embajada en Washington, y con Marta Lucía Ramírez en la Cancillería, las relaciones entre Estados Unidos y Colombia mejoraron. El presidente Duque logró reunirse con Biden en Washington y recibió un fuerte espaldarazo por parte del mandatario estadounidense, quien lo designó como país aliado estratégico de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan). El mandatario norteamericano aseguró que esta designación resaltaba la importancia de las relaciones diplomáticas entre ambos países.

La relación cordial (mas no cercana) entre Biden y Duque se evidenció también en el Plan Nacional de Vacunación contra el covid-19 colombiano, en el que el gobierno de Estados Unidos fue uno de los principales donantes. Más de 10 millones de dosis, de distintos laboratorios, fueron entregadas por las autoridades estadounidenses para apoyar la inmunización de la población colombiana, sin contar una importante donación de dosis para atender a los migrantes venezolanos. 

Venezuela: aplausos y tomates 

El tema venezolano ocupó gran parte de la agenda diplomática del gobierno de Iván Duque en los últimos cuatro años y el balance, podría decirse, es agridulce. Por un lado, en este cuatrienio, Colombia se perfiló como un líder regional en el manejo de la problemática migratoria, implementando una política de “puertas abiertas” y formalizando a más de 1,5 millones de venezolanos; pero por el otro fracasó en su intento de forzar un cambio político a través del “cerco diplomático” y se aisló completamente de la región.

Si bien las relaciones de Duque con Venezuela fueron casi inexistentes, el presidente uribista las heredó en estado crítico al llegar a la Casa de Nariño. Los problemas políticos con el gobierno de Nicolás Maduro venían de tiempo atrás y el éxodo venezolano ya era crítico cuando asumió la presidencia. De acuerdo con datos de Migración Colombia, en agosto de 2018, cuando Duque se posesionó, ya vivían 1,1 millones de venezolanos en el país. 

No obstante, en febrero de 2019 vino el quiebre definitivo en las relaciones de los dos países. Luego de que el líder opositor Juan Guaidó se autoproclamó como presidente interino de Venezuela, y tras recibir el reconocimiento de más de 50 países (entre ellos Colombia y Estados Unidos), Duque permitió no solo la realización de un concierto en la frontera para “rechazar la dictadura”, sino también un fallido intento de ingreso de donaciones humanitarias a Venezuela, que elevó las tensiones a un nivel nunca antes visto. 

Venezuela
El intento de ingreso de ayuda humanitaria en febrero de 2019 terminó en disturbios en los puentes fronterizos entre Colombia y Venezuela. / Colprensa

El 23 de febrero de 2019, tras los disturbios que se generaron en la frontera, Nicolás Maduro ordenó el cierre de las fronteras y la expulsión del personal diplomático y consular colombiano. Duque, por su parte, manifestó que Maduro “tenía los días contados” y no escondió su simpatía por Guaidó, a quien recibió con honores de jefe de estado en varias de sus visitas al país ese año. 

En este escenario, el presidente Duque decidió sumarse y apostarle a una estrategia de “cerco diplomático” a Venezuela, soportado por un ambiente hostil hacia la dictadura de Nicolás Maduro y apoyado en su momento por Donald Trump. Esto ocurrió en el peor momento de la emergencia humanitaria en la que se hundía Venezuela y con cientos de miles de migrantes caminando por Sudamérica.

Si bien el propósito era recuperar la democracia venezolana, Colombia, bajo la dirección de Duque, se jugó a fondo por una estrategia que fracasó rotundamente, no necesariamente por hechos o situaciones generadas por el presidente colombiano. 

“Desde el primer día dije que Colombia no tiene ningún espíritu belicista, pero tenemos que actuar con un cerco diplomático, con una reacción vigorosa de la comunidad internacional, a la dictadura de Venezuela le quedan muy pocas horas”, Iván Duque

Por un lado, la oposición venezolana dinamitó su propio camino y una seguidilla de errores dañaron su credibilidad no solo frente a los venezolanos, sino frente a la comunidad internacional. El desgaste de la estrategia opositora comenzó a darse poco tiempo después de que empezara, con varios hechos de corrupción dentro de sus filas, así como con episodios como el de la Operación Gedeón, en el que con mercenarios buscaban derrocar al presidente Maduro. 

Además, internamente la figura de Guaidó perdía peso. Dirigentes opositores como Henrique Capriles y María Corina Machado se desmarcaron pronto de esta estrategia y fueron muy críticos de la figura de la “presidencia interina”. Esto sin contar que el contexto regional cambiaba en América Latina: México con Andrés Manuel López Obrador fue el primero en anunciar su salida del Grupo de Lima. Luego le siguieron Alberto Fernández en Argentina, Pedro Castillo en Perú con Castillo, Luis Arce en Bolivia y Gabriel Boric en Chile. El “cerco diplomático” fue perdiendo apoyos y Colombia, mientras tanto, seguía firme en su idea de que aislar a Maduro era la mejor opción para derrocarlo.

El tiempo, al final, determinó que la estrategia fracasó. Si bien alrededor del mundo hay cierto consenso de que el gobierno de Nicolás Maduro es ilegítimo (más de 50 países reconocen a Guaidó como presidente), es inocultable que la comunidad internacional está ponderando un cambio para suavizar su política hacia Maduro. La administración de Joe Biden ha insistido en tender puentes con el gobierno venezolano hasta el punto en que una delegación de alto nivel de Washington visitó Venezuela y puso sobre la mesa las posibilidades no solo de reactivar la producción local de hidrocarburos, sino también el levantar las sanciones impuestas por Donald Trump.

Algo que contrastó siempre con la postura “inamovible” de Colombia de no hablar con Venezuela, ni siquiera en el momento más crítico de la pandemia del covid-19. 

Guaid
Juan Guaidó, llega a la Plaza de Armas de la Casa de Nariño, donde se reunió con el Presidente de la República, Iván Duque Márquez, el 19 de enero de 2020. / Colprensa

Pero si bien en política exterior las cosas no anduvieron bien con Venezuela, la implementación de permisos como el Permiso Especial de Permanencia (PEP), el Estatuto Temporal para Migrantes Venezolanos (ETMV), y el permitir que los niños y niñas venezolanos estudiaran en Colombia de manera gratuita fueron decisiones aplaudidas por gran parte de la comunidad internacional y por las que Duque puede sacar pecho.

El ETMV fue quizás su mayor acierto. En un contexto en el que varios países como Ecuador, Perú o Chile restringían más el paso de migrantes venezolanos, Colombia apostó por una regularización masiva, entendiendo que no se trataba de una crisis pasajera y que, como principal país receptor, no podía seguir manejándolo como una contingencia. Así las cosas, a través del estatuto, el gobierno Duque estableció una hoja de ruta clara a diez años para que los migrantes reinicien su vida en el país con acceso a salud, trabajo y educación.

Duque apostó entonces por una política impopular. La encuesta de Invamer sobre percepción ciudadana publicada en junio reveló que el 67 por ciento de los encuestados tienen una imagen desfavorable sobre los venezolanos que se quedan a vivir en Colombia. Un porcentaje prácticamente que se ha mantenido desde 2019. Pero el gobierno siguió adelante con la política migratoria, que para muchos expertos fue un acierto.

Su implementación permitió que hoy Colombia tenga registro de 2,3 millones de venezolanos, de los cuales 1.100.000 ya tienen el permiso de protección temporal, PPT, que es el documento de identificación plena (biométrica y fotográfica) que tiene vigencia por 10 años. Tiempo suficiente para que los migrantes puedan rehacer sus vidas y, de paso, contribuir de manera activa a la economía del país.

De hecho, el verdadero lunar de la política migratoria de Duque fue precisamente el cerco diplomático, que empeoró las condiciones de seguridad para los migrantes en la frontera, a la vez que fortaleció el contrabando y la criminalidad en las regiones fronterizas.