23 Julio 2022

¿Misión imposible?

Iván Velásquez, el hombre que sobrevivió a Pablo Escobar, llevó a la cárcel a más de 20 políticos por vínculos con paramilitares y provocó la judicialización de tres presidentes de Guatemala, afronta el desafío más grande de su vida al asumir como ministro de Defensa del presidente Gustavo Petro.

El anuncio sorprendió a Colombia. Llenó de estupor los cuarteles y mandó al olvido la chiflada que apenas dos días antes había sufrido el presidente Iván Duque en el Capitolio. La designación del exmagistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia, Iván Velásquez, como ministro de Defensa desconcertó a todos, incluso al círculo más cercano de Petro. El jurista antioqueño no era percibido como uno de ellos. De hecho solo se reunió tres veces con el candidato durante la campaña. La primera fue apenas el jueves 26 de mayo, cuando hablaron extensamente sobre la lucha contra la corrupción. Después de la elección del 19 de junio no se han vuelto a ver. Sin embargo, el nombre de Velásquez salió a flote en la crucial reunión entre el presidente electo y el expresidente Álvaro Uribe. Una fuente confiable le dijo a CAMBIO que en los 30 escasos minutos que duró el encuentro privado, Uribe manifestó su desagrado por la participación de Iván Velásquez en la campaña de Petro.

Uribe ha hecho pública su animadversión contra Velásquez desde cuando su primo Mario Uribe Escobar, expresidente del Senado, fue vinculado a la parapolítica. Después hubo una campaña para desprestigiar al magistrado auxiliar que incluyó testigos falsos, seguimientos e interceptaciones ilegales, montajes, reuniones en la Casa de Nariño y una activa persecución del DAS dentro y fuera de Colombia. Por esos hechos fueron condenados tres secretarios de la Presidencia, una exdirectora del DAS, tres altos directivos del organismo de seguridad y 22 funcionarios. El Estado colombiano fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos y obligado a pedirle perdón a Velásquez. Curiosamente el funcionario encargado de hacerlo fue su antecesor, el hoy ministro de Defensa, Diego Molano.

Durante la campaña el nombre de Iván Velázquez sonó para ser zar anticorrupción, ministro de Justicia, fiscal general de la nación, pero a nadie, ni a él, se le había ocurrido que pudiera ser ministro de Defensa. 

El cargo es, sin duda, el más complicado del nuevo gobierno porque para nadie es un secreto que el estamento militar ve con desconfianza al presidente Petro por haber sido guerrillero. La llegada de Velásquez, al menos por el momento, no trae tranquilidad a las guarniciones sino incertidumbre.

Esa difícil relación empezará con una desconfianza mutua. Velásquez, experto en derechos humanos y lucha contra la corrupción, es percibido por gran parte del Ejército como un inquisidor implacable. Entre tanto, el designado ministro ha manifestado dudas sobre la eficiencia del Ejército, sobre el respeto del Derecho Internacional Humanitario por algunos militares y sobre la forma en la que se manejan los recursos públicos en las Fuerzas Armadas.

Como ya es costumbre, los militares retirados exteriorizan lo que muchos activos no pueden decir. Buena parte de sus reparos están orientados a las diferencias judiciales de Velásquez con el expresidente Uribe.  Un excomandante del Ejército le dijo a CAMBIO que “la trayectoria del doctor Velásquez lo muestra como una persona contraría a la política de seguridad democrática que permitió los golpes más efectivos contra la subversión”. De acuerdo con el oficial retirado, la lealtad de las fuerzas a la institucionalidad no está en discusión pero piensa que el presidente electo habría podido hacer un gesto más amable nombrando a otro ministro de Defensa.

El antiguo miembro de la cúpula asegura que “lo que nunca pudieron ganarnos en el terreno militar, lo perdimos en lo político”. Y cuenta lo que describe como una pesadilla recurrente que sufre desde la designación del ministro de Defensa: “Para nosotros nada es más sagrado que el campo de paradas de la Escuela Militar. Nadie puede pisarlo si no es un desfile. Para ir de un lado a otro, todos caminamos por el borde. Me imagino el día en que el comandante diga “Atención, honores al señor presidente de la república, Gustavo Petro, y al señor ministro de la Defensa, Iván Velásquez”. No me siento capaz de ver cuando eso pase”.

Reconoce que existen diferencias entre el presidente Petro y el ministro Velásquez: “Al menos este nunca nos disparó, por lo menos con arma de fuego”. El general retirado teme que las exigencias sobre cumplimiento a los derechos humanos del nuevo ministro puedan “reducir las operaciones militares y en algunos casos paralizarlas”. Según él, esa eventual parálisis haría imposible una negociación exitosa con el ELN y otros grupos irregulares porque solo la presión militar persuade a los alzados en armas a negociar “en una mano el pan y en la otra en el rejo como decía mi papá”. 

Un general activo consultado por CAMBIO fue más conciliador en sus conceptos. Señaló que el nuevo ministro es percibido como una persona inteligente y razonable que debe entender que la mayoría de los militares son cumplidores de la Constitución y la ley. Dijo, asimismo, que el Ejército no puede ser una herramienta de la política y que es necesario apartarlo de las diferencias partidistas. En cambio señaló que ve con preocupación una posible purga que podría dejar fracturas irreparables entre el nuevo gobierno y el estamento armado. También la anunciada salida de la Policía Nacional del Ministerio de Defensa despierta una gran inquietud porque, de acuerdo a la visión del uniformado, esto podría afectar la cooperación entre las fuerzas que ha permitido notables resultados.

Como era de esperarse, la designación de Velásquez también cayó como una bomba en el que será el principal partido de oposición. La senadora Paloma Valencia del Centro Democrático trinó: “El nombramiento de un enemigo acérrimo del partido y del jefe del partido de oposición como Ministro de Defensa no es solo un desafío; es una amenaza”, y agregó que la vida de los opositores está en peligro por el nombramiento de Velásquez. 

El ambiente caldeado en la política y en un sector de la milicia aumenta el grado de dificultad de la tarea del nuevo ministro de Defensa. Por un lado, tendrá que definir una cúpula militar que será crucial para ejecutar la política del gobierno y el plan de paz total propuesto por Petro. Al mismo tiempo tendrá que mantener el orden público que afronta numerosos retos derivados de la acción del ELN, las disidencias de las Farc, y los grupos narcos como el Clan del Golfo. Para lograr resultados operacionales el nuevo ministro necesitará gente de su confianza pero como ha sido un crítico de las fuerzas le será más difícil armar equipo y tendrá que guiarse no por la gente que conoce sino por la que le recomienden, porque esa no ha sido su área de trabajo.

 

En la era contemporánea ningún presidente de la república ha sido más querido por la fuerza pública que Álvaro Uribe, y durante los últimos 20 años, el expresidente ha tenido una influencia evidente en la institución armada. Muchas veces ha sido público su acceso a información reservada de inteligencia, estando ya fuera de la Presidencia. Para la institucionalidad no es bueno que un jefe político ejerza cualquier tipo de mando sobre las Fuerzas Militares o que le filtren información de seguridad nacional que pueda ser usada con fines partidistas. Sin duda corregir esa situación debe ser una de las acciones del nuevo ministro de Defensa. Esa labor no será fácil ni popular entre los uniformados especialmente por estar en manos de un ministro que muchos identifican como un adversario del expresidente.

Además de la misión natural de las Fuerzas Militares, el sector defensa es un emporio financiero multimillonario. El Grupo Social y Empresarial del Sector Defensa tiene un presupuesto anual de más de 13 billones de pesos, casi el 1.5 por ciento del PIB. Una cifra cercana a lo que han recaudado las últimas reformas tributarias y casi 10 veces el presupuesto del Ministerio de Agricultura, por poner un ejemplo. Esto incluye clubes, hospitales, un hotel, una universidad y una aerolínea, entre otras muchas actividades.

Desde luego, atendiendo su vocación, el ministro de Defensa se encargará de impulsar la transparencia en las operaciones de las empresas vinculadas al ministerio. No obstante, Velásquez no puede perder de vista que no llega a la institución en papel de fiscal investigador sino como ministro. Eso significa que también tendrá que asumir la vocería política del estamento militar, respaldar operaciones armadas y frecuentemente defender a las tropas y mandos en escenarios como el Congreso y los medios de comunicación. Un papel en el que es difícil imaginarlo.

Por todo esto, el nombramiento de Iván Velásquez es tal vez la apuesta más arriesgada que haya hecho el presidente Petro desde su elección. Está en juego no solo el prestigio de un hombre de carrera valiente y brillante, sino la estabilidad misma del gobierno.