22 Julio 2022

Iván Velásquez, un perseguido por el DAS, es el nuevo ministro de Defensa

Durante sus años como magistrado auxiliar de la Corte, mientras investigaba la parapolítica, su esquema de seguridad fue infiltrado y sus comunicaciones interceptadas ilegalmente por el Estado. Hoy será quien liderará la política de seguridad e inteligencia del país.

Iván Velásquez será el nuevo ministro de Defensa del gobierno electo de Gustavo Petro. El anuncio, que fue hecho público a través de las redes sociales del líder del Pacto Histórico, cierra así la discusión sobre quién va a presidir esta cartera. Durante las últimas semanas corrió el rumor de que sería una mujer la encargada de encabezar todos los asuntos militares y de seguridad, pero finalmente será Velásquez el llamado a tener línea directa con los altos mandos castrenses.

Para profundizar

Velásquez nació en Medellín el 12 de mayo de 1955. Cursó sus estudios de derecho en la Universidad de Antioquia y formó parte del Colegio Antioqueño de Abogados (Colegas), en donde fue muy crítico del Estatuto de Defensa de la Justicia, el cual impuso los jueces sin rostro y los testigos secretos durante los años más violentos del narcotráfico. En la década de los noventa llegó a la Procuraduría y se desempeñó como procurador departamental, adelantando investigaciones sobre violaciones de derechos humanos, como ejecuciones extrajudiciales y torturas. En el cargo estuvo tres años, entre 1991 y 1994, para después convertirse en magistrado auxiliar del Consejo de Estado en 1996. Solo duró un año allí porque fue elegido director regional de Fiscalías en Medellín. Su periodo en el ente acusador se caracterizó por la férrea lucha contra el creciente fenómeno del paramilitarismo en la región. 

Su carrera solo siguió en ascenso. En 2000, fue elegido magistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia. A raíz de este trabajo es que su nombre se conoció en toda Colombia. Velásquez formó parte del órgano de cierre hasta 2012 y en sus últimos seis años coordinó la Comisión de Apoyo Investigativo de la Sala Penal, que se encargó de investigar las relaciones entre miembros del Congreso y las autodefensas. En su paso por la Comisión consiguió que 50 congresistas, la mayoría de la bancada que apoyaba al entonces presidente Álvaro Uribe, fueron condenados por sus nexos con estos grupos al margen de la ley. Entre ellos estaban Álvaro García, Luis Vives, Álvaro Araújo, Dieb Malof, Erik Morris, y el primo de Uribe, Mario Uribe.

Su labor en la Corte no fue vista con buenos ojos por el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) que interceptó sus comunicaciones ilegalmente. Además, la entidad reclutó a uno de los hombres del esquema de seguridad de Velásquez para que les aportara información confidencial sobre cómo avanzaban las investigaciones de la parapolítica y quiénes serían los siguientes congresistas capturados. El escolta infiltrado llegó a llevarse tan bien con Velásquez, que este lo asignó para que protegiera a su esposa. Esto le dio acceso a mucha más información. Por estos hechos, años después, durante el gobierno de Juan Manuel Santos, se decidió extinguir el DAS y el Estado fue condenado por estos abusos de poder.

Tras salir de la Corte, Velásquez fue galardonado por la Asociación de Jueces Alemanes “por su compromiso en la lucha contra la impunidad y el respeto a los derechos fundamentales”. Y, para septiembre de 2013, fue designado por la Naciones Unidas para encabezar la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CIGIG). Desde su estancia en la entidad, la CIGIG destapó más de diez casos que delitos de fraude tributario y aduanero, contaminación y daño al medioambiente, financiamiento electoral ilícito, tráfico de influencias y anomalías en contratación. El éxito de sus investigaciones no fue del agrado de Jimmy Morales, presidente de la nación centroamericana entre 2016 y 2020, que ordenó su disolución unilateral.

Con este trasegar llega Iván Velásquez al Ejecutivo. Una persona que desde la investigación y el derecho ha demostrado que tiene todos los pergaminos para ser parte de un gobierno. Lo inesperado es el cargo que deberá cumplir. Y la paradoja que significa ser perseguido por una entidad del Estado y ahora dirigir sus fuerzas de seguridad.