6 Mayo 2022

Política exterior, la papa caliente que le deja Duque al nuevo presidente

El exembajador de Colombia en Washington, Francisco Santos; el presidente de Colombia, Iván Duque, y el líder opositor venezolano Juan Guaidó.

Crédito: Colprensa / Cambio

Quien gane las elecciones encontrará una diplomacia golpeada por la improvisación y los “descaches” en el manejo de las relaciones exteriores por parte del gobierno saliente. El fracaso del “cerco diplomático” frente a Venezuela y la desconfianza generada por la injerencia de políticos en los asuntos internos de Estados Unidos son solo algunos de ellos. Análisis.

Por: Jesús Mesa

Durante los últimos cuatro años, Colombia ha tenido tres cancilleres y un sinfín de disonancias diplomáticas. A los problemas de siempre, como las difíciles relaciones con Venezuela y el litigio con Nicaragua, se le sumaron “primiparadas” que causaron un debilitamiento de la relación con Estados Unidos y las Naciones Unidas, sin contar los constantes reclamos de la comunidad internacional por el negacionismo del gobierno frente a las violaciones de derechos humanos y el asesinato de líderes sociales y excombatientes de las extintas Farc. 

Quien gane las elecciones presidenciales recibirá una cartera de política exterior más bien frágil, debilitada por un gobierno que ha tenido más los desatinos que aciertos.

 

El fracaso del "cerco diplomático"

La mayoría de los candidatos concuerda con que las relaciones con Venezuela deben replantearse. La estrategia adoptada en 2019, cuando el gobierno de Colombia apostó por la estrategia del “cerco diplomático”, apoyada por la administración estadounidense de Donald Trump, para forzar una transición a favor de la figura de Juan Guaidó, no cuajó.  Solo el 31% de los países del mundo apoyó su apuesta, el presidente Maduro continúa en el poder y el fenómeno migratorio se mantiene. De hecho, han pasado ya más de mil días desde que Iván Duque dijera que al mandatario venezolano “le quedaban las horas contadas”.

“El cerco diplomático no funcionó. Colombia le apostó al golpe y, al ver que esto no ocurría, no tuvo capacidad de reacción”, explica Mauricio Jaramillo Jassir, profesor de la facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. “Ahora tenemos a un Estados Unidos que está negociando con Maduro y a una Colombia aislada, con el agravante de no tener cómo trabajar temas importantes como la inseguridad en la frontera, la migración tanto de colombianos como de venezolanos y un sinfín de oportunidades comerciales”, agrega el académico.

Posiblemente uno de los momentos más desafiantes a nivel regional para la administración de Iván Duque se dio cuando la estrategia de Juan Guaidó y la oposición venezolana comenzaron a implosionar. A pesar de los escándalos que rodearon a la estrategia opositora, como la fallida operación con mercenarios, las denuncias de corrupción en activos controlados por la oposición o las constantes peleas entre sus miembros, la postura de defender el “cerco diplomático” por parte de Colombia fue firme, con más desventajas que ventajas, según analistas.

“El cerco diplomático, en ese sentido, se convirtió en una estrategia sin salida por dos razones: primero, cerró todas las puertas para establecer un diálogo pragmático con el vecino país; y, segundo, su plan permitió crear un espacio para que países como Rusia tuvieran un mayor margen de acción en Venezuela”, analiza Manuel Alejandro Rayrán Cortés, docente de relaciones internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

“Duque y su gobierno demoraron en rectificar varias veces su posición frente al tema venezolano, cuando era evidente que la estrategia no funcionaba; mientras tanto, el resto de la comunidad internacional reevaluaba su postura. Terminamos con una Colombia distante de Venezuela, dándole la espalda a lo que sucedía en la región y empeñada a cumplir los caprichos de Donald Trump y Estados Unidos”, explicó para Cambio Angélica Rodríguez, politóloga y decana de la Universidad del Norte de Barranquilla.

 

Descache en Washington

Estados Unidos fue otro de los temas calientes en la administración Duque. Desde el gobierno de Ernesto Samper no se veía un nivel de tensión como el vivido en el periodo del presidente uribista. Errores de cálculo, metidas de pata y mucha improvisación fracturaron una relación que, si bien no era perfecta, se había mantenido sólida, sin importar quién fuera el presidente.

El sumario de los descaches es larguísimo, pero incluye el abierto favoritismo hacia Donald Trump; la insistencia en retomar las asperciones con glifosato; la injerencia en las elecciones estadounidenses por parte de políticos colombianos, que significó un llamado de atención por parte de los Congresistas estadounidenses, y la demora en remover a Francisco Santos de la Embajada de Estados Unidos tras la filtración de unos audios desobligantes en contra de la administración Biden con la entonces canciller Claudia Blum. 

“Este Gobierno, de manera inédita, maltrató las relaciones entre ambos países, algo que nunca había pasado y menos con un presidente de derecha”, explica Jaramillo Jassir de la Universidad del Rosario. Para el académico, en los primeros años del gobierno Duque se dejó de lado “una tradición política” de mantenerse al margen de las dinámicas políticas estadounidenses y hubo episodios como el caso Santos-Blum que sembraron desconfianza en el Partido Demócrata, actualmente en el poder.

Pero no fue solo de una vía. A lo anterior se agregan las declaraciones por Twitter del vicepresidente del gobierno Trump, Mike Pence, quien no solo pedía la liberación de Álvaro Uribe Vélez, en medio de su juicio por el caso de los presuntos falsos testigos, sino que además lo catalogó de “héroe”. La Cancillería colombiana, en ningún momento, rechazó la intervención de Estados Unidos en los asuntos internos del país.

 

El negacionismo

Otro espacio en el que Colombia ha perdido terreno es en los distintos espacios multilaterales. El retiro de Unasur; la propuesta sin “pies ni cabeza” de Prosur; la abstención de voto en la ONU para rechazar el embargo de Estados Unidos a Cuba; las actitudes evasivas y provocadoras ante el Consejo de Seguridad y otras contrapartes internacionales, en relación con la implementación del Acuerdo de Paz; y el negacionismo frente a los informes sobre la violación de derechos humanos, incluido el asesinato de líderes sociales y excombatientes, han lastimado la imagen de Colombia en el plano de la cooperación internacional. Esta actitud dejará al país con varias investigaciones abiertas.

“El cumplimiento de los acuerdos multilaterales, de los compromisos firmados, como por ejemplo el Acuerdo de Paz, no se debe pensar solamente desde la lógica doméstica, pues este se firmó con el acompañamiento de diversos países y organismos internacionales. Esto implica, así no le guste al Gobierno, el cumplimiento de dichos compromisos y el permitir que se evalúe el avance de estos. Hay una rendición de cuentas que se hace más allá de las fronteras”, explica Angélica Rodríguez de la Universidad del Norte.

 

Bondad con los venezolanos

Pero no todo ha sido malo. Distintos organismos internacionales han destacado el rol de Colombia en el fenómeno migratorio venezolano y su política de “puertas abiertas”, mientras otros países cerraban sus fronteras. La implementación de permisos como el Permiso Especial de Permanencia (PEP), el Estatuto Temporal para Migrantes Venezolanos, o el permitir que los niños y niñas venezolanos estudiaran en Colombia de manera gratuita han sido decisiones aplaudidas por gran parte de la comunidad internacional. 

Lo ha sido también el nombramiento de Juan Carlos Pinzón en la Embajada de Colombia en Washington, y el de Marta Lucía Ramírez en la Cancillería, que le dieron por fin estabilidad a la cartera diplomática. La gestión de las vacunas contra el Covid-19 también ha sido un importante acierto, pues Colombia es uno de los países que mejor ha manejado la emergencia en la región, con cerca del 70% de su población inmunizada al menos con una dosis.

¿Qué deberá hacer el próximo gobierno? Gane quien gane, los analistas consultados por Cambio concuerdan en que, después de cuatro años de improvisación, en los que hubo más desaciertos que aciertos, es necesario retomar una vocación integracionista en América Latina, abandonar el discurso del estilo de la Guerra Fría, buscar nuevos aliados estratégicos distintos a Estados Unidos, recomponer la relación con Naciones Unidas, y sentarse a dialogar con quien sea, se llame Venezuela, Cuba, Rusia o Nicaragua. En conclusión, establecer una línea diplomática que no depende de quien esté ocupando la Casa de Nariño.