
Como Diez manda: ¡Colombia está en el Mundial!
En lo que terminó siendo un partido holgado y extático contra una Bolivia digna, aplicada y a ratos valiente, la Selección Colombia le cumplió a su gente y se metió en el Mundial.
La feliz cosecha de hoy fue signada –y sublimada– por el 10: primero James, que abrió el partido disfrazado de pescador de área y de repentista, con la derecha, picardía pura; y el segundo y el tercero tuvieron la firma de Juanfer, nuestro segundo 10, el delicioso reemplazo de James.

Así que una de las lindas conclusiones del partido que nos dio la clasificación es que, como ninguna selección en el continente –en el planeta– tendremos en la Copa del Mundo a dos cerebros impredecibles, exquisitos y maduros, capaces de descifrar los más enigmas más complejos. El país de Valderrama en su expresión más fértil y estética.
Fue clave, también, el gol de Córdoba, que se sacó de encima el pesadísimo lastre de la sequía goleadora en las últimas fechas. La celebración desmesurada, sin camiseta, da cuenta de su goleadora emancipación. Goles son amores y Córdoba sí que necesitaba una noche romántica.

Abajo, aunque hay que ajustar tuercas y Bolivia, sin mucho, nos hizo pasar saliva en un par de arranques frenéticos, fue alentador ver a Dávinson y a Lucumí empoderados de la salida del equipo, imponiendo el ritmo y la ambición de avanzar y mandar en el partido. Era menester despedirse del Metropolitano con una goleada ante un rival a todas luces más débil y así lo hicieron sentir.
Camilo Vargas, además, volvió a dejar un repertorio de atajadas de ciencia ficción. Ríos y Lerma, los encargados del vapor en la mitad, derrocharon energía y ambición. Los que saltaron al campo defendieron con fútbol y con fuego a Lorenzo, que empezaba a pasarla mal.
Fue, por fin, una noche con gracia y alegría; el fútbol como consuelo e ilusión. Sufrimos, como siempre, pero el próximo verano será mundialista, como tenía que ser.
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