
Mercenarios de exportación: ¿por qué son tan cotizados los militares colombianos?
Cientos de exuniformados colombianos integran ejércitos privados en Emiratos Árabes, Sudán y Ucrania. Lejos de sus familias, buscan ganar grandes sumas de dinero. Frente a esta situación, el Gobierno presentó un proyecto de ley que busca frenar su exportación. CAMBIO conversó con un mercenario que combate en Ucrania.
Por: Javier Patiño C
El intenso calor de final de verano en Ucrania, que supera los 40 grados de temperatura, se siente aún más en una trinchera de un metro de largo por dos de ancho. Allí, rodeados de costales de arena, se esconden cuatro uniformados. Están agitados y alerta, pues saben que un dron del ejército vuela cerca de ellos. Dos de los hombres en la trinchera son colombianos. Llevan cerca de un año defendiendo la bandera ucraniana frente a los ataques del ejército ruso.
Uno de ellos es el capitán retirado Carlos Velásquez, quien se mueve con extremo cuidado para no ser detectado por el dron. Durante varios minutos, el sudor recorre su cuerpo mientras evita hacer ruido para no ser descubierto. “Hay que tener mucha calma para reaccionar ante un posible ataque. El mínimo error puede costarnos la vida”, dice el exoficial.
La tensión se disipa cuando el dron se aleja. Tras algunos minutos, los militares logran salir a tomar aire y beber un poco de agua antes de trasladarse a otro punto. Velásquez tiene que poner en Ucrania toda la experiencia que adquirió durante más de ocho años de combates contra las Farc y el ELN en Arauca, Guaviare y Putumayo.
Su sueño de convertirse en militar nació a los 15 años, cuando veía desfilar a las tropas en Roldanillo, Valle del Cauca. Al cumplir la mayoría de edad ingresó a la Tercera Brigada en Cali, donde recibió instrucción en combate, manejo de explosivos e inteligencia. Por su capacidad de reacción, fue seleccionado para integrar un grupo de fuerzas especiales en Arauca, donde era el encargado de operaciones contra el secuestro y de la captura de cabecillas del ELN y las Farc.
Más tarde fue trasladado a Putumayo, donde, además de ver caer a varios compañeros, fue testigo de cómo algunos se dejaron corromper por grupos ilegales a cambio de permitir el paso de cargamentos de droga.
“Fue muy doloroso ver que varios compañeros se dejaron tentar por el dinero fácil. A mí me entrenaron para combatir. Por eso denuncié y pedí traslado al Cauca para estar más cerca de mi familia”, recuerda desde Kiev el exuniformado, donde pasa unos días de descanso ante de volver al campo de batalla.
El traslado nunca se dio. Velásquez decidió pedir la baja para buscar empleo en asesorías de seguridad, pero los salarios eran bajos y no alcanzaban para sostener a su esposa e hija.
La oportunidad llegó cuando un amigo le envió el enlace de la página fightforua.org, creada por el gobierno ucraniano para reclutar combatientes extranjeros. “Mi amigo me dijo que el pago era de entre 2.000 y 5.000 dólares. Se formó un grupo de WhatsApp y varios conocidos ya habían recibido correos en los que les pedían enlistarse con urgencia”, cuenta Velásquez.
Para viajar, retiró sus ahorros y pidió un préstamo de 30 millones de pesos, con la idea de cubrir el trayecto y dejar dinero para su familia. La travesía lo llevó de España a Polonia y de allí a Ucrania, donde fue incorporado a un batallón conformado por colombianos, chilenos, ucranianos y alemanes.
Su primera impresión fue devastadora: pueblos destruidos por las bombas y un ejército ucraniano con poca experiencia, que caía fácilmente en emboscadas rusas. “La falta de experiencia era evidente. Se dejaban ver y reaccionaban tarde. A muchos tuvimos que enseñarles técnicas de camuflaje y detección de movimientos enemigos”, relata.
Pero a veces, ni la experiencia en las selvas colombianas basta para sobrevivir. Velásquez también ha visto morir a compatriotas. De los 20 que llegaron con él, 15 fallecieron en ataques con drones explosivos. “Es muy triste. Muchos vienen con ilusión, pero nadie les advierte que pueden terminar muertos muy lejos de casa. Repatriar los cuerpos es muy difícil y las familias en Colombia se enteran semanas o meses después”, lamenta.
Para el capitán retirado, la promesa de recibir entre 12 y 15 millones de pesos mensuales no compensa el riesgo ni la distancia de la familia. “La experiencia de los militares colombianos es muy cotizada, pero eso no nos salva de una emboscada rusa”, afirma.
Además, denuncia que muchos combatientes nunca reciben lo prometido: “Es mentira que a todos les pagan. En muchos casos entregan solo la mitad. A los extranjeros los discriminan. Los hacen pelear hasta la muerte y luego los abandonan, sin contratos ni garantías”.

Militares cotizados
La experiencia en operaciones de contrainsurgencia durante más de 40 años de conflicto ha convertido a los uniformados colombianos en mano de obra codiciada y demandada en Afganistán, Irak, Yemen, Haití, Sudán y, más recientemente, en Ucrania.
“La disciplina, resistencia física, conocimiento en inteligencia y disposición para asumir riesgos por salarios que nunca tendrían en Colombia los hacen atractivos para gobiernos que buscan reducir el costo político de enviar a sus propios soldados”, explica el profesor Carlos Carvajal.
El analista Andrés Saldarriaga agrega que esta práctica no solo eleva el nivel de la confrontación. También alimenta economías que dependen de la guerra, donde los colombianos terminan siendo catalogados como mercenarios al servicio del mejor postor.
En esa misma línea, el analista militar Álvaro Pérez señala que, al terminar su carrera, muchos exuniformados solo encuentran empleo en empresas de seguridad privada. “Los que no hallan esas oportunidades ven como única opción unirse a grupos ilegales o buscar conflictos en el extranjero”, advierte.
Es importante explicar que los militares tienen un régimen especial de pensión. Al cumplir 20 años de servicio, tienen derecho al 70 por ciento de su sueldo. Por ejemplo, un mayor que no ascendió a teniente coronel o decide retirarse tiene una asignación que ronda los 6 millones de pesos. Muchos de ellos se retiran a una edad productiva: 42 a 45 años. Por esa razón, algunos deciden irse y mejorar su situación económica combatiendo en el exterior.

Nexos internacionales
Según el coronel retirado Fernando Marulanda, muchas de estas contrataciones se dan porque exoficiales colombianos dirigen las empresas: “En Emiratos Árabes, por ejemplo, el contacto es un coronel colombiano. También hay otros en Afganistán y en distintas partes del mundo. Suelen estar en posiciones de supervisión y contratan a exmilitares de nuestro país”.
Según Saldarriaga, los excombatientes son reclutados por compañías privadas que, en algunos casos, les retienen documentos para evitar que deserten, dejándolos sin opciones de regreso y, muchas veces, sin pago. Mientras tanto, el profesor Carvajal advierte que no solo los buscan empresas internacionales, sino grupos ilegales en Colombia y bandas transnacionales, que aprovechan su experiencia para el tráfico de drogas y seguridad de sus operaciones.

Proyecto del Gobierno
El Ministerio de Defensa presentó el pasado primero de septiembre un proyecto de ley ante el Congreso para aprobar la Convención Internacional contra el Reclutamiento, la Utilización, la Financiación y el Entrenamiento de mercenarios.
La propuesta busca tipificar como delitos estas prácticas, establecer medidas preventivas contra actividades mercenarias en territorio colombiano, fortalecer la cooperación internacional en su investigación y sanción, y proteger la imagen de las Fuerzas Militares.
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