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¿La Reforma a la Ley 30 de 1992 debería situarse en un momento de crisis de la educación superior?

Me atrevo afirmar que sí. La invitación que hace el ministerio no se debe dar en la revisión fragmentada de unos artículos, que de por sí vislumbra un escenario poco motivador.

Por: Contenido especial

Por: Claudia Velandia, directora de la Firma Angulo & Velandia.

Se debería pensar en un compromiso social con una visión compartida que reivindique el rol de la educación superior en la transformación de un país con desafíos como la desigualdad social y económica, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la disrupción tecnológica, el retroceso democrático, el impacto de la globalización, entre otros.

Una crisis en la educación superior evoca la necesidad de una intervención disruptiva que implica decisiones de fondo y que transforma dinámicas inerciales. Si una ley permanecerá durante un periodo de largo plazo, la Ley 30 lleva vigente 31 años, amerita, la construcción de un imaginario que recoja las aspiraciones colectivas acordadas en una narrativa y que permita posteriormente el despliegue de esta.

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