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El milagro de La Bienaventurada 1

Abrir una librería en tiempos inciertos: el milagro de La Bienaventurada

Crédito: Luz Andrea Gómez

En el barrio Cañaguate de Valledupar, La Bienaventurada combina su vocación comercial —la venta de libros— con el impulso de una programación cultural abierta a la comunidad. Historia de un sueño.

Por: Carlos Marín Calderín

Entre la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá, en esa ciudad de casi cinco siglos de historia y donde la gente habla con un dejo melodioso —como si cantara lo que cuenta—, ha sucedido algo bueno y medio increíble, como todo lo que sucede en los predios de Macondo: se ha abierto una librería.

Bueno, porque una librería, al poner a circular libros, impulsa y promueve el conocimiento, la conversación y la educación, y eso, siempre, hablará bien de una sociedad. Pero también medio increíble porque, en esta época acelerada, dominada por las pantallas, las redes sociales y la prisa, cuando el estribillo de “la gente no lee” se repite como verdad absoluta, surge en Valledupar la Librería La Bienaventurada, un espacio en el que se pueden adquirir obras de literatura infantil y de autores regionales, nacionales y extranjeros, un espacio para conversar, escuchar, compartir ideas, y, sobre todo, devolverle a los libros un lugar en la vida cotidiana.

En Colombia existen 473 librerías distribuidas en apenas 49 ciudades, según información de la Cámara Colombiana del Libro (CCL). En un país de más de 52 millones de habitantes, eso equivale, en promedio, a una librería por cada 110.000 personas. Eso demuestra que en la vasta geografía del país, las librerías siguen siendo islas: refugios levantados a contracorriente en medio de un océano de distracciones, de urgencias y de olvidos.

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