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Estragos del terremoto en Quibdó. Crédito: Ana Arango
País

"No quiero dormir más en mi casa": las voces de Quibdó tras el terremoto que sacudió a Chocó

Estragos del terremoto en Quibdó. Crédito: Ana Arango

Ydalmi, Leison, Mariela y Juan David son apenas cuatro de los miles de chocoanos que vivieron el terremoto que sacudió al occidente de Colombia. Desde el barrio Santo Domingo hasta la vía Purré, pasando por la Zona Minera de Quibdó, estos testimonios reconstruyen una noche de miedo, grietas, réplicas y solidaridad, mientras el Chocó —ya golpeado por el conflicto armado y el aislamiento— enfrenta ahora una nueva emergencia.

Por: Juan Francisco García

“No quiero dormir más en mi casa, estoy buscando para donde salir”: Ydalmi Bahía, desde el barrio Santo Domingo. 

A Ydalmi Bahía Londoño, manicurista de 35 años, el terremoto la cogió en su casa. Aunque la estructura resistió, se agrietó por dentro y por fuera. “Estoy un poquito nerviosa porque la casa se me agrietó y no quiero dormir ahí… a los niños me los llevé para donde la suegra y estamos buscando a donde irnos porque ya no queremos dormir más ahí”, le dijo a CAMBIO. 

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Cuando el temblor se desplegó, estaba con una hermana que recién había llegado a su casa. “Eso fue horrible, yo pensé que nos íbamos a morir ahí y de una vez se me vino a la cabeza lo que pasó en Venezuela… como vivo en un segundo piso eso se movía horrible, parecía como gelatina”, dice, y se acuerda de que, al salir a la calle, entre los gritos, los llantos y la desesperación, se puso a orar junto a sus vecinos. Mientras oraban, se caían las paredes de las casas más afectadas del barrio. 

yo pensé que nos íbamos a morir ahí y de una vez se me vino a la cabeza lo que pasó en Venezuela… como vivo en un segundo piso eso se movía horrible, parecía como gelatina”, 

La noche del temblor, por el temor de que su casa se les viniera abajo, la pasó junto a su esposo y sus hijos, de 13 y 8 años, en la casa de una cuñada.  “Pero todo el mundo se la pasó por fuera de la casa, como hasta las 3 de la mañana, por el temor de que volviera a temblar, que es lo que nos han dicho”.  

Casa agrietada en Quibdó. Créditos: Ana Arango
Casa agrietada en Quibdó. Créditos: Ana Arango 

Aunque nos dijo que todavía está muy nerviosa y que, de repente, se le salen las lágrimas, afirmó que ella y los suyos están bien, pues están vivos. Todavía está esperando para ir a la Alcaldía, con la expectativa de recibir las ayudas que, entiende, el presidente Abelardo de La Espriella les prometió a los damnificados que viven en arriendo. “Pero no para volver a la casa en la que estábamos, nos da mucho miedo”.

“Lo que pasó va a estar en la mente de quienes lo sufrimos por mucho tiempo”, Leison Hachito desde el barrio Zona Minera 

Estudiante de periodismo y fotógrafo, al responder sobre la situación general de Quibdó, Leison Hachito se apoya en las cifras oficiales de la Gobernación del Chocó, que reportaba en el momento de la conversación 14 heridas letales y más de cien heridos. Sus respuestas nos las da desde el punto unificado de la ciudad, junto a una de las casas grandes de Quibdó que colapsaron por completo. La llamada de CAMBIO la puede responder gracias al internet que le prestó una brigada de rescatistas, pues la gran mayoría de la ciudad está desconectada. 

“Mi casa en el barrio Zona Minera prácticamente la perdí toda –cuenta sin ningún atisbo de auto conmiseración–, por eso ayer no tomé fotografías ni di ningún reporte por redes sociales, pues me dediqué a tapar los huecos para poder pasar la noche ahí”. De las 10 paredes del primer piso de su casa, se cayeron 6, dañando camas, mesas, y equipos de grabación. 

“Estamos vivos porque el terremoto nos dio tiempo de salir, porque empezó suave, pero después la gente no podía sostenerse de pie, se caía, se arrodillaba… lo que vivimos ayer no tiene precedentes, fue terrible”, cuenta. 

Apenas el temblor cesó, Leison salió corriendo hacia el colegio de sus tres hijas “porque la situación en los colegios es crítica, Quibdó es una ciudad que no invierte en sus estructuras; ni Chocó ni el Pacífico estamos preparados para esto”. Aunque la estructura del colegio se vio seriamente afectada, sus hijas se mantuvieron a salvo gracias al protocolo de evacuación que llevaron a cabo las profesoras. “No habían pasado 10 minutos cuando yo ya estaba en el colegio de mis hijas, las profesoras llorando, algunos estudiantes desmayados”. 

Por el final de la jornada, además de cerrar los huecos de su casa, se dedicó a sacar escombros y a la ayuda comunitaria. “La verdad es que la solidaridad chocoana es muy grande, y más cuando pasan cosas como estas, muchos vecinos empezaron a ayudar a otros, sobre todo a los que perdieron las casas”. 

Centro Cultural Made In Chocó, destruido por el terremoto. Créditos: Ana Arango
Centro Cultural Made In Chocó, destruido por el terremoto. Créditos: Ana Arango

La noche la pasó en su casa, junto a su familia y unos vecinos cuyo hogar quedó en alto riesgo de venirse abajo. “La gente toda está en shock, esto no pasa ni ahorita ni mañana, en la mente de la gente que sufrimos esto va a estar por mucho tiempo”, termina, no sin antes acordarse de Yuto, Istmina, y de las comunidades más alejadas que no han recibido ni la escasa atención de Quibdó en los medios.

“Uno iba corriendo y se caía, todo se movía demasiado”, Mariela del Carmen Hernández, desde la vía Purré, a 20 minutos de Quibdó 

“Uno iba corriendo y se caía porque todo se movía demasiado”, le dijo a CAMBIO María del Carmen Hernández, cuya finca, por la vía Purré, a 20 minutos de Quibdó, colapsó casi por completo. Se salvaron porque alcanzaron a correr, hacia una cancha de fútbol cercana, apenas sintieron que la tierra empezó a crujir. 

Como el salón principal de la finca y la cocina se cayeron, junto a su esposo y dos adultos mayores con los que viven, debieron pasar la noche arrumados en un rincón de la finca que sí resistió el sismo.  “Y acá nos vamos a quedar, pues no tenemos ningún lugar para donde coger”. 

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Finca destruida en la vía Purré, a 20 minutos de Quibdó. Créditos: Mariela del Carmen Hernández

Desde el temblor, Mariela del Carmen y sus vecinos siguen sin energía ni conexión. “Hay muchas casitas caídas, mucha cosa destruida”, explica, y dice que las ayudas que más necesitan son comida y cobijas. 
Los pollos que crían y venden, de lo que viven, “gracias a Dios” quedaron vivos. Aunque todavía nadie compra ni vende nada por el temor y la sospecha de las posibles réplicas. “Se nos cayó el ranchito, pero, mientras uno tenga vida, vuelve y lo reconstruye”, se despide.  

Para quienes queremos ayudar es muy complejo porque las fronteras invisibles no nos dejan llegar a los barrios que lo necesitan”, Juan David Berrío desde el barrio Santo Domingo 

Al abrir los ojos, porque el temblor lo despertó, Juan David Berrío (de nombre artístico JD Molana), vio las grietas en las paredes de su casa. Salió rápido, con sus sobrinos, hacia la calle en donde muchos de sus vecinos habitaban el temor y la incertidumbre. “Menos mal por donde vivo ninguna casa se vino abajo –dice– pero por el resto de la ciudad, por el centro, sí que hubo casas que se cayeron”. 

Lo sabe porque como gestor de la fundación Vuya y como miembro del colectivo artístico Mojiganga, está volcado a conseguir ayudas humanitarias para repartir, a lo largo de los ríos Atrato y San Juan, a La Isla, Doña Josefa, La Molana, Condoto, Andagoya, Litoral San Juan, y también al bajo Baudó.    

“Queremos llegar hasta San Jose de Palmar, lugar del epicentro en donde, aunque no tenemos comunicación, sabemos que está todo muy destruido y que hay muchos muertos”. 

A Juan David, rapero, teatrero y gestor cultural, se han sumado más jóvenes de Quibdó que, aún en medio de la precariedad de la ciudad, saben que en los corregimientos más alejados la noche es más oscura. Las ayudas que repartan van a depender de las donaciones que lleguen hasta Quibdó desde el resto de Colombia. 

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Berrío nos dijo que, además del shock que el temblor del siglo generó en los quibdianos y de las réplicas que siguen sucediéndose, también deben lidiar con las amenazas de las bandas criminales, que aprovechan estos momentos para “hacer sus cosas”. 

Para quienes queremos ayudar es muy complejo porque las fronteras invisibles no nos dejan llegar a los barrios que lo necesitan”.

“Ayer, a unos compañeros que después del temblor fueron a ayudar a un hermano que tiene una pollería, los cogieron a tiros. Para quienes queremos ayudar es muy complejo porque las fronteras invisibles no nos dejan llegar a los barrios que lo necesitan”.

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