
Marty Supreme no tan suprema: ¿qué queda debiendo la nueva película de Timothée Chamalet?
Thimothée Chalamet como Marty Supreme, personaje basado en el estafador y jugador de tenis de mesa profesional Marty Reisman. Créditos: Diamond Films.
Más allá de las nominaciones a los premios más importantes del cine en el mundo, y de la impactante actuación de Thimotheé Chalamet para encarnar a un jugador profesional de tenis de mesa que oscila entre la gloria y el hampa, vale la pena preguntarse qué le faltó a 'Marty Supreme’ para trascender dos horas largas de entretenimiento.
Montaje, edición, dirección de arte, ritmo, humor, se orquestan con audacia y precisión en Marty Supreme, la última película de Timothée Chamalet. Dirigida por Josh Safdie (Uncut gems, Good time, Heavens knows what), la película fue nominada a mejor dirección, largometraje, actuación principal y fotografía en los premios Oscar de este año.
El objetivo de atar al espectador a la silla, de cogerlo del pescuezo para hacerlo transitar por la vergüenza, la ansiedad, la rabia, la conmiseración, el dolor, el desplome, la redención, se cumple. Chalamet entrega una actuación que corrobora que lleva por dentro la gracia macabra que se requiere para inmortalizar personajes dignos de tomarse un trago con Martin Scorsese.
Su puesta en escena de un alienado jugador profesional de ping-pong que se juega el cuerpo y la conciencia con tal de llegar a la cumbre del deporte –cuando este estaba en su apogeo en la posguerra de la Segunda Guerra Mundial–, es un derroche energético que oscila entre el cinismo y el patetismo, la audacia y la humillación, la autosuficiencia y la súplica, la erección y la inclinación, que perdurará en el tiempo. El aliento de Marty Supreme tiene el tufo del Lobo de Wall Street de Di Caprio y comparte la sombra con el Adam Sandler de Uncut gems.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios



