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Alejandro López y el cuadro de Lorenzo Jaramillo
Alejandro López junto al cuadro de Lorenzo Jaramillo que menciona en uno de sus cuentos de 'La Nochebuena del puma'.
Cultura

‘La Nochebuena del puma’, la nueva apuesta literaria de Alejandro López

Búsqueda espiritual, mitología, filosofía, rituales, la misma muerte y mucha introspección están presentes en los relatos del nuevo libro de Alejandro López, en el que también aflora el humor al que tiene acostumbrado a sus lectores. Un autor del que Ricardo Silva Romero dice: “No hay más que hacer. Toca leerlo y releerlo”.

Por: Eduardo Arias

Varios fantasmas recorren las páginas de La Nochebuena del puma, un libro de relatos, el cuarto en la ahora prolífica carrera como escritor de Alejandro López Mejía.

En esta oportunidad, y en particular en los cuatro relatos que componen la primera parte del libro, López se aleja del lenguaje desparpajado y cargado de humor que había desplegado en sus tres libros anteriores (un diario de viaje en bicicleta a través de Europa, un libro de relatos y una autobiografía) y transita por terrenos más reflexivos, si se quiere filosóficos, metafísicos.

La segunda parte la ocupa el relato largo (o novela corta) que le da título al libro, y allí reaparece el estilo festivo y desparpajado al que López tiene acostumbrado a sus lectores, aunque con un inesperado final.

Como escribe Ricardo Silva Romero en la contraportada del libro, La Nochebuena del puma “confirma la vocación de Alejandro López Mejía a verlo todo e investigar el alma humana en la lengua confiable e impredecible del humor. Sus narraciones van de lo científico a lo esotérico, de lo histórico a lo mítico, de lo particular a lo universal. Hay que leerlo. No hay nada más que hacer. Toca leerlo y releerlo”.

López nació en Bogotá en 1963. Es egresado del colegio Gimnasio Moderno, economista de la Universidad de los Andes y tiene un doctorado en Economía de Queen Mary and Westfield College de la Universidad de Londres. Trabajó en el Banco de la República y luego, por 25 años, en el Fondo Monetario Internacional, en Washington, DC. Ha publicado los libros Pedales, picos y posturas (Tragaluz, 2024), Rumbo al territorio de los dioses y ¡Ay, mamá, yo sé!, ambos con el Taller de Edición Rocca en 2025. CAMBIO habló con él acerca de La Nochebuena del puma y de su vocación como escritor.

CAMBIO: Últimamente se han publicado varios libros suyos. ¿De dónde surge ese impulso por la escritura casi como profesión?

Alejandro López: Es un sueño de juventud hecho realidad desde que me jubilé del Fondo Monetario Internacional hace unos cinco años. Además, es una forma de desquitarme con el fantasma de mi papá, Álvaro López Toro. Él fue un gran demógrafo y científico social que murió en 1972. Sus logros en el campo científico y académico fueron muy superiores a los míos en economía. Pero cada vez que escribo mis obras que transitan entre la realidad y la ficción, siento la satisfacción de decirle: “¡Ja!, en esta sí te gané, quien quita que al final no me goliés”.

CAMBIO: Podría decirse que La Nochebuena del puma tiene dos facetas. Una más introspectiva, reflexiva, filosófica en los cuatro cuentos de la primera parte y otra más cercana a textos anteriores suyos de ficción y no ficción donde el humor es preponderante. ¿Qué lo llevó a explorar esa faceta más reflexiva e introspectiva? ¿Podría decirse que en parte es el resultado de su interés por las culturas orientales, el yoga y sus caminatas por el Himalaya?

A. L.: En parte. Pero los dos primeros cuentos (Ecos de Armero y La historia Secreta de do y re) también están influenciados por la música clásica y, en especial, por dos personas para quienes esa música, y Bach en particular, los transportaba o transporta a otras dimensiones: mi mamá, Ángela Mejía, una mujer agnóstica o quizás atea, y mi primo Santiago Restrepo, un melómano y ateo sin igual. Además de la muerte, algo en común que tienen los primeros cuatro cuentos se lo debo a mis experiencias con estados alterados de conciencia, no necesariamente relacionados con el yoga: el convencimiento de que hay una energía invisible que nos transmite la naturaleza, el silencio, los objetos, el arte. Creo importante cultivar la predisposición para sentir esa energía, dejando tiempo para uno mismo y alejándose del bombardeo de malas noticias que nos invaden en los noticieros y en las redes sociales.

'La Nochebuena del puma'

CAMBIO: ¿Y qué me puede decir de La Nochebuena del puma, esa especie de ‘nouvelle’ o novela corta que le da el nombre al libro?

A. L.: Como usted dice, es quizás más cercana a mis obras anteriores por el sentido del humor. Es una especie de sátira política‒religiosa‒social. La trama es aparentemente descabellada. Un puma del páramo de Chingaza termina encerrado en un apartamento de Washington en la víspera de la Nochebuena. Sin embargo, el relato no es tan inverosímil. Como dice Miguel Ángel Manrique, un escritor colombiano y coordinador del taller de novela corta en el Fondo de Cultura Económica, eso puede pasar cuando se le meten a uno en la casa los conflictos políticos, económicos y culturales de hoy en día. Y, la verdad, varias de las situaciones y de las conversaciones presentes en el relato están basadas en hechos reales o no muy lejanos de la realidad. Incluso, algunos de los personajes no son del todo inventados, empezando por Agustín López y María Bonita, que somos mi esposa y yo. Como bien dice Alfonso Duarte, uno de los personajes centrales, “ese López lo que es, es un huevón”. Más cierto que esa frase, pocas cosas. Hasta la misma María Bonita se dice en un momento: “Siquiera que Agustín es un pendejo y no me entendió”.

CAMBIO: En esta edición no sólo hay texto. La parte gráfica es muy importante también. ¿Quién estuvo a cargo de las ilustraciones? ¿Trabajó en llave con usted?

A. L.: Si. El libro es realmente una obra de arte, una belleza. Eso se debe no solo a la dedicación y seriedad del Taller de Edición Rocca con la edición y la diagramación, sino también a Juan Carlos Restrepo Rivas, el ilustrador. Juan Carlos ha ganado premios nacionales de ilustración y de cuento y de novela. Yo lo conocía pues fue uno de los fundadores de la editorial Tragaluz y fue quien ilustró y editó mi primer libro, Pedales, picos y posturas. Yo le compartí a él el texto de La Nochebuena del puma, le encantó y aceptó ilustrarlo. Aunque antes de que empezara a trabajar en las ilustraciones discutimos sus ideas, él tuvo total independencia en su trabajo. Y una vez que me mostró los borradores, yo se los aprobé encantado y sin comentarios. Un lujo y un honor que él hubiera ilustrado el libro.

CAMBIO: ¿Qué tipo de retroalimentación ha recibido de los lectores de sus libros anteriores?

A. L.: Para ser franco, solo he recibido comentarios de amigos. Quizás ese es el reflejo de la gran oferta de libros, de la poca cantidad de lectores y de que mi nombre no es reconocido en el ámbito literario (ni en ninguno). Pero, en general, los amigos y conocidos que me han leído dicen que les gusta lo que escribo. Según ellos es divertido, desparpajado, conmovedor, fácil de leer y sin pretensiones. Me dicen que soy valiente por revelar aspectos sobre mí mismo que muchos prefieren dejar dentro del closet. Y se sorprenden de que la gente me siga queriendo y saludando dado que, en ocasiones, escribo sobre asuntos en lo que pinto o caricaturizo a personas cercanas.

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