Ir al contenido principal
Gerrit Stollbrock Trujillo
Gerrit Strollbrock y su hijo Silván.
Cultura

Cómo explicarle el mundo a un niño de cuatro años a través de cartas

‘Te prometo un bosque’ es un proyecto sonoro del cineasta e investigador Gerrit Stollbrock Trujillo y Tembe Laboratorio Sonoro que indaga sobre diversos asuntos relacionados con el medioambiente, a través de una larga carta que Stollbrock le envía a su hijo Silván.

Por: Eduardo Arias

¿Cómo hablarle a un hijo de cuatro años acerca del mundo que lo rodea? El pódcast Te prometo un bosque propone una manera de hacerlo, a través de la carta hablada que un padre le envía a su hijo, la cual se entrelaza con información científica a cargo de expertos que logran expresarla en un lenguaje accesible para cualquier oyente.

El padre es Gerrit Stollbrock Trujillo, director de Te prometo un bosque. Es un cineasta, investigador y docente de padre alemán y madre colombiana. El hijo es Silván y todo sucede en un pequeño predio rural donde Stollbrock vive desde 2024.

Además de la voz reflexiva de Stollbrock, son de gran importancia los momentos documentales entre él y su hijo, los paisajes sonoros y la música. Por eso prefiere denominarlo como un documental sonoro. “Además el formato epistolar de alguna manera guía la narrativa”, dice.

WhatsApp Image 2026-06-04 at 11.20.39 AM.jpeg

Este proyecto es el resultado de una beca de producción de contenidos sonoros de MinCultura que Stollbrock ganó en 2025. La producción corrió por cuenta de Tembe Laboratorio Sonoro. Consta de cinco episodios. El primero, el más corto, es la introducción y dura 14 minutos. Los cuatro restantes, en los que participan invitados, duran entre 22 y 28 minutos.

El segundo episodio aborda el suelo, el lugar donde sucede la descomposición. “Desde ahí abordo la muerte y qué es la vida en relación con la muerte”, dice Stollbrock. Claudia Medina, bióloga investigadora del Instituto de Investigaciones Alexander von Humboldt, es la invitada.

El tercer episodio se centra en el alimento. “Lo hace desde su gesto más básico, que es comer lo silvestre, que de alguna manera nos remite a esa memoria de antiguos recolectores”, explica. También habla de lo que significa ser omnívoros y la relación entre escasez y abundancia. Los invitados son Cristina Consuegra, la mamá de Silván, que investiga el tema del alimento y Nico Baresch, un amigo de ellos muy interesado en el alimento silvestre y en la biodiversidad.

El agua es la protagonista del cuarto episodio, que también reflexiona acerca de la fluidez, los tiempos y los ritmos de los procesos del planeta para hablar en clave de la lentitud, un concepto que atraviesa todo el pódcast. “Debemos entender que los ciclos son largos y que entendemos muy poco acerca de esos ciclos. Me parece importante honrar esa lentitud”, afirma Stollbrock. El invitado es Jeremy León, geólogo, experto en aguas.

El ciclo se cierra con los bosques. “Allí nace la inquietud que generó el podcast, ya que es una forma de preguntarse por el futuro, por las semillas como metáfora de lo que está naciendo”. El invitado es Mateo Hernández, un naturalista autodidacta.

Aunque se considera un narrador y un investigador, la carrera de Stollbrock ha girado en años recientes alrededor del cine documental, aunque siempre ha tenido mucho interés en la música, en lo sonoro, que también se expresan en el cine. Confiesa que estaba un poco cansado de la producción audiovisual por las dificultades que implica. “Si uno hace cine independiente la distribución es muy compleja y agotadora”.

WhatsApp Image 2026-06-04 at 11.20.42 AM.jpeg

En junio de 2022, cuando nació su hijo Silván, se volcó a esa intimidad que permite el abordaje desde el sonido. “Si hay una cámara siempre alguien está delante y otro está atrás. En cambio, en el sonido hay una conversación y la interacción con Silván es mucho más fluida”.

También siente que ante el exceso de producción de imágenes de nuestros días “escuchar se volvió un acto coherente con la apuesta del documental de cambiar las escalas, los ritmos, de atender lo pequeño, lo imperceptible”. Anota que hoy en día es difícil encontrar espacios y el tiempo necesario para ver películas. En cambio, se puede escuchar al mismo tiempo que se hacen otras cosas.

A Stollbrock siempre lo ha preocupado la crisis ambiental. “Este es un momento de muchísima ansiedad, de muchísima impotencia”. Tras una búsqueda muy larga por saber qué podía hacer, un viaje a la Amazonía le hizo pensar que era importante primero entender qué lugar ocupaba y desde allí qué podía hacer. “Estuve también acompañado por una comprensión desprendida, empática y desde el asombro por lo que es este mundo, con todos sus lados oscuros, pero también su luz”.

Entendió que se puede asumir una posición crítica pero que también es importante entender o preguntarse qué está naciendo desde ahí. Eso estuvo acompañado por el nacimiento de Silván, que lo llevó a mirar el mundo desde el asombro, sin prejuicios frente a nada. “Ese fue un regalo increíble y sentí que era algo que permite sentir esperanza”.

WhatsApp Image 2026-06-04 at 11.20.45 AM.jpeg


Cuando tuvo la idea se encontró con el equipo de Tembe, antiguos alumnos suyos de antropología que trabajan temas sonoros. Les contó la idea y ellos se entusiasmaron. Ese encuentro con ellos le permitió entender que había personas interesadas en escuchar sus intuiciones.

El proyecto tomó forma definitiva cuando se fueron a vivir a la zona rural de Choachí en marzo de 2024. “Ahí empezó a manifestarse de manera cotidiana ese asombro en el descubrimiento de ese entorno”.

Gracias a la mirada de su hijo Silván pudo ver ese infinito asombro. “Es lo que nace cuando uno simplemente dirige la atención al presente y se sale de las abstracciones discursivas en las que uno muchas veces está inmerso. Uno simplemente observa y se da cuenta de que la vida bulle en todas las esquinas de este planeta y que los momentos de colapso también hacen parte también de los procesos de regeneración, de evolución. Entonces, la mejor forma de manifestarlo era transmitírselo a él. Que fuera un regalo para él”. El género epistolar, con su hijo como destinatario, obligó a Stollbrock a encontrar una intimidad y una necesidad de comunicar de la manera más simple posible.

En cada uno de los episodios, Stollbrock combina información científica “para adultos” con los diálogos con su hijo. Relatos paralelos que en algunos momentos se separan y luego se unen. “Esos encuentros con científicos siempre están mediados por la presencia de Silván, y también por su ausencia, porque a veces quería hacer otra cosa”. Stollbrock considera que hay un núcleo común que permite pasar por estos distintos registros que nacen del asombro por lo cotidiano, por lo que es observable, perceptible o a veces invisible, como lo que sucede bajo el suelo. “No son abstracciones. Siento que asombrarse y mirar con atención permite que dialoguen la mirada del niño desde la imaginación y la fascinación, con la mirada de la ciencia, que también nace del asombro. La ciencia debe tener una mirada de niño sobre el mundo. Eso es lo que permite que la ciencia exista. Si no hubiera asombro no habría ciencia”.

Algo que él quisiera transmitir con el pódcast es que todos los seres humanos llevan dentro ese asombro. “Desde el asombro tenemos una mirada distinta del entorno porque siempre hay de qué asombrarse. Si nos caemos en el mundo de las abstracciones discursivas, todo eso desaparece. Pero si empezamos a simplemente estar presentes nos damos cuenta de que el mundo es fascinante, y a la vez que todo es demasiado extraño, misterioso y que dan ganas de entenderlo más”.

WhatsApp Image 2026-06-04 at 11.20.49 AM.jpeg

A Stollbrock le parece importante no dejarse llevar por la sensación de que todo está perdido. Cuando estaban pensando en el lanzamiento de Te prometo un bosque, se lanzó al espacio la misión Artemis. Los mensajes de los astronautas que miraban la Tierra desde el espacio transmitían la idea de que es un lugar milagroso y de alguna manera misterioso. “Es muy curioso que nos tengamos que alejar tanto para descubrirlo. Yo siento que si nos dirigimos a lo que está más próximo, descubrimos lo mismo. Si cogemos un metro cuadrado de tierra fértil y empezamos a ver qué pasa allí dentro nos damos cuenta que es muy misterioso que la vida nazca así”.

Agrega que, en su opinión, deben reducirse las escalas de lo que se piensa que es relevante y perceptible y tiene sentido. “A veces no nos damos cuenta de que los ciclos son muy lentos. Si pensamos en ciclos más lentos descubrimos que los colapsos hacen parte de la evolución”.

Ese cambio de escalas se manifiesta en que todo el documental sucede en una hectárea de tierra. “Una apuesta es que estuviera en un punto muy preciso donde tenemos todo por descubrir. Que no fuera necesario ir a otros lugares”.

WhatsApp Image 2026-06-04 at 11.20.53 AM.jpeg

Otro cambio de escala opera cuando se mira desde la perspectiva de un niño. “Si seguimos a un niño, como nos pasa a nosotros, puede tomarnos una hora avanzar 50 metros de una trocha veredal. Siempre hay algo que uno no había visto y que él sí se da cuenta. Nosotros intentamos que Silván viva todos los días las historias que él mismo cuenta. Luego tendrá que enfrentarse con la realidad de distintas maneras, pero sin que nunca renuncie a la imaginación, a la posibilidad”.

Stollbrock piensa que las narrativas de un colapso inminente impiden la posibilidad de imaginar futuros. “Si renunciamos a la capacidad de imaginar tampoco podemos participar en la creación de lo que viene. Las historias que contamos participan en ese acto de crear futuro. Creamos desde las imágenes y las historias. Al imaginar lo que es posible participemos de ese acto de crear futuro”.

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Temas en este artículo

Artículo de libre acceso

Libre

Compartir en redes sociales