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Cristian Valencia en la reportería de El Quijote anda en burro. Créditos: Archivo personal
Cultura

"Para que la realidad se parezca a la realidad hay que echar mano de la literatura": Cristian Valencia sobre 'El Quijote anda en burro'

Cristian Valencia en la reportería de El Quijote anda en burro. Créditos: Archivo personal

¿Qué fue de la bonanza del periodismo narrativo en Colombia? ¿Cómo se logra dedicarle la vida a contar las márgenes de nuestro país sin caer en la pornomiseria? ¿Qué tan importante es la literatura para hacer periodismo sobre payasos, ñeros, tangueros, mujeres y hombres de a pie a los que la vida los llevo al delirio? El cronista Cristian Valencia habló con CAMBIO sobre 'El Quijote anda en burro y otras crónicas', una de las joyas del periodismo narrativo colombiano.

Por: Juan Francisco García

Un habitante de calle que sobrevivió al atentado que le hicieron a Álvaro Uribe el día de su primera posesión, con el intestino hecho trizas, se suicida por comerse un Chocorramo tendido en una cama del hospital. Un ñero le salva la vida a otro, debajo de un puente, al prenderle en fuego una herida de bala que escupe sangre a chorros y que, segundos antes, roció con alcohol. Otro ñero, este políglota, atraca en perfecto alemán callejero a un periodista alemán que estaba de paso por Colombia. Un músico anciano y anónimo, que no ha dicho ni una palabra en toda la noche, se lanza y canta en solitario el tango Yira, hasta que la triste noche se alumbra. Yamal, un pirata turco que delira y sueña despierto, amanece desnudo junto a una mujer en el planchón de su barco recién atracado en la marina de Cartagena. Un payaso que no está tan triste corrige, pintarrajeado, a su hijo, pintarrajeado también, mientras este lo mira con asombro y con respeto. Un hombre que lleva una biblioteca entera a lomo de burro. 

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El Quijote anda en burro y otras crónicas, del escritor y periodista Cristian Valencia, es un baúl abierto que contiene la experiencia de mirar, por vocación y por años, hacia las márgenes de Colombia. En la tierra, en el mar, debajo de los puentes, en los circos, marinas, cantinas y ollas. Pudiera ser que las 23 crónicas que le dan vida al libro nos hicieran pensar en un tiempo mejor, sin algoritmos, en el que las crónicas de largo aliento se sentaban en la misma mesa que la literatura. O pudiera ser que la conmoción que llega después de leer este libro nos convenza de que esa puerta, la de mirar con detenimiento lo que afea el paisaje para tocarle el alma y las vísceras, esté aún abierta. Y que en esta cloaca de información en la que estamos todos metidos, todavía se le invite a una cerveza a los mejores contadores de historias. Como Cristian Valencia.

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Cristian Valencia, en el Valle de Ariguaní, de donde sacó la famosa crónica de El Quijote anda en burro. Créditos: Archivo Personal 

CAMBIO: Leer su libro con crónicas de largo aliento, varias de ellas publicadas en revistas que desaparecieron, me hizo preguntarme por la vigencia y el espacio que tiene un ejercicio periodístico como el suyo, de corazón narrativo, en el mundo de los likes que impera en los medios de hoy.

Cristian Valencia: La vigencia de ese periodismo de largo aliento en revistas impresas desapareció por completo en Colombia. Los medios hicieron lo posible por clausurar este tipo de revistas, que sí existen en otras partes del mundo como pasa con El País, en España, Página 12 en Argentina, Etiqueta Negra en el Perú, y obviamente el New Yorker y otros suplementos importantes en Estados Unidos. Acá, desde que se llevaron Gatopardo para México, la revista perdió mucha fuerza y se perdió la fuerte conexión que tenía con los cronistas colombianos.

Esa bonanza de la crónica periodística en la que los medios asumían la producción, con fotógrafo incluido, y uno iba muy bien amparado por los medios y se podía vivir de escribir una o dos crónicas al mes, se terminó. Hoy eso es imposible: los portales de crónicas que hay hoy en Colombia pagan por like y el riesgo de producción recae por completo en el cronista. Es muy arriesgado invertir los 15 millones de pesos que vale hacer una buena crónica para que te paguen por clics…

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El cronista Cristian Valencia dice que pasó de la literatura a la crónica para llenar la nevera. Como cronista se ha recorrido toda Colombia. Acá en los Cerros Mavecure. Créditos: Archivo Personal 

CAMBIO: En sus crónicas los protagonistas son ñeros, payasos, putas, piratas, dealers, zorreros, vendedores ambulantes, forajidos, tangueros… personajes barriobajeros con los que bien se podría caer en la pornomiseria. ¿Cómo explica escribir por décadas sobre los márgenes sin caer en esta?

C.V.: Yo siempre busco retratar la condición humana, independientemente del disfraz o del rol que la persona tenga en el mundo: sea cura, puta, militar, misionero, presidente, ejecutivo… y sí, claro que hay más aristas y picos en las vidas más marginales, sobre todo porque no han sido retratadas con justeza. Yo he tenido la suerte de encontrarme con personajes impresionantes porque, o han sido vecinos míos, o porque me tocaron en suerte en el trabajo… es una especie de habilidad: al menos en Colombia, en cualquier región del país, establezco vínculos muy grandes que, así no nos volvamos a ver, son entrañables.

es una especie de habilidad: al menos en Colombia, en cualquier región del país, establezco vínculos muy grandes que, así no nos volvamos a ver, son entrañables.

Entonces sí creo que hacer pornomiseria es muy fácil: no necesariamente la gente rica, por ser rica, se la pasa bailando la riqueza que tiene. Todo el mundo tiene una misión que cumplir y unos retos que le ponen la vida a mordisco, tenga mucho o muy poco dinero. Eso no significa nada, todas las vidas son complejas e importantes. No es sino poner el reflector, más allá del rol de la persona, y ahí está la historia.

CAMBIO: Su libro es una colección de estampas; de imágenes bizarras que se le quedan pegadas al lector. Si tuviera que quedarse con una sola imagen de todo el libro, ¿con cuál se queda?

C.V.: Mirá, Juan, que todas las personas que retraté en el libro son encantadoras y han contribuido a moldear mi propia vida. Yo tengo algo de ellos, y seguramente ellos tienen algo de mí. Es muy difícil escoger un personaje, pero tal vez Soriano, el personaje que le da nombre al libro, ese Quijote verdadero que tiene una biblioteca montada en un burro, ha sido el personaje más relevante. Gracias a ese reportaje que hicimos con Óscar Monsalve para la revista Gatopardo el personaje cogió una relevancia increíble en toda América. Vinieron del New York Times a entrevistarlo, lo invitaron a miles de ferias del libro, lo invitaron a Zimbabue a replicar la experiencia; incluso me enteré que el ayuntamiento de Madrid quiso regalarle buses articulados para que dejara de llevar los libros en burro, como si no entendieran que en el Valle de Ariguaní es la única manera en que puede uno moverse.

Una mujer que yo estoy seguro viajó por todo el mundo, y que, aunque vive en la calle, se sentaba en los andenes como si estuviera en un sofá victoriano…

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Otra persona con la que quisiera encontrarme otra vez es con Giselle, la mujer de la crónica con nombre El eterno vuelo de Giselle, que tiene la certeza de que sobrevivió a un accidente aéreo pero que no sabe cuál. Una mujer que yo estoy seguro viajó por todo el mundo, y que, aunque vive en la calle, se sentaba en los andenes como si estuviera en un sofá victoriano…

CAMBIO: Usted se vale del tango, el cine, referencias literarias y populares para encuadrar a sus personajes y darle atmósfera a sus narraciones. ¿Qué tan importante ha sido la ficción para su escritura?

C.V.: Yo empecé escribiendo ficción, siempre he escrito ficción, y soy un amante de la literatura. De alguna manera empecé a hacer crónicas para llenar la nevera, pues como escritor uno se demora un tiempo para recibir plata… Ese paso de la literatura a la crónica es relativamente fácil porque uno tiene un poco de herramientas de la ficción, imágenes que ha leído, que se le han quedado. Para que la realidad se parezca a la realidad hay que echar mano de la literatura, si no, el texto queda como una lista de mercado. Las imágenes literarias son las que le dan la potencia a las historias verdaderas; las que vindican esas vidas fatales o no fatales. Es indispensable para los que nos dedicamos a las crónicas narrativas, o como quieran llamarlas.

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Cristian Valencia en Andagoya, Chocó. Créditos: Archivo personal 

CAMBIO: ¿Alguna vez le dijo que no a una crónica?

C.V.: Sí. Una vez me contrataron para retratar con una mirada irónica la sociedad Espírita de Colombia y fui a verla en Cartagena, al frente de la Catedral de San Pedro. Cuando vi a la gente ahí, en sus verdades, me di cuenta que no tenía cuero para burlarme de ningún oficio humano, de ninguna creencia. No tengo el cuero para burlarme de nadie; salvo de mí mismo…

CAMBIO: ¿Alguna vez temió por su vida buscando historias?

C.V.: Hombre, sí, caminar Colombia implica encontrarse con personas armadas al margen de la ley. Paramilitares, delincuencia común, guerrilleros de cualquier bandera… eso como parte de la cotidianidad de muchos colombianos y hasta ahí; pero una vez, viajando entre Carepa y Dabeiba, hicimos una parada en Mutatá y un señor que iba en el bus se bajó a desayunar y volvió como en dos horas… Cuando volvió, sin yo entender por qué el chofer estaba obligado a esperarlo, cometí la estupidez de decirle que al menos nos pidiera perdón. El tipo resultó siendo un capo que, después de pedirle perdón a todos, me dijo que era un hijueputa, me dejó claro que sabía en qué hotel estaba y que algo iba a pasarme. Me tocó buscar un cerco vital con los indígenas amigos de los resguardos en Dabeiba, por lo menos porque si pasaba algo alguien supiera y no ir a uno morir allá solo en un monte.

CAMBIO: Varios de los protagonistas de sus crónicas "murieron de calle". ¿Con cuál es el que más quisiera tomarse una cerveza y por qué?

C.V.: Richar, uno de los personajes de la crónica Tres maneras de morir, era muy amigo mío, éramos vecinos, era un tipo muy entrañable y profundo. Con él me encantaría sentarme a tomar una cerveza y conversar.

CAMBIO: ¿Las crónicas de largo aliento escasean en Colombia porque acá ya no hay lectores para ellas o porque los medios claudicaron en esa apuesta?

C.V.:  Yo creo que siempre va a haber lectores de crónicas de largo aliento, aunque aparentemente estemos supeditados a pequeñas historias de TikTok e Instagram. Así que sí hay un grupo de lectores que los medios dejaron de atender, pero ahí están los suplementos literarios, Página 12, New Yorker, El País. Y hay muchos libros de crónicas que la gente lee. Por eso Leila Guerriero tiene tanto rating, porque a la gente le gusta lo que escribe. En Colombia perdimos una gran oportunidad de continuar con esto, se llevaron las revistas más importantes y nadie le está apostando a las crónicas de largo aliento. El Espectador, El Tiempo, Revista CAMBIO publicaban crónicas de doble página, y esos lectores ahí siguen.

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